
En su conferencia de prensa del miércoles 27 de mayo, molesta por no contar con los 38 votos para aprobar en segundo debate el proyecto de armonización del mercado eléctrico nacional, la presidenta Laura Fernández tildó de “comunistas” a los diputados del Partido Liberación Nacional (PLN) y del Frente Amplio (FA).
Con ese proceder, la mandataria revivió una forma de descalificación que tenía décadas de no aparecer en el plano público para referirse a los verdiblancos. Lo más irónico es que los liberacionistas nacieron como partido a partir de reconocerse a sí mismos como reformistas anticomunistas.
Anticastristas proestadounidenses
Desde la carrera política hacia las elecciones de 1953, el PLN se posicionó contra los “rojos” y confirmó esa postura en 1958.
En esos años, la identidad política de José Figueres, como lo han indicado varios investigadores, fue percibida ambiguamente desde Estados Unidos, pero él no desaprovechó ninguna oportunidad pública para afirmar su anticomunismo y su admiración por la democracia estadounidense.
Pero lo cierto es que la llegada al poder de Mario Echandi alentó el anticomunismo local de una forma sin precedentes. Un punto alto de esa campaña se alcanzó en enero de 1959, cuando se organizó en Costa Rica un congreso internacional anticomunista.
Justamente, la organización y publicidad de ese evento coincidió con la noticia del triunfo de la Revolución cubana. En marzo de 1959, Fidel Castro invitó a Figueres a visitar Cuba e incluso envió un avión a recogerlo a San José.
En una actividad pública, frente a miles de trabajadores cubanos, realizada en La Habana el 21 de marzo de 1959, Figueres señaló que América Latina debía acercarse a Estados Unidos y subrayó que, en caso de una Tercera Guerra Mundial, los latinoamericanos apoyarían a la superpotencia del norte en contra de la Unión Soviética.
Castro contradijo al costarricense y enfrentó esa tesis al inclinarse por la neutralidad en el conflicto Este-Oeste. Unos días después, se acusó a Figueres en Cuba de ser “agente del imperialismo yanqui”.
Como reacción a esa acusación, el 12 de abril de 1959, en su hacienda La Lucha, Figueres indicó que su “revolución” (la de 1948) había sido una lucha por la justicia social, por el progreso material y por la superación moral del pueblo, “sin verborrea ni demagogia”.
Por eso, consideraba una tristeza que otras revoluciones, en otros países, estuvieran influyendo en las masas “para convertirlas en populacho”, lo cual redundaba en una dirigencia política que ofrecía todo y aceptaba el apoyo de los comunistas, “no para establecer la dictadura del proletariado, sino la dictadura del populacho”.
Figueres dijo: “La revolución de Costa Rica, por el contrario, busca el bien común sin apartarse del principio democrático”.
¿Todos eran comunistas?
Por todo lo apuntado, el contexto de la campaña electoral de 1961-1962 sirvió para que tirios y troyanos se acusaran mutuamente de ser cómplices o colaboradores del comunismo cubano y soviético.
Y fue Figueres quien mejor utilizó el terror por la Revolución cubana como un arma contra sus opositores, al insistir en una tesis que planteó primero en 1951, de que Costa Rica había tenido la primera experiencia latinoamericana de un gobierno comunista durante el periodo 1940-1948.
Pero ese juego de descalificar a los otros como comunistas también lo podía poner en práctica la oposición.
El 24 de abril de 1965, Daniel Oduber Quirós fue escogido como candidato presidencial del PLN.
A finales de mayo de 1965, Francisco Calderón Guardia, en representación del Partido Republicano, y Jorge Vera Rodríguez, en representación del Partido Unión Nacional, firmaron un acuerdo de coalición para crear el Partido Unificación Nacional. El 29 de mayo, el profesor José Joaquín Trejos aceptó ser el candidato de ese partido.
Conforme se acercó el día de las elecciones, la campaña de Unificación Nacional apostó por calificar a Oduber de comunista. Se le presentaba como uno de los culpables de la “infiltración comunista en Centroamérica”, simpatizante de Fidel Castro y adalid de la organización del Estado costarricense a partir del modelo comunista soviético.
Los liberacionistas reaccionaron con el rechazo de aquellos cargos y con el argumento de que Unificación era el único partido que había pactado con los comunistas en el pasado (refiriéndose al pacto entre calderonistas y comunistas de setiembre de 1943).
Ironías
Oduber perdió esas elecciones. Muchas veces más los liberacionistas serían llamados comunistas en la década de 1970; pero esa acusación dejó de aparecer a inicios de la década de 1980 y se difuminó cuando el PLN comenzó la reforma del Estado costarricense con la aplicación del primer Programa de Ajuste Estructural, en 1985.
Las críticas para los liberacionistas variaron entonces y muchos grupos sociales comenzaron a acusarlos de ser neoliberales y de haber renunciado a sus raíces socialdemócratas.
Así, cuando la mandataria Fernández acusó a los verdiblancos de ser comunistas, es posible que les haya hecho un favor, pues los volvió a colocar en un campo discursivo que, con astucia como en el pasado, podría ayudarlos a subrayar el papel histórico que jugaron en la producción (utilizando un concepto de mi colega Iván Molina) de una Costa Rica anticomunista, pero reformista.
david.diaz@ucr.ac.cr
David Díaz Arias es profesor catedrático de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR).
