Tan solo digo que es el intachable heredero, celoso y callado guardián del patrimonio moral y jurídico de altos jueces como Fernando Baudrit, Fernando Coto, Evelio Ramírez, Daniel Quirós, Miguel Blanco y Ulises Odio
Es muy probable que él, don Orlando Aguirre, no me recuerde. Fuimos compañeros en la Facultad de Derecho hace más de 50 años. Él estudiaba en la mañana y trabajaba como escribiente en la tarde en un juzgado civil de San José a principios de los años 70. Luego ocupó cargos de secretario y actuario en los despachos civiles, juez, juez superior, magistrado y siempre se desempeñó con decencia, probidad y honradez incuestionadas. Entonces, don Orlando no necesita que yo, simple mortal, me refiera a su persona. Tan solo digo que es el intachable heredero, celoso y callado guardián del patrimonio moral y jurídico de altos jueces como don Fernando Baudrit, don Fernando Coto, don Evelio Ramírez, don Daniel Quirós, don Miguel Blanco y don Ulises Odio.
No obstante, sí quiero referirme a comentarios y calificativos inapropiados, injustos y llenos de resentimiento para su persona. En especial, he escuchado a algunos referirse, con tono de burla, a su primer nombre, probablemente con el acicate y consejo de algún desequilibrado que pretende hacerse el gracioso. En todo caso, señalo al respecto lo que dice el Diccionario de la Real Academia sobre el nombre Catalino: “Catalino es la variante masculina de Catalina, un nombre con raíces griegas y latinas que significa “puro” o “inmaculado”. Deriva del griego katharós y está asociado a la pureza de espíritu”
Melvin Sáenz Biolley, embajador de carrera en retiro
Valores perdidos
Como sociedad, hemos perdido muchos valores: respeto, empatía, solidaridad y, sobre todo, la decencia política. Nos cobijamos en el descontento de acciones y errores pasados buscando mesías salvadores. El país ha debido vivir bajo el paraguas de gobernantes y súbditos embelesados por el poder populista y el tono dictatorial. Se perdió el respeto por la institucionalidad que tantos años costó construir y se ataca aquello que no corresponde a intereses personales de los gobernantes de turno.
La prensa, bastión de la información, ha sido atacada, y se defiende solo a aquellos que se subordinan a los intereses de turno. Mercaderes de la fe cristiana y políticos señalados de corruptos y hasta de depredadores sexuales encontraron en una “red de cuido” impunidad a sus delitos. En los últimos cuatro años, nuestra otrora admirada democracia, encaminada a su destrucción, se hundió en el caldo de cultivo de los gritos, insolencias, falta de respeto, vulgaridad, delincuencia, falta de educación, un deprimente sistema de salud y una economía por y para los que más tienen.
Luis Alberto Camero Rey, Palmares de Alajuela
Desprecio por el cliente
El sábado 9 de mayo fui a la farmacia Sucre de Sabana Oeste para comprar un medicamento y hacer una consulta a la farmacéutica de turno acerca de un problema de salud que estaba padeciendo. Pero dicha doctora se demoró en atender a una clienta en forma deliberada para darme el mensaje no verbal de que me fuera del sitio.
Ya han sido varias las veces en que he recibido malos tratos en esa sucursal de la farmacia Sucre, que es la que queda más cerca de mi casa. Hasta lo he comunicado al departamento administrativo, para que cambien el personal, pero no lo han hecho en nueve años.
Se les olvida a los gerentes, administradores y empleados de los negocios que es gracias a los clientes que ellos pueden llevar un plato de comida a sus hogares.
Rodnny Hayden Cordero, Mata Redonda
Adiós a las chicharras
A propósito de la carta publicada en esta sección (11/05/2026) por la señora Alessandra Coronado Rojas, sobre la desaparición de los abejones, deseo referirme a otra sentida ausencia: la de las chicharras y sus sonoros cantos en nuestros campos y parques.
En lo personal, en mi infancia fui vecino del parque Morazán, al que mi querida madre me llevaba de paseo en verano. Con solo llegar, se oía el característico “canto” de las chicharras. Y ni qué decir de la experiencia de encontrarnos con sus restos estallados, de tanta “chicharrera”. Como bien lo dijo doña Alessandra, “es hora de actuar antes que el silencio de nuestra fauna se vuelva permanente”.
Arturo Chavarría Escalante, Lourdes de Montes de Oca
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