
La dismorfia muscular es un trastorno relacionado con la percepción corporal que está ganando atención por su impacto en mujeres entre los 15 y 35 años. Aunque tradicionalmente se ha asociado más con hombres, expertos en nutrición y salud mental señalan que cada vez más mujeres presentan síntomas vinculados a esta condición.
Stephanie Marín, nutricionista de la red clínica Mediasmart, señala que esta obsesión puede impactar la salud mental, provocando ansiedad, aislamiento social y dificultades en los hábitos alimenticios.
Lo que debe saber:
- No debe confundirse la disciplina de hacer ejercicio y ser saludable con obsesión.
- Tener frustración por no ver el músculo es una señal de alerta ya que puede generar ansiedad por falta de hacer ejercicio e incluso culpa por comer.
- Si entrenar y comer sano le controla su vida, es una señal y debe pedir ayuda a un especialista.
A diferencia de otras preocupaciones corporales más centradas en el peso, la dismorfia muscular responde a una nueva exigencia estética: ser delgada, pero también tener un cuerpo tonificado y definido. Este ideal, ampliamente difundido en redes sociales, ha incrementado la presión sobre las mujeres.
“Tener dismorfia muscular no es para cualquiera porque son casos clínicos en donde se tienen que documentar, en donde se tiene que diagnosticar”, explicó Marín
El problema, según la nutricionista, surge cuando hábitos saludables como hacer ejercicio, comer balanceado y descansar bien dejan de ser parte de un estilo de vida equilibrado y se convierten en una obligación rígida. En estos casos, la persona puede experimentar ansiedad si no cumple con sus rutinas, evitar actividades sociales o sentir culpa tras consumir ciertos alimentos.
“Llega un momento en donde este autocuidado o este sentirme bien conmigo mismo se empieza a enmascarar y ya no es sólo que me siento bien, tengo mejor calidad de sueño, estoy respirando mejor, ahora me amarro los zapatos y no me incomoda, sino que más bien se vuelve el centro de mi vida, en donde más bien me empieza a controlar con quién salgo, con quién como, porque no quiero estar en una situación en donde yo pueda perder el control de cómo está mi consumo”, detalló la nutricionista.
Las adolescentes representan un grupo especialmente vulnerable, debido a que se encuentran en una etapa de desarrollo emocional y son más susceptibles a la influencia externa. La constante exposición a cuerpos idealizados puede afectar su autoestima y su relación con la comida y el ejercicio.
“Si la adolescente tiene una obsesión o una ansiedad con la parte del ejercicio, en donde de verdad se vuelve su centro, de que se molesta, de que le afecta, de que llore, de que lo descompense emocional y fisiológicamente, ahí es un punto de alerta”, aseguró Marín.
Además, esta condición de ser diagnosticada con dismorfia muscular, puede derivar en trastornos más graves, como problemas de conducta alimentaria o alteraciones emocionales. Por ello, Marín insiste en la importancia de identificar señales de alerta a tiempo.
Para la especialista las mujeres adultas jóvenes también pueden verse afectadas, especialmente aquellas expuestas de forma constante a contenido relacionado con estética corporal.
“No es que yo me siento gorda, o yo me siento gordo, es que yo me siento muy flaco y no tengo músculo, y ahí empieza esa presión por tratar de ganar esa masa muscular“, aclaró la especialista.

Señales de alerta y factores de riesgo
Entre los principales indicadores de dismorfia muscular se encuentran:
- Rutinas de ejercicio excesivas o inflexibles.
- Control estricto de la alimentación.
- Ansiedad o culpa al no cumplir objetivos físicos.
- Aislamiento social para mantener hábitos.
- Uso del ejercicio como castigo tras comer.
Además, Marín comenta que la dismorfia muscular puede ser la puerta de entrada a trastornos más severos, como la anorexia, la bulimia o la ortorexia, así como problemas de ansiedad y depresión.
Según la experta esta condición recuerda que incluso los hábitos positivos pueden tener un lado negativo cuando se llevan al extremo.
En la actualidad, la información nacional sobre la prevalencia de dismorfia muscular en la población general aún no está consolidada.
Entre las recomendaciones de la nutricionista destaca el observar cambios en el comportamiento, prestar atención a la relación con la comida y el ejercicio, y buscar ayuda profesional si estas conductas afectan la vida diaria.
