No hay que ser Aristóteles, como diría el expresidente Abel Pacheco, para entender que la estrategia del oficialismo, al bloquear la elección de los magistrados suplentes de la Sala IV, es alterar el equilibrio de fuerzas en el tribunal constitucional y coaptar el Poder Judicial en beneficio de su proyecto político.
El expresidente Chaves así lo ha advertido siempre que ha podido, tanto para anunciar sus objetivos como para tensionar las relaciones entre los poderes del Estado, en un ejercicio retórico que caracteriza su estilo de comunicación. Por tanto, a confesión de parte, relevo de pruebas.
Quien describió mejor el pulso político de la semana pasada fue el exvicepresidente Kevin Casas, secretario del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), cuando calificó de “hiperinflación retórica” la reacción de la mandataria, Laura Fernández, al tildar de “golpe de Estado judicial” la decisión de la Sala IV de prorrogar el nombramiento de los magistrados suplentes para evitar la paralización del tribunal.
En pocos días, el país pasó de celebrar la captura de Alejandro Arias Monge, Diablo, “el más buscado”, a una crisis constitucional larvada desde el gobierno anterior, cuando comenzó el avasallamiento retórico, político y presupuestario contra el Poder Judicial.
La intención de la hiperinflación retórica es amenazar y convencer. Amenazar a los adversarios con las posibles consecuencias de un accionar díscolo. Y convencer a “los tibios”, que representan el 96% de la población, según las encuestas. Solo un 4% de los costarricenses manifiesta una “polarización extrema” en favor del proyecto chavista, de acuerdo con el Estado de la Nación 2025.
De este modo, la exaltación retórica es importante, y la presidenta Laura Fernández avanzó por ese camino cuando calificó de “magistrados usurpadores de la división de poderes y de la democracia” a los cuatro altos jueces que definieron el voto de la Sala IV.
“Los cuatro”, “los usurpadores”, son epítetos estigmatizantes que pretenden identificar a “los enemigos” y demostrar que una élite corrupta y antidemocrática, “los ticos con corona”, “las redes de cuido”, va en contra de la voluntad popular.
El problema es que la hiperinflación retórica degrada el debate público a quien grita más y conduce a la parálisis institucional. Además, surge en un momento de desaceleración económica y deterioro de las finanzas públicas que torna la situación aún más compleja.
Y, por si fuera poco, la caída de Diablo es la punta de un iceberg de redes criminales que detonará en el corazón de la Fuerza Pública y, sin duda, de la política nacional y local. En este contexto, ¿cuál será el paso siguiente que tomará la presidenta Fernández?
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Carlos Cortés es escritor y profesor de la Universidad de Costa Rica (UCR).