Rodrigo Chaves Robles llegó a Costa Rica como un desconocido en 2019 para ejercer como ministro de Hacienda. Tras fracasar en ese puesto, se convirtió en un candidato por quien poco se podía apostar para las elecciones presidenciales de 2022, las cuales ganó en segunda ronda.
Después de eso, Chaves creció como una imagen esperanzadora para muchos grupos decepcionados de los partidos políticos tradicionales y de los gobiernos del Partido Acción Ciudadana (2014-2022).
Quienes lo comenzaban a adorar, lo contemplaban como el salvador del país y se empezaron a ufanar cada vez que el mandatario profería insultos o desprecios a sus antecesores en la silla presidencial o a representantes de otros poderes.
Ese estilo resultó ser funcional para Chaves, quien se preocupó más por alimentar esa representación suya que por gobernar el país.
Sin duda, la mayor recompensa política al respecto se mira en los altos porcentajes de aprobación del presidente durante sus cuatro años de gobierno (finaliza con 64%) y en el contundente triunfo electoral de su partido en las pasadas elecciones.
En las calles y en las redes sociales, el presidente y su sucesora cuentan con seguidores convencidos de que el país va bien y que eso es así porque se está derrumbando una supuesta vieja “casta” política.

Además, esos incondicionales son militantes en su labor de bombardear con mensajes, simples pero funcionales, a quienes critican a su líder: desde enviarlos a ponerse crema de rosas hasta asegurar que gobernarán hasta 2038.
Todo lo anterior es un logro de don Rodrigo, sin ninguna duda.
Él creó y encarna este movimiento político, por lo cual su cuota de poder en el gobierno de Laura Fernández será grande y determinante.
Pero poco o nada se ha dicho sobre la inspiración de donde emanan las principales críticas del chavismo a la democracia costarricense. Aquí, quiero mencionar dos.
‘Quitar la venda de los ojos’
En su viaje al Foro Económico Mundial en Davos, en mayo de 2022, Chaves declaró que Costa Rica había sufrido un “deterioro muy importante” y el desafío de su gobierno era asegurar a la gran mayoría del pueblo costarricense como ganadores, mientras los perdedores serían aquellos que se habían beneficiado de las políticas públicas durante años.
La forma de despreciar a sus antecesores dio como resultado una de las “virtudes” y “logros” más mencionados por sus seguidores: que Chaves les quitó la venda de los ojos y le dice la verdad a la cara y sin rodeos a esa clase política del pasado.
Pero, cuando la estrategia de culpar a los demás no era funcional, el estilo autoritario de Chaves recurría a evadir responsabilidades y asignar culpas a sus subordinados por errores, lo cual le permitía hacer crecer su imagen como “padre” que regaña a sus hijos indisciplinados, pero también los perdona.
A finales de 2022, trascendió que la ministra de Salud, Joselyn Chacón, había contratado a un trol de redes sociales para atacar a periodistas que la criticaban a ella y a Chaves.
Cuando se reveló una entrevista con el trol, la ministra afirmó haber pagado al hombre solo por caridad, mientras Chaves la defendió y acusó a los medios de orquestar una campaña contra ella, los llamó “sicarios políticos” y aseguró: “No me voy a prestar a escandalillos baratos que hace gente chismosa”.
Ante un recurso de amparo de un periodista, en mayo de 2023 la Sala Constitucional condenó los ataques verbales del presidente contra los periodistas y consideró que sus comentarios eran injustificados. Recalcó, además, la importancia de la libertad de prensa para la democracia.
Pero esa guerra no terminó. En mayo de 2025, la organización internacional “Reporteros Sin Fronteras” confirmó que la clasificación de Costa Rica seguía cayendo en su Índice Mundial de Libertad de Prensa: entre 2021 y 2022 bajó del quinto al octavo puesto, en 2025 descendió a la posición 36 y hoy está en el puesto 38.
