
Keilyn sonríe mientras se ve en un espejo de mano. Hasta hace muy poco volvió a tolerar ver el reflejo de su imagen: por fin su cabello está creciendo y su cabeza la adorna con una diadema, sus mejillas están volviendo a rellenarse y a tornarse levemente rojizas. Apenas tiene 10 años y lucha contra el cáncer en la sangre.
Una vía en su mano izquierda delata que hace apenas unas horas recibió quimioterapia y con una fuerza aleccionadora, se entretiene dibujando y resolviendo problemas matemáticos.
Esta pequeña no se queja del dolor, del cansancio, ni de las náuseas que aparecen como efectos secundarios, solamente expresa lo feliz que la hace poder volver a una vida en la que no va tanto al hospital y que le permite ir a la escuela. El 19 de marzo la autorizaron a ir a clases un mes más.
“Vamos mes a mes”, cuenta con tono afable Ivannia Ceciliano Pérez, la mamá de Keilyn Sandoval Ceciliano, quien autoriza que las declaraciones, imágenes e historia de su hija aparezcan en esta publicación.
Ver a su hija de pie e ilusionada con los aprendizajes y aventuras de cada día en su centro educativo, hacen que esta madre viva agradecida y se sienta bendecida: hace poco más de un año esta mamá no podía pensar en el futuro; vivía aferrada a un día a día en el que añoraba que su hija lograra salir adelante, luego de que tras una serie de convulsiones, no sabe si derivadas de la toxicidad que pudo causarle la quimioterapia, la niña permaneció intubada.
Por eso, al recordar las imágenes de su niña inmovil, llena de cables y aparatos, Ivannia no puede evitar conmoverse por la fuerza de su hija, quien hoy le explica a sus compañeros de quinto grado de la escuela República Francesa, en Taras de Cartago, todo lo que ha sobrevivido en una década de vida.
La niña describe su experiencia como difícil porque ha estado “muy enferma”, aunque de inmediato dice que se ha acostumbrado a todo, incluso a los repetidos pinchazos que le han hecho, cada vez que se le revienta una vena o no encuentran una lo suficientemente fuerte para colocarle allí una vía. Keilyn también padece hepatitis autoinmune y ha recibido tratamiento por años.
“Estoy acostumbrada, desde muy pequeña lo he vivido”, musita mientras mira sus brazos en los que sobresalen múltiples cicatrices. Sonríe y continúa dibujando.

A pocos metros de la niña aguarda sereno Jeison, un adolescente de 13 años que este 2026, tras dos años fuera de las aulas, entró por primera vez al colegio. Está en octavo año del Liceo Otilio Ulate Blanco, en San Isidro de Alajuela.
Jeison Navarro Rojas viste una camisa de la Liga Deportiva Alajuelense: el fútbol es uno de sus pilares. Y aunque aún no puede volver a jugar, sí hace calentamientos y pases con su familia, esto y poder asistir a clases le hacen sentir que recupera la vida que conoció antes de que la leucemia lo cambiara todo.
Jeison recuerda días muy desoladores, nunca había visitado un hospital grande y verse internado por casi un mes fue muy complicado. Experimentó los efectos adversos de la quimioterapia que lo hacían sentirse muy mal y a esto se sumaba que no toleraba comer nada del hospital, ni siquiera frutas, el suero era lo único que lo mantenía, recuerda afligida Silvia Rojas Madrigal, su madre y quien autorizó que el adolescente cuente su historia y aparezca en imágenes en esta nota.
“Yo vi un túnel sin luz. (...) Me levanté gracias a él. Yo iba para atrás. Yo vivía llorando. Él maduró mucho aquí. Decía: ‘esto es una gripe para mí’”, recuerda la madre.
Entre lágrimas, Silvia rememora un episodio que la marcó. Ese día el adolescente estaba recibiendo quimioterapia y una transfusión de sangre, en un momento él se desesperó y dijo que se quería quitar todo e irse, no quería seguir en el hospital ni que tampoco su familia tuviera que estar viviendo en otros lugares para poder acompañarlo. Luego de la contención médica y psicológica, el colegial volvió a su optimismo de siempre.
“Uno nunca tiene que rendirse, siempre hay que pensar en el día de mañana”, dice mientras sonríe con los ojos. Para evitar cualquier contagio, Jeison usa mascarilla todo el tiempo.
Para Silvia, ver a su hijo volver al colegio es una alegría invaluable.
Datos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) indican que para el 2025, 2.089 niños, niñas, adolescentes y jóvenes en edad de asistir a un centro educativo (entre los cuatro y los 18 años) fueron diagnosticados con cáncer.
La Nación consultó al Ministerio de Educación Pública sobre el número de niños, niñas y adolescentes con tratamiento contra el cáncer que asisten presencialmente a la escuela y el colegio; no obstante, Olmer Núñez Sosa, Jefe del Departamento de Análisis Estadístico, indicó que la institución no cuenta con el detalle de los datos solicitados.

