Con Batalla de Karaoke, de Teletica, mi familia y yo hemos quedado muy decepcionados. Nos parece un programa algo sin gracia y muy forzado.
Recordábamos hace un tiempo cuando se estrenó Force Masters, un espacio en el cual se fomentaba el deporte mediante la competencia sana. El programa mantenía a los televidentes con muchísima expectativa y, a la vez, era un deleite ver a esos competidores(as) con tanto talento y capacidad física.
Ese es el tipo de programación que vale la pena, que incluso influye de forma positiva en niños y jóvenes; los motiva a hacer deporte y cuidar de su salud. Ojalá puedan retomar la iniciativa con una segunda temporada.
Miranda Aguilar Meza, Zapote
Para verdades, el tiempo
La historia es un proceso evolutivo, nunca acabado de rectificaciones. Nuestro Estado social de derecho no escapa a esta ley natural. En Costa Rica se comienza a sentir un cambio en materia de justicia social a partir de las décadas de los 20 y 30 del siglo pasado. La historia de este periodo no se ha hecho todavía con imparcialidad. Sin el aporte de esta etapa histórica no es posible entender la reforma social de los años 40 y 50.
Sin pretender agotar la lista, he aquí una muestra de ello: Ley de las Ocho Horas (1920), Programa de Asistencia Médica de Turrialba (precursor del Seguro Social, 1920), Ley de Salud Pública (1920), Ley del Inquilinato (1922), Ley de Accidentes de Trabajo (1925), creación de la Secretaría de Estado de los Despachos de Trabajo y Previsión Social (con el encargo de hacer un proyecto de Código de Trabajo, seguros sociales y habitaciones populares, 1928), Banco Nacional de Seguros (1924), Ley que regula las relaciones entre productores y beneficiadores de café (1933), creación de la Junta Nacional de la Habitación (1939). El terreno para la gran reforma social de las dos décadas siguientes había quedado así preparado. Es tiempo de que una investigación imparcial revele la verdad histórica.
Carlos Jiménez Volio, San Pedro de Montes de Oca.
Golfo de Papagayo
En el golfo de Papagayo, el modelo de desarrollo parece consistir en que los ricos erijan proyectos para otros ricos que pueden pagar $2.000 por noche en sus hoteles, o comprar mansiones de $5 millones con vista al mar para alquilárselas a las Kardashians en $40.000 por día. Y nosotros, el resto de los ticos, tenemos que agradecerles que inviertan, construyan, destruyan, corten árboles a su antojo en una de las mejores zonas de Guanacaste y que nos den un trabajito de jardinería en sus campos de golf o de mucamas en sus hoteles, y nos dejen entrar en buses y con horario limitado a las playas que nos pertenecen. Mientras, sus millonarias ganancias se van a las bolsas de Nueva York o a bancos suizos.
El golfo de Papagayo es como un vaticano, donde tienen sus propias leyes usando nuestra tierra y haciendo con la naturaleza lo que mejor les convenga. En buena hora, la Sala Constitucional ha hecho su trabajo para detener este abuso.
Silvia Vargas Vega, San José de la Montaña
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