Columnistas

Crisis energética

Un incremento en la demanda del gas y el petróleo y una oferta sin variables significativas se traduce en un alza exponencial de los precios

Las mejores perspectivas de crecimiento económico de los países, producto, entre otras razones, de la ralentización de las medidas de contención de la pandemia, han significado un incremento en la demanda de gas y petróleo, y con una oferta sin variables significativas, ha implicado la subida exponencial de sus precios.

Según el índice brent, el precio por barril de petróleo, que en los momentos más difíciles de la crisis sanitaria estuvo en $20, ha llegado al punto más alto en siete años, a precios que superan los $85.

El alza en la demanda es un factor, pero además la crisis de contenedores representa la mayor disrupción de las cadenas globales de abastecimiento, que multiplica el precio del transporte en contenedores, distorsiona y encarece el flujo marítimo de combustibles.

Europa experimenta una de sus peores crisis energéticas, por su dependencia del gas ruso y la supeditación-extorsión de no aumentar el flujo de gas si no se le aprueba el gasoducto Nord Stream 2, que sería una victoria geoestratégica para Rusia y una mayor vulnerabilidad para Europa, que ha recurrido a fuentes fósiles como alternativa.

En Asia, el faltante o sustitución de carbón como fuente de energía y la escasez de gas, igualmente son causas del uso por China y la India de productos derivados del petróleo.

En Costa Rica, los incrementos en el precio del petróleo tienen un efecto multiplicador. En lo macro, una factura petrolera más abultada se traduce en más demanda de dólares y devaluación. En lo micro, un alza generalizada en los costos del transporte de bienes y personas (pasajes en el transporte público y costo de la gasolina y el diésel para el transporte privado) que inevitablemente serán trasladados a los consumidores.

Es una realidad sobre la cual no tenemos control ya, pero sí podemos tomar medidas a mediano y largo plazo para disminuir nuestra dependencia del petróleo. El 80 % de la factura corresponde al transporte, de ahí que lo inteligente y prioritario es migrar a un sistema eléctrico, lo que será posible solo con voluntad política, metas puntuales como declararnos libres de hidrocarburos de aquí al 2035 y facilitar la transición a través de cambios en el ICE y una completa reconversión o desaparición de Recope.

nmarin@alvarezymarin.com

La autora es politóloga.

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