En videos difundidos por plataformas de los ayuntamientos y cuentas personales, he visto alcaldes portando cascos de construcción, empuñando pico y pala, cortando cintas o conversando con vecinos.
Póngales atención a estos clips. En la gran mayoría, los jerarcas aparecen mostrando mejoras en calles, aceras, alcantarillas, puentes, parques, salones comunales e instalaciones deportivas.
Se trata de un particular formato en que el alcalde no solo se apropia de la narrativa del mensaje, sino que también oficia como el “superstar” y gran portador de “buenas noticias”.
En realidad, a mí me parece muy bien que los gobiernos locales aprovechen los recursos tecnológicos para divulgar su labor y rendirle cuentas a la ciudadanía sobre el uso de sus impuestos.
No obstante, en este caso, el ejercicio se concentra en destacar solo aspectos positivos. En esos videos, usted verá muy pocas respuestas a cuestionamientos, obras fallidas o reclamos de la población.
La malicia indígena sugiere que detrás de esta estrategia de comunicación, podría haber un interés oculto: enaltecer la figura del alcalde o de su movimiento político.
Recordemos que las elecciones municipales serán en 2028 y que, aunque las justas parecen lejanas en el calendario, desde ya despiertan muchos intereses personales y partidarios.
Un indicador muy claro es la desbandada de 20 alcaldes hacia el chavismo en busca de una plataforma que, según sus cálculos, les permitiría buscar una reelección o proyectarse hacia el futuro.
Este reacomodo también evidencia el claro interés del oficialismo por fortalecer el control territorial, en especial en zonas costeras y rurales que le dieron un amplio apoyo en los anteriores comicios.
Contar con los caciques de las regiones, aquellos que conocen a las comunidades y tienen contacto directo con las bases, sin duda resulta estratégico mirando todavía más lejos: al 2030.
Lo anterior podría explicar por qué muchos alcaldes ya parecen estar en campaña abierta.
Claro, comenzar a posicionarse temprano podría ayudarles a destacar frente a eventuales adversarios y a cotizarse a título individual para que sus aspiraciones no dependan de una plataforma política específica.
Pero, mucho ojo, tal exposición también podría tener un efecto negativo al convertir a los alcaldes en la única cara visible de las pifias municipales, el blanco de los reclamos vecinales y el objetivo de los adversarios políticos.
A eso se exponen los jerarcas, sobre todo si los logros promocionados con pompa se quedan cortos frente a las problemáticas locales. Precisamente, sería bueno que el elector sopese logros versus pendientes cuando se tope con los videos de los “superstars”.
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Ronald Matute es jefe de Información de ‘La Nación’.