Juan Carlos Hidalgo. 28 junio

Resulta irónico que la misma semana en que el ministro de la Presidencia afirmó que “es absolutamente imposible generar empleo en este momento” se anunció el inicio de la construcción del Costa Rica Green Valley Free Trade Zone, proyecto que generará 7.000 puestos de trabajo en Grecia.

En abril, Amazon informó sobre la contratación de 2.000 personas y, hace pocos días, Sykes comunicó la apertura de 450 plazas. ¿Qué tienen en común estas noticias? Son empresas en zonas francas.

Si las estadísticas muestran que el llamado “régimen especial” es por mucho el más dinámico de la economía, ¿no tiene sentido extender sus beneficios a todo el país?

Esto demuestra que, aun en tiempos aciagos, es posible generar empleo siempre y cuando las condiciones tributarias y regulatorias sean favorables.

Si queremos que estas historias sean la norma y no la excepción, el corolario es que debemos aspirar a que todas las empresas a lo largo y ancho del territorio nacional disfruten de un trato tributario y regulatorio favorable. Es decir, que toda Costa Rica sea una zona franca.

Si las estadísticas muestran que el llamado “régimen especial” es por mucho el más dinámico de la economía, ¿no tiene sentido extender sus beneficios a todo el país?

La discusión adquiere más relevancia por los grandes cambios en la economía global pos-covid-19. Uno de ellos será el reacomodo de las cadenas de producción internacionales para reducir la exposición que actualmente tienen grandes compañías a un solo país, en especial China.

Como señala Martin Wolf del Financial Times, “los países podrían buscar identificar potenciales vulnerabilidades en sus suministros de socios particulares… (y) podrían considerar que algunas fuentes son muy riesgosas. Sin embargo, traer de vuelta a casa la producción no tiene por qué ser la respuesta. Hay otras posibilidades”.

Una de esas es identificar países que sean considerados “fuentes seguras” por su cercanía y estabilidad institucional. Por muchos años Costa Rica ha explotado esos factores en su estrategia de atracción de inversiones, pero la economía pos-covid-19 se presta para redoblar la apuesta y complementarla con reformas estructurales que potencien la competitividad de todo el país.

De ahí la visión de posicionarnos como una gran zona franca en las Américas, como hizo con tremendo éxito Irlanda, en Europa, hace 30 años. Continuaré la próxima semana.

El autor es analista de políticas públicas.