Cartas

Cartas a la columna: Exclusión tecnológica

Disconformidad con el cambio mundial

Leí con tristeza el artículo sobre la agonía de los videoclubes, publicado el 15 de agosto en la «Revista Dominical». La pandemia no solo afectó la salud, sino también el estilo de vida de las personas, y para mal en algunos casos. Antes uno compraba la película o la serie deseada y el producto pasaba a ser propiedad de uno. Los negocios de descarga continua (Netflix, Disney+, HBO Max, etc.) encarecieron el pasatiempo de ver televisión, porque para ver una película o serie, si esta no se encuentra en la plataforma elegida, uno debe suscribirse a la que ofrece el producto. Pedir comida a domicilio mediante Uber Eats también es caro por lo que cuesta el pago a los motorizados.

La tecnología no solo afecta nuestros bolsillos. Muchos adultos de mediana edad y mayores son discriminados por no saber emplearla, por ejemplo, existe una tendencia mundial a la eliminación del efectivo para dar paso a los pagos en línea. Muchos restaurantes se niegan a atender a los clientes que no saben usar el menú digital, etc.

Rodnny Hayden Cordero, Mata Redonda

  • Envíe sus cartas a la columna por correo electrónico a cartas@nacion.com o por WhatsApp, al número 61350204. Debe adjuntar copia de la cédula por ambos lados.

Problema resuelto

Agradezco a Juan Manuel Brenes, de Movistar, la pronta solución del problema expuesto en esta sección el 26 de agosto. Lo hizo con mucha educación, conocimiento y buen servicio al cliente.

Ronald Fernández Fernández, Alajuela

Claro contraste

Leyendo la acertada columna «Letras de cambio», el 28 de agosto, de Luis Mesalles, me llenan de enorme satisfacción y orgullo nuestras instituciones de salud y, más aún, los funcionarios comprometidos con el quehacer para el que fueron nombrados.

Sabedores de que nuestro PIB es la sexta parte del de los estadounidenses, infla todavía más mi orgullo. La Caja Costarricense de Seguro Social, cuya eficiencia nadie discute, es, en gran parte, la responsable de esos logros.

Contrasta, asimismo, como bien menciona Mesalles, la actitud de instituciones como el CNP y el ICE. Las instituciones públicas están obligadas por ley a comprar alimentos al CNP, que encarece los costos y sirve como intermediario de intermediarios, poniendo en manos de unos pocos proveedores un alto porcentaje de esas compras. ¿Qué sería del país si las compras, contrataciones y obras públicas se hicieran a derecho?

Milton González Castro, La Unión

Negocios fallidos

Cuando la esquizofrenia invade los negocios, o más precisamente a quienes efectúan grandes proyectos fuera de las dimensiones normales, el peligro de fracaso o una posible estafa encubierta son casi inevitables.

Presuntamente, una telaraña de sociedades y proyectos fallidos orientados por una aparente codicia derivaron en que Aldesa sea un caso de estudio por la cantidad de mañas financieras y conexiones ocultas que se sospechan e investigan.

Pedir justicia por el daño económico producido a los inversionistas a esta altura puede ser tarde, el tiempo que querían los autores intelectuales, según parece, fue logrado.

Sea lo que sea, no sé si las personas que no logran honrar las deudas contraídas con quienes los enriquecieron enormemente merecen estar en el psiquiátrico.

Gustavo Halsband Leverato, San José

Dinero de becas

Recientemente, en Carrillo, abrió un centro privado apoyado por un filántropo que posee inversiones en Papagayo. De acuerdo con la publicidad, tendría como fin ayudar a familias de escasos recursos económicos para que sus hijos accedieran a una mejor educación a través de un programa de becas.

Por el contrario, el apoyo, aparentemente, se está dando a personas que pueden pagar educación privada. Aparte, centros privados ubicados en los alrededores, que no cuentan con aporte más que el los padres de familia para mantener su operación, estarían siendo abandonados por los alumnos becados por la otra institución. ¿Sabrá la persona cómo se está utilizando su dinero?

Bernardino Rojas Sánchez, Liberia

Nuevo impuesto

Los diputados tienen el deber de incentivar la construcción de casas, no de obstaculizarla. Aunque las casas pudieran ser «de lujo» para las familias que se enjaranan para alcanzar un sueño, están muy lejos de ser mansiones como las que supuestamente se pretende gravar.

Así, lejos de una mayor recaudación de impuestos, lo que se vislumbra son montos incobrables que las familias irán acumulando, pues para ellas lo inevitable son los pagos de los préstamos gracias a los cuales les fue posible dar el arriesgado paso de construir su vivienda familiar.

De no ser puntuales en el pago de las cuotas, las personas se exponen a perder, en un remate instantáneo, lo que una vez fue una ilusión. Y si se hacen esfuerzos por reactivar la economía, no logro entender la inconsecuencia de desestimular tan fundamental actividad para el desarrollo.

Freddy Pacheco León, Heredia