El Plan Nacional de Desarrollo e Inversión Pública 2027-2030 establece ocho metas nacionales. Aunque todas plantean una mejora, su magnitud varía. Al comparar las líneas base con las metas finales, aparecen tres tipos de esfuerzo: contener un deterioro, consolidar un resultado reciente o acelerar una transformación. Los indicadores de homicidios, pobreza y escolaridad permiten observar dichas diferencias.
Homicidios: una meta de contención
Costa Rica registró 871 homicidios en 2025, lo que equivale a una tasa de 16,7 por cada 100.000 habitantes. La meta para 2030 es reducirla a 15,3, lo que equivaldría a unos 812 homicidios. El objetivo supone cerca de 59 muertes menos, pero no devuelve al país a los niveles previos a 2022. Entre 2017 y 2021 se registraron menos de 600 homicidios al año. Incluso cumpliendo la meta, en 2030 habría alrededor de 220 homicidios más que en 2021. La meta contiene parcialmente el deterioro reciente, pero mantiene al país en un nivel elevado de violencia.
Pobreza: consolidar una reducción excepcional
La pobreza disminuyó del 23% de los hogares en 2022 al 15,2% en 2025. En términos absolutos, los hogares pobres pasaron de 400.000 a 287.000: una reducción de 113.000 en tres años. El PNDIP propone llevar la incidencia a 14,4% en 2030. La meta equivale a alrededor de 15.000 hogares menos en situación de pobreza durante todo el periodo. El cambio esperado es mucho menor que el observado recientemente. Parte de esa moderación puede entenderse a la luz del nivel alcanzado y de los factores que explicaron el descenso reciente. El Informe Estado de la Nación 2025 determinó que más del 60% de la reducción observada entre 2023 y 2024 estuvo asociada a factores como el empleo informal, las transferencias, las pensiones y la disminución del tamaño de los hogares. Son elementos que no dependen completamente de decisiones gubernamentales y cuya evolución puede variar. La meta parece orientada a preservar el nivel alcanzado y obtener una mejora adicional, sin asumir que la reducción reciente podrá repetirse con la misma intensidad.
Educación: acelerar el avance
La tasa neta de escolaridad en educación diversificada tradicional deberá pasar del 60% en 2025 al 76% en 2030. El aumento requerido es de 16 puntos porcentuales. La población de 15 y 16 años se mantendrá cercana a 151.000 personas durante el periodo, por lo que el cambio demográfico tendrá poca incidencia. La cobertura del 60% en 2025 representó alrededor de 91.000 jóvenes matriculados; alcanzar el 76% requeriría llegar a unos 115.000. La diferencia equivale a incorporar y mantener en las aulas a cerca de 24.000 estudiantes adicionales. Es una meta que exige ampliar de manera efectiva la cobertura y reducir la exclusión escolar después de los primeros años de secundaria.
Distintas magnitudes
Las tres metas apuntan en la misma dirección, pero representan esfuerzos distintos. En homicidios, se busca contener un deterioro sin recuperar los niveles previos. En pobreza, se procura consolidar la reciente reducción. En educación, se plantea incorporar a decenas de miles de jóvenes adicionales. Comparar las metas con su historia y traducirlas a cantidades concretas permite observar no solo hacia dónde pretende avanzar el país, sino cuánto cambio se espera realmente en cada área.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
