Columnistas

Agresividad y represión

Los seres humanos, se ha dicho, han evolucionado hasta volverse seis veces más letales para su propia especie que el mamífero promedio

Albert Einstein dijo que si la rata pesara veinte kilos el ser humano ya no existiría. Entre mis inclinaciones y querencias, ninguna es afín a la rata. Pero después de leer aquello, empecé a ver en ese liviano mamífero a un compañero de supervivencia.

La naturaleza fue compasiva, hizo a la rata de modo que no fuese un peligro mortal, a lo sumo un desagradable habitante de espacios compartidos. En cambio, no nos libró de nosotros mismos. Los seres humanos, se ha dicho, han evolucionado hasta volverse seis veces más letales para su propia especie que el mamífero promedio.

La agresividad de la especie, su propensión a causar daño, tiene infinitas formas y dimensiones para justificarse, manifestarse y legitimarse. En estos días, por ejemplo, contemplamos habituados e impávidos el escenario de la venganza donde se representan los infames procesos políticos que han tenido lugar en Nicaragua, con el resultado previsto de cárcel y muerte; en el macromundo, con efectos presumiblemente cada vez más cercanos, la guerra asesina de Putin, que repite episodios que creíamos superados.

En un orden de cosas diferente, recupera vigencia el aborto, asunto en el que confrontan visiones radicalmente opuestas y todavía cristalizan de manera notable represión y castigo.

Las informaciones llegan desde distintas partes. En Estados Unidos, el Senado ha rechazado una ley para reconocer el derecho al aborto, que pretendía ser un dique a su derogación inminente por el Tribunal Supremo, que hace medio siglo había reconocido este derecho.

Pero es en El Salvador, por obra de su cercanía y afinidad cultural, donde el empleo de la violencia legítima como medio de reacción contra el aborto es más hiriente e ingrato.

Entre los numerosos casos que ha destacado la prensa, está el de una joven encarcelada a los 18 años a causa de haber sufrido una emergencia médica durante el embarazo. Según un informe publicado en El País español, la joven llegó a un puesto de salud sangrando y, aunque la niña se salvó, las autoridades decidieron que la madre no hizo lo suficiente para expresar que quería salvaguardar la vida del bebé que esperaba: acusada de abortar, se le impuso una pena de 15 años de prisión que todavía descuenta.

Cuando se miran estos casos, pienso que líderes e instituciones a veces pesan más de veinte kilos.

carguedasr@dpilegal.com

Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPIlegal.

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