Hace unos meses, un conocido comenzó a exhibir unas habilidades literarias y analíticas en sus redes sociales que me resultaban desconocidas. Una prosa profunda, matizada, bien estructurada. No obstante, cada vez que coincidimos en el mundo analógico, el hombre sigue sin lograr completar una idea sin enredarse en sus hilos. Desconfío de que sepa cómo se coloca en el teclado ese guion largo que tanto usa, y de que sus párrafos siempre agrupen las ideas de tres en tres.
No lo menciono solo con tirria. Lo digo, más bien, como síntoma de nuestro zeitgeist. Vivimos en el primer momento de la historia en que cualquiera puede publicar un juicio que no formuló, con palabras que no eligió, sobre temas que no domina en lo absoluto. Y aun así, recibir likes. La elocuencia ya no indica pensamiento. A veces solo una buena herramienta de inteligencia artificial.
Impropio puede ser algo ajeno, que no nos pertenece. O algo inadecuado, fuera de lugar. Las dos acepciones describen con precisión el debate público actual, con juicios que no son nuestros, sobre asuntos que no dominamos, producidos y difundidos con algoritmos que apenas comprendemos. De ahí el nombre de esta columna.
La inteligencia artificial perfecciona el problema con su prosa fluida, que produce la sensación de que comprendimos algo cuando solo lo leímos para olvidarlo unos segundos después. No es descuido: es el modo en que funciona ahora la conversación pública, veloz, segura de sí misma, incapaz de admitir desconocimiento, y casi siempre equivocada en lo que importa.
Si los juicios circulan sin autor y sin rigor, la respuesta honesta es intentar lo contrario: firmar lo que se piensa, mostrar cómo se llegó ahí, asumir el costo de equivocarse en público. Hay algo casi anacrónico en esa pretensión. Pero quizá lo anacrónico sea hoy lo único que vale la pena. Cada juicio sale de algún lugar, de una historia, de un interés, de una ceguera. Fingir que no es una forma de mentir. Esta columna será esa incomodidad. Con las consecuencias a la vista.
Lo impropio no es un defecto del debate. Ahora es su estructura. Por tanto, lo impropio, aquí, no será problema. Será el punto de partida.
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Mauricio París es abogado.