En un mundo que cambia más rápido de lo que los gobiernos legislan, los mercados se transforman y las certezas de ayer se vuelven preguntas de hoy, Costa Rica no puede darse el lujo de navegar por intuición. Necesita conversar más seriamente sobre su futuro, con datos que nos permitan entender nuestras ventajas, nuestros rezagos y las decisiones que debemos tomar para sostener un modelo de desarrollo que combine crecimiento económico, progreso social, sostenibilidad ambiental e instituciones sólidas.
Ese es el propósito de esta columna: mirar a Costa Rica desde indicadores concretos, compararnos con el mundo y traducir esos datos en relato país. Porque un dato aislado informa, pero un dato bien interpretado ayuda a entender.
Empecemos por el indicador clásico para hablar del éxito de los países, el producto interno bruto por la población del país; el PIB per cápita. Pero para comparar de forma correcta, hay que ajustarlo por paridad de poder adquisitivo (PPA), en dólares internacionales constantes de 2021. Así, este indicador estima cuánto produce una economía por persona, eliminando las distorsiones que generan los tipos de cambio y los distintos niveles de precios entre países. Ya que no es lo mismo producir un dólar en San José que en Nueva York. Los datos aquí mencionados son publicados por el Banco Mundial.
En 2024, el PIB per cápita de Costa Rica en PPA fue de 26,973 dólares. Estamos por encima del promedio latinoamericano (19,959) y del promedio mundial (21,405). En la región, somos un caso de éxito. Pero el espejo más exigente no está en América Latina; está en la OCDE. El promedio de los países miembros de esa organización fue de 53,534 dólares en 2024. Costa Rica produce, por persona, cerca del 50% de lo que genera el promedio de la OCDE.
En 1990, Costa Rica estaba al 33% del promedio OCDE. Treinta y cuatro años después, estamos al 50%, avanzando con más fuerza que el resto de América Latina. Pero la brecha absoluta se ha ampliado: en 1990 nos separaban 22.000 dólares del promedio OCDE; hoy nos separan más de 26.000. Corremos, pero la pista también se alarga.
¿Cómo cerrar esa brecha? Para alcanzar el nivel OCDE en 25 años, Costa Rica necesitaría crecer cerca del 3% anual en PIB per cápita real. Para hacerlo en diez años, la tasa superaría el 7% anual, casi el ritmo que Corea del Sur sostuvo entre 1990 y 1996, durante su transformación más acelerada. Costa Rica, en su mejor momento reciente (2003–2008), alcanzó alrededor del 4,25% anual. No es imposible crecer más rápido, pero exige una transformación estructural.
Corea del Sur partía en 1990 de un nivel no tan distante al nuestro, con casi 5.000 dólares de diferencia. Hoy, más que duplica nuestro PIB per cápita, con 28.000 dólares de diferencia, y supera el promedio de la OCDE. Pero no lo logró por suerte ni por recursos naturales, sino apostando durante décadas a la educación, la innovación y la inserción inteligente en la economía global.
El PIB per cápita en PPA no lo explica todo; no mide desigualdad, calidad de vida ni sostenibilidad ambiental. Pero sí mide algo esencial: la capacidad de un país para generar los recursos que hacen posibles los hospitales, las escuelas, las pensiones y los empleos. Un país que no crece en productividad termina repartiendo escasez.
¿Qué necesita Costa Rica para cerrar esa brecha? Imposible responder esa pregunta en una columna; sin embargo, una respuesta debe incluir los temas de seguridad jurídica, capital humano de calidad, mejor infraestructura, menos trabas a la competitividad, innovación, productividad en las pymes, un Estado más eficiente, inversión de mayor valor agregado y más territorios participando de las oportunidades. En próximas entregas, analizaremos cada uno de esos componentes con base en datos.
Finalmente, Costa Rica tiene lo que muchos países quisieran: instituciones, talento, paz y una reputación internacional que vale más de lo que aparece en cualquier estadística. El dato nos dice dónde estamos; el relato nos dice que tenemos que acelerar.
jaime.garcia@incae.edu
Jaime García es director para América Latina del Índice de Progreso Social.