Columnistas

Aproximación a la causa de la miseria

Los países de bajo desarrollo humano poseen un denominador común: un sistema de creencias de animismo politeísta

En dos artículos anteriores, titulados “La influencia de los sistemas culturales en el desarrollo” (21/9/2021) y “La influencia de la moral en el desarrollo de los países” (22/1/22), identifiqué tres grupos de naciones ubicadas de acuerdo con la siguiente calificación: 1) élite con alto desarrollo; 2) desarrollo intermedio; y 3) bajo desarrollo. Lo anterior, según la calificación del Programa para el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.

En este artículo, me enfocaré en la clasificación de países con bajo desarrollo humano, es decir, la medida del progreso alcanzado en los elementos básicos de la vida de los ciudadanos, como lo son el acceso a la educación, la longevidad o promedio de vida y los indicadores de salud.

El índice se determina por medio de elementos matemáticos que miden los logros en cada aspecto y se emplea para ello distintos tipos de parámetros, entre estos, el nivel y expectativas de escolarización, promedio de vida al nacer, recursos disponibles por familia y consumo personal.

Así, el indicador termina siendo una comparación entre las distintas naciones sobre lo que, en términos generales, denominamos “calidad de vida”.

En lo referido a la influencia de los sistemas culturales, si se quiere, el dato más curioso es el hecho de que los países de bajo desarrollo humano poseen un denominador común: tienen como fundamento originario de sus sociedades el sistema de creencias de animismo politeísta.

Según la definición generalizada, el animismo politeísta es una serie de creencias usuales en las etapas primitivas de la humanidad, la idea de que algunos objetos del mundo real, por ejemplo, fauna, vegetación, objetos inanimados, difuntos u otros entes imaginarios, poseen una vida anímica con atribuciones sobrenaturales o divinas.

Conforme al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los países tristemente calificados de bajo desarrollo humano son 33. Y aunque la India figura en el conjunto de naciones en desarrollo intermedio, básicamente por la reciente capacidad industrial de su élite, la verdad es que, de acuerdo con el PNUD, la miseria es elevada. Aproximadamente el 90% de la población, de unos 1.000 millones de personas, vive con menos de $2 diarios.

Entre los países de bajo desarrollo, solamente hay dos excepciones que no son animistas: Afganistán y Yemen, ambos con raíces musulmanas, únicas naciones que no se basan en el politeísmo y que se ubican en el grupo de países en la cola del subdesarrollo.

En el sótano del progreso, 30 naciones de 33 son africanas. Las restantes están en América (Haití), Asia (Afganistán) y Oriente Próximo (Yemen).

Sobre Haití, amerita advertir acerca de que es el único país americano en ese grupo de sociedades y es el más pobre de nuestro continente; es además la única nación americana cuya raíz es de naturaleza animista.

Supersticiones

Junto con la India, en África, epicentro actual del animismo politeísta, Benín, Togo, Nigeria y Burundi poseen este tipo de sistema de creencias y todos participan de la lamentable condición de encontrarse en el fondo del subdesarrollo.

En los registros estadísticos, prácticamente a la totalidad se le atribuye una supuesta filiación religiosa derivada de la identidad de las potencias que las colonizaron, pero se trata de un mero formalismo derivado del pasado, pues en la práctica ejercen de forma generalizada el animismo. En algunas ocasiones, ciertamente combinado con algún tipo de sincretismo derivado de elementos extraídos de otras religiones, pero sin perder su condición esencial de animismo politeísta.

Como sostienen investigaciones de historiadores como Mircea Eliade, o más recientemente Leonardo Mora, de la Universidad de Concepción, la mayoría de estas prácticas en Occidente se reconocen como derivaciones asociadas a la hechicería y otras diversas manifestaciones de ocultismo.

En nuestro hemisferio, el animismo politeísta se encuentra en varias comunidades de Brasil, Cuba, indígenas y, recientemente con intenso crecimiento, en Venezuela.

De acuerdo con reportajes investigativos de la BBC, en Estados Unidos y Europa, las expresiones animistas han tomado cierta fuerza en algunos cultos particulares, como los agrupados en los ritos de lo que se denominan círculos de brujería wicca. No obstante, en América y Europa, esas expresiones representan actividades muy marginales, limitadas a pequeños grupos poblacionales, a diferencia de lo que sucede en la gran mayoría de los países de bajo desarrollo de África, y, en el caso excepcional americano, Haití, donde, como indiqué, estas prácticas están arraigadas.

¿Por qué dos países musulmanes quedaron atrapados en el conjunto mundial de bajo desarrollo? Es una pregunta pertinente dado que, de conformidad con el análisis de la influencia de los sistemas culturales en el desarrollo humano, el resto de los Estados fundados sobre sistemas de legalidad moral islámica lograron evadir la miseria y ubicarse en el gran conglomerado de Estados en desarrollo intermedio.

¿Por qué Afganistán y Yemen resultaron ser las lamentables excepciones? La hipótesis para explicarlo son las interminables guerras desde finales de la década de los setenta. Hasta 1978, Kabul, capital de Afganistán, era, como Beirut, considerada una suerte de París del Oriente Próximo. Sin embargo, después de un golpe de Estado, cayó en manos de un régimen marxista-leninista muy impopular.

A partir de entonces, se iniciaron una serie de guerras, invasión soviética incluida, hasta hoy. En otras palabras, podría afirmar que desde la década de los ochenta Afganistán ha estado en guerra.

Con Yemen sucede algo similar: desde las guerras secesionistas que sufrió en la década de los setenta se mantienen los conflictos militares.

fzamora@abogados.or.cr

El autor es abogado constitucionalista.

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