Esta joven de 39 años, cuya vida parecía exitosa, escondía una triste realidad: su sonrisa y éxito, tantas veces fotografiados, convivían con un profundo sufrimiento interior que había ocultado y que finalmente expuso como legado de vida.
Dejó varios escritos y reflexiones que revelaron ese dolor que ocultó por “mantener las apariencias”. Al parecer, un divorcio y una relación de pareja, lejos de ayudarla, la sometieron a violencia psicológica y física, que denunció en sus redes sociales con una fotografía de su rostro con moretones y afirmando que lo que más afectó a su agresor fue: “haber quedado en evidencia”.
A raíz de lo sucedido, Raquel Rochwerger, psicóloga y vicepresidenta de ALAS, hizo esta profunda reflexión: “El bienestar emocional es algo que a veces subestimamos, sobre todo, en personas que desde afuera parecen tenerlo todo resuelto: éxito, reconocimiento y una vida que se ve plena en redes sociales. Este caso duele porque demuestra que el logro y la visibilidad no protegen a nadie del acoso y que el hostigamiento constante puede desgastar por dentro a alguien que por fuera parecía fuerte (...)”.
La historia de Marie Claire nos invita a escuchar con mayor atención y a estar anuentes a abrir espacios para que quienes viven situaciones de violencia puedan hablar de su estado emocional, denunciar de manera segura y encontrar apoyo para sanar.
Para dimensionar el problema, la OMS señala que las personas que sufren violencia de género tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental, especialmente depresión y trastorno de estrés postraumático.
Percibir las señales de alerta sobre problemas de salud mental nos compromete a actuar a tiempo, brindando un espacio seguro donde el diálogo y el acompañamiento sincero pueden salvar vidas.
nmarin@alvarezymarin.com
Nuria Marín Raventós es politóloga.