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Ahora sí: es el momento de la verdad

Terminaron los debates y las discusiones. Ya no hay encuesta que valga

Terminaron los debates y las discusiones. Ya no hay encuesta que valga. La de este domingo es la última y definitiva, la que nos dirá quien será nuestro presidente a partir del 8 de mayo.

Mañana mismo, el presidente electo tendrá que empezar a trabajar en la preparación de su mandato. En el momento en que pronuncie su discurso de aceptación, enviará mensajes claves a todos los costarricenses y hasta la comunidad internacional; recordemos que somos un país pequeño, que requerimos financiamiento externo para desarrollarnos.

El primer mensaje que debería enviar el presidente es, en mi opinión, un llamado a la totalidad de los costarricenses a la unión. Debe reconocer que habrá obtenido el voto de, si acaso, una cuarta parte del padrón electoral. Pero que deberá gobernar para todos, incluidas las otras tres cuartas partes que votaron por el otro candidato, o no votaron por ninguno de los dos.

Debería hacer un llamado también a dejar atrás las rencillas para empezar el proceso de sanación de las heridas. Esto es clave para ratificar y fortalecer nuestra democracia. Así lo hemos hecho durante más de setenta años, y así debe continuar.

El segundo mensaje del presidente debería ir dirigido a los otros partidos políticos, a fin de tender puentes para las futuras negociaciones que tendrán que venir.

El presidente y su gabinete deberán trabajar muy de cerca con los otros partidos para conseguir el apoyo de los diputados para los proyectos de ley que pretenda promover durante su mandato.

Ninguno de los dos partidos en la contienda cuenta con suficientes diputados para formar mayoría legislativa por sí solo. Para obtener la mayoría simple, necesaria para aprobar todo proyecto, deberán negociar, ya sea entre ellos, o por lo menos con dos de los otros partidos representados en la Asamblea.

Y, del lunes en adelante, en los treinta y cinco días que quedan hasta el 8 de mayo, quien resulte ganador tendrá que trabajar muy rápido para definir a las personas que lo acompañarán como parte de su equipo de trabajo; se dice que son, cuando menos, mil puestos los que debe llenar.

Tendrá que, además, poner en blanco y negro los decretos y proyectos de ley que considere necesarios para cumplir sus promesas de campaña, muchas de la cuales, hasta ahora, han sonado más a intenciones que a propuestas concretas.

Ahí empezará el momento de la verdad.

lmesalles@ecoanalisis.org

El autor es economista.

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