Juan Carlos Hidalgo. 8 diciembre, 2019

La administración Alvarado Quesada no escatima recursos en hacer del Plan Nacional de Descarbonización (PND) la punta de lanza de la diplomacia costarricense, valiéndole al presidente portadas en revistas internacionales y loas de “líder mundial del planeta”. Sin duda, ha sido una campaña arrecha de relaciones públicas, especialmente cuando se trata de un plan nebuloso al cual ni siquiera se le conoce un análisis de costo-beneficio.

La verdad incómoda es que la economía más bien se está carbonizando. Así se desprende de cifras oficiales que compartió en un foro reciente en la UACA el exministro de Ambiente Roberto Dobles. Ya conocemos la estadística de que el 99 % de la producción eléctrica proviene de fuentes renovables. Menos se menciona que en el 2018 los derivados del petróleo constituyeron el 64,5 % de la matriz energética. Menos aún se comenta que el consumo de combustibles fósiles viene aumentando su peso relativo en dicha matriz. Los datos oficiales muestran que a partir del 2014 ha habido un marcado incremento en la demanda de derivados del petróleo. Es más, según Recope, de aquí al 2037, nuestro consumo de combustibles fósiles está proyectado a elevarse por encima del promedio mundial. Eso es algo que no veremos en ningún brochure de Costa Rica en la COP25 de Madrid. El culpable es fácilmente identificable: el alto precio de la electricidad, que está llevando a los sectores residencial, comercial e industrial a sustituirla por gas licuado de petróleo.

Algunos buscarán exonerar a la administración Alvarado y señalarán que dicha tendencia es precisamente lo que el PND pretende revertir. No obstante, el doble discurso de Zapote queda evidenciado en su oposición a reformas que potenciarían el consumo de energía solar y abaratarían los costos a los abonados, como lo son la generación distribuida y la posibilidad de inyectar excedentes al sistema eléctrico, y rebajar del consumo lo vendido. La negativa gubernamental radica en el impacto que esas medidas tendrían en el monopolio del ICE. La prueba indica que proteger el mercado cautivo del ICE es incompatible con la meta de descarbonización. Hasta tanto la administración Alvarado defienda lo primero, lo segundo no dejará de ser una venta de humo para audiencias extranjeras ingenuas.

El autor es analista de políticas públicas.