
Los niños no necesariamente recuerdan los regalos o una infancia perfecta, sino la conexión, la presencia y la manera en que sus padres reaccionaban ante sus errores, explica la psicóloga Georgina Echandi, del Hospital Metropolitano. Esas experiencias pueden influir en el vínculo, el sentido de pertenencia y la salud mental durante la infancia.
Lo que debe saber:
- Los niños, cuando crecen, recuerdan más la conexión, la presencia y el sentido de pertenencia que una “infancia perfecta”.
- Una palabra hiriente puede quedarse rondando en la mente de un niño incluso después de recibir muchos comentarios positivos.
- Escuchar, validar, disculparse y dejar espacio para jugar son formas de construir un vínculo que puede convertirse en un factor de protección para su salud mental.
Lo que usted dice puede convertirse en la voz interior de su hijo
En este Día del Niño, el mejor regalo para cuidar la salud mental infantil quizás no viene envuelto en papel de regalo. También está en la forma en que los adultos hablan con los niños, los escuchan y reaccionan ante lo que les pasa.
Cuando el agotamiento y el estrés diario superan el límite, es fácil que en casa se escapen palabras hirientes. Etiquetas como “inútil”, “lerdo” o “tonto” pueden parecer comentarios al azar, pero en la mente de un niño se quedan grabadas y, con el tiempo, se convierten en su propia voz interior.
Georgina Echandi, psicóloga del Hospital Metropolitano, explica que este fenómeno no responde a que los niños sean rencorosos, sino a una base puramente biológica. El cerebro humano capta y almacena de inmediato las señales de amenaza como un mecanismo de protección.
“Tengan mucho cuidado las palabras que usan con sus hijos porque ellos se las creen. Yo hoy te puedo llegar y te puedo decir 100 palabras positivas, pero también al final te puedo decir una negativa. ¿Y en cuál te vas a quedar pensando? Esa”, señaló.
“Nuestro cerebro no está diseñado para hacernos felices. Nuestro cerebro está diseñado para protegernos, para hacernos sobrevivir”, agregó.
Por esta razón, una sola crítica puede pesar mucho más que todos los elogios que usted le haya dicho a su hijo durante la semana.
El lenguaje oculto detrás de jugar
En la actualidad, las largas jornadas laborales dejan muy poco tiempo libre en los hogares. Sin embargo, para crear un vínculo seguro, usted no necesita disponer de tantas horas al día ni planear actividades extraordinarias todos los días.
La especialista recomienda reservar al menos media hora para compartir con los niños sin pantallas, y no necesariamente se trata de comprar un juguete nuevo o planear una actividad especial.
Si su hijo le pide sentarse a jugar, en el fondo puede estar buscando una vía para conversar.
“El juego es el lenguaje natural del niño, es la forma en que ellos comunican lo que les cuesta, lo que están procesando”, puntualiza la experta. A través de la dinámica del juego, los niños manifiestan sus miedos, problematizan sus conflictos y sanan.

La regla de los tres minutos
Con el Día del Niño y otras fechas especiales también aparece la presión por organizar celebraciones grandes, comprar regalos costosos o tener todo impecable. Pero la especialista señala que los niños pueden estar buscando algo mucho más sencillo.
“Los niños no recuerdan la perfección, recuerdan la conexión”, dijo.
Lo que permanece puede ser una noche de películas, cocinar juntos, leer antes de dormir, rezar o tener unos minutos de atención plena al comenzar y terminar el día.
Incluso propone una rutina de tres minutos:
- Tres minutos de conexión al despertar.
- Tres minutos de abrazos al regresar del centro educativo para autorregular el estrés
- Tres minutos de conexión antes de acostarse.
También está el sentido de pertenencia: saber que, aunque las cosas se compliquen, existe un lugar donde el niño se siente amado y seguro.
Ese vínculo puede convertirse en un factor de protección para la salud mental. Echandi explicó que la presencia de los adultos contribuye al sentido de pertenencia, la autoestima y el autoconcepto durante la infancia.
Tres pasos para convertirse en un lugar seguro
La psicóloga resume en tres acciones prácticas lo que los adultos pueden empezar a aplicar desde ahora:
1. Validar y escuchar. “Escuchar plenamente, no para tener una respuesta, no para tener una solución”, recomendó. Validar no significa necesariamente estar de acuerdo, sino reconocer lo que el niño está sintiendo.
2. Disculparse cuando sea necesario. Los padres también se equivocan y mostrarlo enseña que pedir perdón es parte de las relaciones saludables.
3. Dejar espacio para jugar. No todo tiene que estar perfectamente ordenado. Una casa demasiado impecable puede terminar dejando poco espacio para que los niños jueguen, creen y se expresen.
Sus hijos también están aprendiendo de cómo usted se comporta
Por otro lado, la crianza no ocurre únicamente cuando un adulto se sienta a explicarle algo a un niño. También ocurre cuando el menor observa cómo sus padres reaccionan ante un error, una discusión o una situación frustrante.
Echandi plantea una pregunta que puede servir como ejercicio para los adultos: ¿qué ejemplo estoy dando?
“¿Quién soy yo cuando cometo un error? ¿Me disculpo? ¿No me disculpo? ¿Omito disculparme porque son mis hijos?”, cuestionó.
Para la psicóloga, disculparse no hace que un padre o una madre pierda autoridad. Más bien, enseña una herramienta que los niños necesitarán durante toda su vida.
“Usted está ganando autoridad. Usted está ganando en humanidad, en valores, en fortaleza emocional”, afirmó.
La idea es sencilla: los hijos no solo escuchan lo que sus padres les dicen que deben hacer. También observan cómo los adultos enfrentan sus propios errores.
“Porque sus hijos no van a hacer lo que ustedes dicen. Van a hacer lo que ustedes hacen”, resumió.
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