Feliz regreso a las aulas
Preparar los útiles para el curso lectivo 2026 se sintió como llegar a la meta para Keilyn y Jeison. Si bien a cada uno le falta un año más de tratamiento para tocar la campana de la victoria y celebrar haber vencido el cáncer, regresar a la escuela y al colegio significó un triunfo.
La niña no asistió a clases en todo el 2025. Mientras que el adolescente no pudo ir presencialmente a sexto grado, incluso hizo las pruebas nacionales fuera de la escuela; tampoco logró cursar sétimo presencialmente.
Hoy los dos coinciden en que se sienten felices.
Ambos pueden regresar a la escuela porque están en una etapa de tratamiento que implica recibir quimioterapia intravenosa solamente una vez al mes y los demás días la toman en tableta.
Sus días en los centros educativos son tranquilos: los dos cuentan con el apoyo de sus profesores y compañeros, a quienes les narran, de la manera más natural, cómo ha sido su proceso contra esta enfermedad.
Keilyn lleva juegos de mesa para jugar de una manera más segura.
“Me siento feliz, los compañeros son muy amables porque siempre, cuando llevo el bulto, me lo quitan para que yo no lo cargue. También, cuando estoy sentada en el piso y no me puedo levantar, ellos me ayudan”, cuenta la niña.
Heidy Lucía González Romero, maestra de Keilyn, resalta la disposición de la estudiante para aprender, muchas veces completa el trabajo antes que sus compañeros y en otras ocasiones la docente la ayuda a terminar de escribir porque se cansa, también reconoce el apoyo inmenso de doña Ivannia para hacer los trabajos en casa.
“Keilyn tiene una gran actitud, es increíble, entró con una alegría. Viene con mentalidad de que no tiene nada. Ella les cuenta a sus compañeros la historia cuando le preguntan y no lo hace de una manera triste”, dice la profesora, quien confía que en el proceso se ha sentido muy comprometida, pero además preocupada por temor de que a la niña le pueda pasar algo. Por ahora todo va muy bien.
“Su mamá me dijo que si le pasaba algo que llamara primero al 911 y luego a ella”, relata.
Sin embargo, Keilyn ha estado muy estable y avanza muy bien con los aprendizajes. Sus materias favoritas son Matemáticas y Educación Física.
“Es muy buena alumna, antes de enfermarse se eximía”, agrega la madre.
En el caso de Jeison, cuenta que poco a poco se unió a sus compañeros de salón para compartir en los recreos. Al inicio, confía, sentía un poco de vergüenza.
“Regresar al colegio ha sido bonito, sinceramente. Antes no (era bonito) ¿Cómo te explico? Cuando yo caí aquí no conocí a nadie y ya cuando volví al cole sentí muy bonito”, dice el colegial al recordar su hospitalización.
Jeison habla con sus compañeros de la enfermedad, les explica porqué usa mascarilla y también que está muy emocionado porque falta muy poco para ser dado de alta.
“Me hace muy feliz estar cerca de tocar la campana. Por mi enfermedad estuvimos aquí tres meses”, dice en referencia a su internamiento y a la estancia en la Asociación Lucha Contra el Cáncer Infantil (ALLCI), donde recibió alojamiento y apoyo junto a su familia.
Jeison sueña, en el corto plazo, con volver a un equipo de fútbol, tener permiso para andar en bici y culminar su colegio. Para el futuro, se ve trabajando en el Hospital de Niños, quiere convertirse en Hemato-Oncólogo, especialista que atiende a las personas con cáncer en la sangre.
En el caso de Keilyn, mientras se mira en el espejo de la coqueta que tiene en su casa y juega con su maquillaje y mascarillas hidratantes, piensa en dos posibilidades para cuando sea una adulta: ser doctora o veterinaria.
El cáncer nunca puede arrebatar los sueños de la niña y el adolescente que siempre han estado convencidos de que van a estar bien.
“Cada vez falta más poquito”, concluye Keilyn.

¿En qué momento un estudiante con cáncer puede regresar al centro educativo y qué pasa cuando no pude?
Gabriela Soto, jefa del Departamento de Hemato-Oncología del Hospital Nacional de Niños (HNN), explicó que cuando un paciente está en las primeras fases de tratamiento y recibe quimioterapia y/o radioterapia de manera intensiva, es difícil que los pacientes puedan asistir a sitios concurridos, lo que incluye escuelas y colegios. Esto por el alto riesgo de adquirir infecciones.
Sin embargo, la educación no se detiene, pues los estudiantes reciben clases aun estando en el centro médico, gracias al Centro de Apoyo en Pedagogía Hospitalaria que trabaja con el Ministerio de Educación Pública (MEP). El apoyo educativo continúa cuando el estudiante obtuvo el alta, pero aun no tiene la autorización para retornar a su centro educativo.
“Incluso los bebés reciben programas de estimulación temprana con el mismo personal”, comentó la especialista.
El regreso de un menor a su centro educativo va a depender de cada paciente, sin embargo, el factor principal será la condición general de salud.
La capacidad de su sistema inmune para defenderse de infecciones, así como la lejanía entre su hogar y su centro educativo, las condiciones básicas de la escuela o el colegio y la condición emocional de cada paciente y su familia, definen la posibilidad del regreso a las aulas.

Según Soto, cuando el paciente está listo para regresar al centro educativo, el Centro de Apoyo en Pedagogía Hospitalaria y personal de la Asociación Lucha Contra el Cáncer Infantil empiezan un proceso de educación a compañeros y docentes, para que la reinserción al centro educativo “ocurra de la mejor manera para el paciente y para sus compañeritos”.
Afirma que, actualmente, dan seguimiento a unos 1.200 pacientes que han podido regresar a las aulas.
En el caso de la maestra de Keilyn, ella afirma que hasta ahora no ha recibido este acompañamiento, pues la lista es larga. El respaldo que le brinda a la niña lo hace desde la vocación y con una experiencia similar, que tuvo anteriormente con otro escolar.
