La adolescencia es una etapa de profundos cambios físicos, emocionales. Por ello, es normal que aparezcan tristeza, irritabilidad o desánimo. El problema surge cuando estos estados dejan de ser transitorios y comienzan a interferir en la vida cotidiana.
La depresión no es simplemente estar triste. Es un trastorno que puede afectar el estado de ánimo, la conducta, las relaciones, el rendimiento académico, el sueño y el apetito. En adolescentes, puede manifestarse mediante irritabilidad, aislamiento, pérdida de interés o cambios en el comportamiento.
Para los adultos no siempre es sencillo distinguir entre las variaciones propias de la adolescencia y una situación que requiere atención profesional. Lo importante es observar la persistencia, intensidad y acumulación de los cambios.
Algunos cambios que deberían llamar nuestra atención son:
- tristeza, desánimo o irritabilidad persistentes
- pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba
- alteraciones importantes del sueño o el apetito
- aislamiento de familiares y amigos
- conductas impulsivas o de riesgo
- expresiones relacionadas con la muerte, el deseo de desaparecer o la falta de razones para vivir
Ninguna señal, por sí sola, permite diagnosticar una depresión. Sin embargo, cuando varias aparecen simultáneamente, persisten durante semanas o representan un cambio respecto a la conducta habitual, es recomendable buscar orientación profesional.
La depresión puede aumentar el riesgo de pensamientos y conductas suicidas. Si bien el suicidio es un fenómeno complejo en el que intervienen factores psicológicos, familiares y sociales, nunca debemos minimizar expresiones como “quiero morir”, “no quiero seguir” o “sería mejor desaparecer”, ni asumir que el adolescente busca llamar la atención. Cualquier manifestación de este tipo debe tomarse en serio.
Preguntar directamente por pensamientos suicidas no provoca que aparezcan. Una conversación serena puede facilitar que el adolescente exprese su sufrimiento y reciba ayuda.
El primer paso para ayudarle es escuchar sin juzgar. Debemos transmitir al joven que su sufrimiento importa y que pedir ayuda no es una señal de debilidad.
Cuando existen señales de depresión, autolesiones o pensamientos suicidas, es necesario buscar evaluación profesional. Si manifiesta intención de suicidarse o de hacerse daño, requiere atención inmediata y no debe quedarse solo.
La prevención comienza mucho antes de una crisis: se construye mediante relaciones familiares basadas en el respeto, espacios para expresar emociones, vínculos con adultos de confianza y acceso oportuno a servicios.
La adolescencia también es una etapa de crecimiento. Nuestra responsabilidad como adultos es acompañar, observar los cambios y actuar a tiempo.
rsolismep@gmail.com
Rocío Solís Gamboa es psicóloga con más de 40 años de experiencia en educación, niñez y adolescencia y violencia escolar. Fundó y dirigió la Contraloría de los Derechos Estudiantiles del MEP. Fue viceministra administrativa y viceministra académica del MEP, presidenta de la Comisión Unesco Costa Rica y miembro de la Junta Directiva del PANI.
