
Muchas personas asocian la presión alta con dolor de cabeza, mareos o malestar general. Sin embargo, la hipertensión silenciosa no genera señales claras, no interrumpe la rutina diaria y, aun así, puede provocar infartos, derrames cerebrales o daño renal. En esta nota le explicamos qué debe conocer, qué cuidados aplicar y cuándo es indispensable consultar con un médico.
Lo que debe saber:
- Puede pasar años sin síntomas y causar un daño irreversible.
- El estrés y el estilo de vida aceleran su aparición.
- Un simple control anual puede salvarle la vida.
¿Qué es la hipertensión silenciosa?
La hipertensión silenciosa ocurre cuando la presión arterial se mantiene elevada de forma persistente sin generar señales de alerta evidentes.
“Si bien es cierto, muchos pacientes tienen síntomas con la presión arterial como dolor de cabeza, mareos, sonidos en los oídos o percibirse muy caliente o como con mucha sangre en el rostro, hay individuos que no tienen síntomas del todo”, explicó Mauricio Obón, cardiólogo del Hospital Metropolitano.
Esto explica por qué muchas personas descubren su condición tras un evento grave, como un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV).
¿Por qué es peligrosa?
El riesgo está en el tiempo. Cuanto más permanezca elevada la presión arterial sin tratamiento, mayor será el daño acumulado en los órganos.
Las principales consecuencias incluyen:
- Accidente cerebrovascular.
- Infarto agudo de miocardio.
- Insuficiencia cardíaca.
- Enfermedad renal crónica.
El daño suele ser progresivo y silencioso, hasta que se manifiesta de forma brusca.
“La ventaja de un paciente que presente síntomas es que puede tomar tratamiento y entonces disminuye la posibilidad de sufrir consecuencias”, menciona el cardiólogo.
Los factores de riesgo: quienes deben estar más atentos
Aunque cualquier persona puede desarrollarla, el riesgo aumenta en individuos con:
- Sedentarismo.
- Sobrepeso u obesidad.
- Consumo excesivo de alcohol.
- Tabaquismo.
- Mala alimentación.
- Estrés.
- Trastornos del sueño.
- Antecedentes familiares de hipertensión.
Estos factores, cuando se combinan, aumentan significativamente la probabilidad de desarrollar presión alta sin notarlo.
¿Cuándo consultar al médico si no hay síntomas?
La principal señal de alerta es registrar presiones elevadas de forma repetida, incluso en ausencia de dolor, estrés o enfermedad previa.
“El escenario más clásico sería tener ver tomas de presión arterial que están consistentemente elevadas en la ausencia de algún factor exacerbante como estar con demasiado dolor o estrés emocional”, agrega el especialista.
Por eso, recomienda que toda persona adulta, incluso si se considera sana, se mida la presión de forma rutinaria durante sus controles médicos.

Estrés y estilo de vida: alertas invisibles
El estrés laboral y emocional actúa como un acelerador de la hipertensión. Profesiones con alta carga emocional y personas con personalidades muy exigentes tienen un mayor riesgo cardiovascular.
“En términos generales, a más altas dosis de estrés emocional de cualquier índole, ya sea laboral, ya sea sea de factores de vida, ya sea de factores psicológicos más incidencia de patologías cardiovasculares y entre más elevado el estrés, pues más resistente también es el tratamiento la presión arterial”, explica Obón.
¿Cada cuánto medirse la presión?
Este control sencillo puede prevenir emergencias médicas:
- Personas adultas sanas: al menos una vez al año.
- Con factores de riesgo: cada 3 a 6 meses.
- Alto riesgo cardiovascular: según indicación médica.
¿Se puede prevenir o revertir?
Según el cardiólogo, un porcentaje importante de pacientes puede revertir la hipertensión mediante cambios significativos en su estilo de vida: ejercicio regular, pérdida de peso, mejor alimentación, descanso reparador y manejo del estrés.
Cuando la presión es muy elevada o persistente, el control se complementa con tratamiento farmacológico, siempre bajo supervisión médica.
Recomendaciones clave para prevenirla
- Mantener una alimentación balanceada.
- Dormir bien.
- Hacer actividad física regularmente.
- Evitar el tabaco y el exceso de alcohol.
“Entre mejores hábitos tenga uno, mejor composición corporal, entre mejor sueño, mejor manejo del estrés, mejor dieta, menos probabilidades de desarrollar hipertensión arterial va a tener”, concluye el cardiólogo.
