Columnistas

Abecé para el nuevo gobierno

En cada puesto público e institución se debe entender a la ciudadanía y trabajar por el bienestar colectivo

Como joven costarricense no me queda más que aspirar a futuros gobiernos que actúen lejos de la palabra corrupción. Nuestro país necesita empatía para tomar decisiones colectiva y solidariamente, es decir, en cada puesto público e institución se debe entender a la ciudadanía y trabajar por el bienestar colectivo mediante políticas que privilegien lugares donde hay mayor desigualdad social, económica y educativa.

Defiendo más apoyo para los sectores cultural, deportivo y recreativo. Son áreas que permiten construir una juventud íntegra, participativa y plena. El 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, una enfermedad silenciosa, como ha sido llamada por algunos medios de comunicación.

Entre el 2014 y el 2018 aumentó el intento de suicidio en jóvenes con edades entre 15 y 24 años, como indicó la Dirección de Vigilancia del Ministerio de Salud.

Resulta imprescindible trabajar por una juventud con total derecho a vivir segura e íntegramente, con espacios que diferencien el crecimiento personal del académico y donde se asegure el goce pleno de los derechos ciudadanos.

La inversión pública en cultura, deporte y recreación resulta ser una herramienta útil para atenuar las crisis emocionales y muchas de las presiones psicológicas y sociales por las que atraviesa la gente joven.

El bienestar social, la educación, las respuestas al desempleo y el sostenimiento futuro del seguro social son asuntos que tampoco deben ignorarse. Hay que invertir inteligentemente en una educación que se aproxime a los retos del siglo XXI. Dejar de lado, por ejemplo, prácticas y hasta materias educativas que en ocasiones no van más allá de una simple nota.

Concretamente, ajustar la tradicional materia de Religión por otra que reconozca la diversidad de creencias y hasta la convivencia en medio de las diferencias.

Según el INEC, en cifras del 2019 y 2020, un 46% de los jóvenes de entre 18 y 35 años que se encontraban en condición de pobreza no asistían a la educación formal ni contaban con empleo. Esta relación entre educación y desempleo arrastra la carencia de un seguro social para esas personas y su núcleo inmediato.

Además, si entramos más de lleno, nos daremos cuenta de retos adicionales cuando aparece la variable género o minorías. Durante la juventud se plantan muchas semillas de la Costa Rica que está a la vuelta de la esquina.

Disminuir desigualdades, fortalecer el desarrollo integral de la ciudadanía y pensar colectivamente durante el diseño de las políticas públicas debería ser el abecé del nuevo gobierno. Nuestra voz joven, aunque menos experimentada, resulta más innovadora en las agobiantes lógicas adultocéntricas de la institucionalidad costarricense.

warnusol17@gmail.com

El autor es estudiante de Comunicación en la UCR.