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El encanto del temor a perder

El temor a perder es, por lo general, mucho más fuerte que el atractivo de ganar algo, aunque sea de similar valía

El temor a perder es, por lo general, mucho más fuerte que el atractivo de ganar algo, aunque sea de similar valía. Puestos a escoger entre tomar acciones para evitar una pérdida de cien mil colones o tomar acciones para ganar otros cien mil, o incluso más, la mayoría se inclinará por conjurar la pérdida. El miedo es, pues, una pulsión muy fuerte.

Este hallazgo ha sido ampliamente documentado por la psicología experimental desde hace más de cincuenta años. Nos dice que la racionalidad de los seres humanos está inevitablemente limitada por mecanismos psicológicos cableados en nuestra mente, que nos hacen “leer” la realidad de cierta manera y, en muchas ocasiones, actuar en contra de lo que pudieran ser nuestros mejores intereses. No es, sin embargo, el único mecanismo psicológico que moldea nuestro entendimiento y acciones. Hay otros, como la subestimación de los riesgos cuando queremos alcanzar una meta y la búsqueda de atajos conceptuales para interpretar, con conceptos sencillos, realidades complejas, una virtud en situaciones de vida o muerte.

Vean esta afirmación: “Todo lo malo que pasa en Costa Rica se debe a la corrupción”, sea el alto costo de la vida o la baja calidad de la educación. Bien mirado, el aserto no se sostiene, pero, debido al temor de que la corrupción se apodere del país, muchos apoyarán con entusiasmo a quien les diga que la erradicará de cuajo. Por ello, en política, las inevitables limitaciones de la racionalidad humana tienen gran importancia.

En una época de gran inseguridad económica como la actual, a muchos los domina el temor de perder empleos, ingresos o estilos de vida. La pregunta es: ¿Qué están dispuestos a tolerar o hacer para conjurar ese miedo? Algunos darán cheques en blanco al adalid que les prometa remediar esos temores y lo defenderán a toda costa, no porque objetivamente logre cumplir la promesa, sino porque parece estar combatiendo la causa del mal. No importan los resultados, sino ser convocado y sentirse parte de la épica de la lucha.

¿Hay maneras de enfrentar estas distorsiones de la psique humana? La existencia de vigorosas organizaciones sociales y políticas, capaces de deliberar entre sí y presentar a las personas datos e interpretaciones distintas, logra evitar que el miedo succione nuestra vida pública. Resulta que conversarnos y abrir la mente siguen siendo remedios vigentes: lo contrario del temor.

vargascullell@icloud.com

El autor es sociólogo, director del Programa Estado de la Nación.

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