A pesar de lo irónico que parezca, siguiendo una premisa de analistas críticos de izquierda como Noam Chomsky, la “prensa canalla” fue puesta en la palestra pública como sinónimo de la venda que tapaba la mirada ciudadana.
Eso justificaba atacarla y sacar a concurso las frecuencias de radio y televisión, a pesar de que eso disminuyera las posibilidades de medios pequeños de seguir informando.
Por supuesto, la metáfora de la venda solo se aplicaba a críticos, porque los medios afines al gobierno eran ejemplo de veracidad y compromiso con las virtudes cívicas del país.
La ‘vieja casta política’
La otra crítica procedente de la izquierda y asumida por Chaves es la de la existencia de una casta político-empresarial, cuyo control de los poderes de la República la habría llevado a llenarse las manos de dinero público y quedar impune.
Así, como lo hizo en su último mensaje este año, en su discurso sobre el estado del país en 2025, Chaves acusó a sus opositores de obstruir el progreso, afirmó que sus políticas habían desplazado las protestas de los pobres a los ricos y describió a sus oponentes como una “vieja casta política” privilegiada.
Esa casta estaría compuesta por partidos como el PLN, el PUSC, el PAC y el FA, pero también por instituciones como la Fiscalía General de la República, la Corte Suprema, la Asamblea Legislativa y las universidades públicas.
Pero esa “casta” se comporta raro.
En febrero de 2023, Costa Rica fue incluida en la lista de “paraísos fiscales” publicada por la Unión Europea (UE).
En respuesta, el presidente Chaves acusó a la administración anterior de ser “negligente e irresponsable”, por no haber enmendado el sistema tributario para cumplir con los requisitos de la UE.
Sin embargo, cuando el Congreso aprobó la legislación para cumplir con los requisitos para salir de la lista, Chaves la vetó y no fue sino gracias al resello legislativo que, en octubre de 2023, Costa Rica fue excluida de la lista actualizada de la UE.
En su discurso anual de 2024 ante el Congreso, Chaves volvió a criticar a las administraciones pasadas por favorecer a segmentos selectos de la población e insistió en que su gobierno estaba comprometido con el cambio.
No se mencionó entonces ni ahora que las reformas producidas por la administración de Carlos Alvarado (2018-2022) habían creado las herramientas para que la economía creciera, mientras las finanzas públicas mantenían una trayectoria sostenible por efecto de la aplicación de la regla fiscal aprobada en 2018.
En ese sentido, la implementación de la Ley Marco de Empleo Público (aprobada en marzo de 2022 y vigente desde marzo de 2023) permitió al gobierno recortar el crecimiento anual de salarios, las disparidades laborales y los abusos salariales en el sector público.
No obstante, la austeridad fiscal ha implicado reducir la inversión social pública y recortar el gasto en infraestructura, así como permitir el deterioro de la gestión ambiental, la profundización de una grave crisis educativa y el aumento de las dificultades para ayudar a la población más vulnerable.
El presidente Chaves no atendió esos escenarios que abrían una brecha entre el crecimiento económico y el bienestar social.
Otra vez, irónicamente, fue el presidente de la Asamblea Legislativa, supuestamente miembro de la casta a atacar, quien cuestionó la reducción del gasto social y manifestó que la inversión en áreas clave como educación pública, salud, seguridad y vivienda social no podía reducirse sin consecuencias sociales.
Y, en lugar de concentrarse en resolver esos asuntos, en marzo de 2025, el presidente encabezó una marcha hacia la Fiscalía General para exigir la renuncia de Carlo Díaz.
Según Chaves, ya rescató al Ejecutivo y al Congreso de la vieja casta, pero le falta el Poder Judicial.
Ahora que da inicio un nuevo periodo del continuismo (se va Chaves, pero se queda Chaves), veremos si las dos estrategias señaladas seguirán siendo suficientes para sostener con fuerza al chavismo, aunque resulte cada vez más peligrosa la profundización del enfrentamiento social que promueven.
david.diaz@ucr.ac.cr
David Díaz Arias es profesor catedrático de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR).
