
La apreciación del colón costarricense es, en términos simples, un aumento en el valor de la moneda nacional frente a las monedas de los principales socios comerciales del país. Cuando se analiza a través del Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), calculado por el Banco Central de Costa Rica, la apreciación no solo refleja el comportamiento del tipo de cambio nominal, sino también las diferencias de inflación con respecto al exterior.
En consecuencia, una apreciación real implica que los bienes y servicios producidos en Costa Rica se encarecen relativamente frente a los del resto del mundo.
¿Cuánto se ha apreciado el colón?
Según las cifras más recientes del BCCR, entre 2022 y febrero de 2026, el ITCRM muestra una apreciación acumulada cercana al 20%–25%, dependiendo del punto de comparación exacto dentro del periodo. Esta es una magnitud relevante para una economía pequeña y abierta, altamente integrada al comercio internacional y a los flujos de inversión extranjera directa.
El fenómeno ha estado asociado a factores como el fuerte ingreso de divisas por inversión extranjera directa (IED), turismo y exportaciones de servicios, así como a diferenciales de tasas de interés que han incentivado entradas de capital.
Evidencia internacional sobre los costos de la apreciación
La literatura económica ha estudiado extensamente los efectos de una moneda apreciada en economías pequeñas y abiertas. Desde el modelo de “enfermedad holandesa” hasta los análisis modernos sobre asignación sectorial, la evidencia sugiere varios canales de impacto.
Primero, una apreciación sostenida reduce la competitividad de los sectores transables, en especial manufactura y agricultura. Estudios del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional muestran que apreciaciones prolongadas tienden a desacelerar el crecimiento de las exportaciones y a desplazar recursos hacia sectores no transables, como construcción y comercio interno.
Segundo, la apreciación puede afectar el empleo y los salarios en regiones y sectores más expuestos a la competencia internacional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha documentado que choques cambiarios persistentes generan costos de ajuste significativos, particularmente en trabajadores con menor calificación o en zonas fuera de los grandes polos de servicios modernos.
Tercero, existe un efecto distributivo. Como ha señalado el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, los movimientos cambiarios no son neutros: benefician a importadores y consumidores de bienes importados, pero pueden perjudicar a productores locales y a trabajadores de sectores exportadores. En economías con brechas estructurales —como la dualidad productiva costarricense— una apreciación puede ampliar diferencias entre empresas altamente productivas (por ejemplo, en zonas francas) y empresas del régimen definitivo con menor capacidad de absorber el choque.

Cuarto, desde una perspectiva de crecimiento de largo plazo, Paul Krugman, otro Premio Nobel de Economía, ha enfatizado en que la competitividad externa no depende solo del tipo de cambio, sino de la productividad. Sin embargo, cuando la apreciación es rápida y significativa, puede superar la capacidad de ajuste vía productividad, generando cierres de empresas, pérdida de encadenamientos productivos y menor inversión en sectores transables.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha advertido de que en América Latina las apreciaciones prolongadas suelen asociarse con desindustrialización prematura y menor sofisticación exportadora, especialmente cuando no existen políticas complementarias que fortalezcan la innovación y la diversificación productiva.
En el plano social, los costos pueden traducirse en aumento del desempleo sectorial, informalidad y presión migratoria interna. Regiones agrícolas o manufactureras pueden experimentar deterioro relativo, con impactos en pobreza y desigualdad territorial.
Áreas de acción para las autoridades
La experiencia internacional sugiere que no existe una única respuesta, pero sí un conjunto coherente de políticas.
- Política macroeconómica prudente y contracíclica. El FMI y la OCDE recomiendan evitar políticas fiscales expansivas en contextos de abundante entrada de capitales, pues estas pueden intensificar la apreciación. Una consolidación fiscal creíble reduce presiones sobre tasas de interés y flujos especulativos.
- Acumulación de reservas y manejo prudencial de capitales. Sin comprometer el régimen cambiario, la intervención cambiaria esterilizada puede suavizar movimientos abruptos. Asimismo, medidas macroprudenciales pueden mitigar riesgos asociados a flujos de corto plazo.
- Política de productividad y diversificación. Siguiendo el énfasis de Krugman y del BID, la respuesta estructural clave es elevar la productividad. Esto implica fortalecer encadenamientos productivos, innovación, adopción tecnológica, reasignación de recursos y capital humano, de modo que las empresas puedan competir aun con un tipo de cambio más apreciado.
- Apoyo a sectores y regiones vulnerables. Programas de reconversión productiva, capacitación laboral y financiamiento a PYMES pueden reducir los costos sociales del ajuste. La literatura muestra que los costos distributivos son menores cuando existen políticas activas de empleo.
- Profundización del mercado financiero en moneda local. Reducir la dolarización financiera disminuye riesgos de balance asociados a movimientos cambiarios y mejora la resiliencia macroeconómica.
En síntesis, la apreciación reciente del colón, estimada en torno a una cuarta parte en términos reales en los últimos cuatro años, plantea desafíos significativos para una economía pequeña y abierta.
Si bien los consumidores se benefician de importaciones más baratas y de menor inflación, los costos en competitividad, empleo sectorial y cohesión territorial pueden ser elevados si el fenómeno se prolonga. La respuesta no pasa únicamente por el tipo de cambio, sino por una combinación de disciplina macroeconómica y una agenda ambiciosa de productividad e innovación que permita transformar la apreciación en una oportunidad y no en una fuente de estancamiento.
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Ricardo Monge González es el presidente de la Academia de Centroamérica.
