Por pensar en el cortísimo plazo y limitarse a apagar incendios, se implementan políticas públicas que no cumplen con lo necesario o, peor aún, que empeoran el problema. Este es el caso del IVM.
Al duplicarse la cantidad de pensionados entre 2020 (405.222) y 2026 (996.583), disminuyó el número de contribuyentes y, debido a la baja natalidad, estos no fueron sustituidos. Esto obligó a utilizar las reservas del fondo de pensiones, una situación alarmante.
Las reformas que aumentaron la edad de retiro más bien aceleraron la salida de contribuyentes que, de otra forma, habrían seguido trabajando, pero decidieron no hacerlo para no sufrir un deterioro en sus condiciones. Alternativas inteligentes aplicadas en otros países, como premiar una mayor permanencia de quienes cotizan para seguir contando con esos aportes, no se plantearon en Costa Rica.
A este invierno demográfico se suma la histórica mora estatal que, según el último dato conocido de 2024, asciende a ¢743.566 millones. También están los fondos de la reciente condena confirmada por la Sala Primera, que obliga al pago de las empresas públicas por el periodo 2004-2012 por un monto superior a los ¢100.000 millones. Sin embargo, cobrarlos tomará al menos dos años debido al proceso de ejecución de sentencia.
El problema estalló antes de lo previsto y podría agravarse con la propuesta de reconocerles cuotas de la pensión del IVM a las mujeres que tengan hijos. Si bien es una buena idea, funciona en el largo plazo y debe complementarse con otras decisiones. En esta coyuntura, las propuestas de la CCSS de aumentar cuotas y años de cotización, además de resultar poco viables políticamente, son insuficientes.
El camino es ampliar la base de contribuyentes a la seguridad social. Esto se logra mediante programas de reactivación económica, facilitando el paso de la informalidad a la formalidad con tasas bajas pero crecientes, incentivando a los jóvenes y a los trabajadores independientes mediante programas atractivos y, como ya lo he dicho, incorporando a casi un millón de mujeres al mercado laboral gracias a redes de cuido de calidad y universales. Ha sido un programa exitoso en Ottawa, Canadá.
A esto se le ha llamado el “bono de género”, que Costa Rica, lejos de apoyar, ha desincentivado. Casualmente, esta misma semana eliminó 4.500 plazas de cuido. Tomemos decisiones buenas y de largo plazo.
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Nuria Marín Raventós es politóloga.
