Jorge Mata Campos, un costarricense de 51 años que lleva tres meses privado de su libertad por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos, narró cómo se vive en una prisión del ICE, los castigos que les aplican, cómo hacen para asearse y cómo algunos recurren a autolesionarse.
“Si alguno tiene un familiar aquí, ayúdenle, busquen la manera de sacarlo, porque esto es terrible. Acá uno es un simple animalito al que ponen en un corralito mientras le sacan el dinero y le violan todos los derechos para después mandarlo a su país, ¿cuándo? Nadie sabe. Cuando a ellos les de la gana, porque las leyes no existen", criticó con dureza.
Don Jorge, quien tenía 18 años de vivir en Estados Unidos, fue detenido en su casa en Nashville, Tennessee, y lo encarcelaron en el Richwood Correctional Center, en Louisiana, donde comparte espacio con otros 120 hombres.
Viven una antigua prisión reacondicionada para ser un centro de detención. Ahí, los 120 comparten una área de 800 metros cuadrados.

“Aquí una persona se enferma y en la noche ya todos estamos enfermos, y aún así no atienden a la gente. Entonces, nosotros tenemos que ver cómo ayudarles, llevarlos al baño, llevarles comida a la cama, conseguir algún medicamento”, agregó.
Por políticas de ICE, los guardias y enfermeros del reclusorio tienen limitado qué tipo de medicamentos pueden administrar, y casi todo se limita a píldoras.
Según detalló Mata, cada día a las 6 de la mañana llega un enfermero o enfermera a consultar si hay algún enfermo, sin embargo, lo máximo que les ofrecen es ibuprofeno.
“No hay ninguna pastilla medicada real, ellos dicen que ICE los restringe. No los dejan dar medicamentos de verdad, por eso acá la gente se enferma mucho. En la noche todo mundo pasa tosiendo, porque estas instalaciones son muy viejas y nunca han limpiado los aires acondicionados... tanta gente junta fomenta las enfermedades”, reclamó el tico oriundo de Hatillo.
“Yo tengo diabetes y presión alta, estaba tomando un medicamento, pero lo dejé porque me generó una alergia en la piel y se me empezó a caer el cabello. Las camas de todos, cuando uno se levanta, estan llenas de cabellos”, aseguró Mata.

Comida: ‘Hacen la comida fea para forzarte a comprar’
Respecto a la alimentación, don Jorge Mata explicó que abunda la comida deshidratada y el pan.
Les dan tres turnos de alimentación, uno a las 4 de la madrugada, otro a las 11:30 a. m. y el último a las 4:30 de la tarde.
“Ellos dan comida, pero es como si usted cocinara sin sal, solo con agua. Por ejemplo, como que usted haga macarrones solo con agua, sin sabor. Si usted quiere echarle sal, una sopa instantánea, salsas o darle sabor, tiene que comprarlo a ellos mismos. Esa es una forma de quitarle el dinero a la gente”, criticó el tico.
“Al final de la semana tenés que gastar $100 o $150 en comida, más lo que gastes en las llamadas”, lamentó.
En algunas ocasiones, los reclusos se niegan a comer, pero entonces aparecen los castigos.

Castigos: ‘Nos meten en una celda de 4x4′
El costarricense asegura que con frecuencia los guardias tratan con desprecio a los detenidos, incluso tirándoles la comida. Él mismo ha sido víctima de estos abusos.
“Tratan a la gente como animales, te gritan, te ofenden, hay ocasiones en que le tiran la comida a la gente cuando se rehúsan a comer porque la comida es muy fea. Bueno, llamarle comida a eso es mucho. Pero a veces 50 personas no quieren comer porque está muy feo, y ellos quieren que uno coma a la fuerza, entonces empiezan los pleitos”, detalló.
Según explicó, los guardias llaman refuerzos, entran a la celda y ponen a todos los implicados bajo castigo.
“Nos encierran aparte durante días, en una celda de 4x4 metros, sin comunicación, sin luz de día, solo con un baño. Tampoco cobijas, porque ellos dicen que si nos ponen cobijas nos vamos a ahorcar. Imaginate en la noche con ese frío, sin cobija y sin nada, tirados en camas de metal. Lo que hacen es traumar más a la gente”, reclamó.

Antes de llegar al Richwood Correctional Center, en Louisiana, don Jorge estuvo detenido en celdas de ICE en Nashville y en Memphis, ambas en el estado de Tennesse. Posteriormente lo trasladaron 760 kilómetros hasta Richwood, pero ese traslado también lo recuerda con tristeza.
“Nos traen como animalitos, en buses en los que nos encadenan los pies, las manos y la cintura, como en las películas”, expresó con indignación.
Mata accedió a una deportación voluntaria, es decir, renunció a cualquier apelación con tal de que lo dejen volver a Costa Rica lo más rápido posible. Ha pasado un mes desde entonces y ahí sigue esperando.
“Como me perdieron mis papeles, ahora tengo que quedarme aquí el tiempo que ellos quieran, no me han dado una fecha para irme, y yo creo que lo hacen al propio, porque esto es un negocio”, criticó el tico. Su caso es el de cientos de personas más.

Higiene: ‘No hay jabón y a veces ni papel higiénico’
Los 120 reclusos deben compartir siete duchas, y es bastante difícil coordinar los turnos, así que es usual que este sea un motivo de discusiones.
Según don Jorge, no tienen jabón de ningún tipo para bañarse, lavar la ropa o lavar los trastos. La administración les da un vaso y una cuchara por mes, pero les toca lavarlos después de cada comida solo con agua.
“Tienen a la gente como animales. A veces no hay ni papel higiénico, dicen que más tarde van a traer y hasta el otro día vienen. Es triste. No hay ni jabón para lavarse las manos, que sería lo mínimo para evitar enfermedades, pero ni eso”, narró el hombre de 51 años.
‘Un cubano se rompió la cabeza contra la pared’
Don Jorge asegura que su fe en Dios y su deseo de volver a ver a su hijo, un joven nacido en Estados Unidos de 16 años, le dan la fuerza de voluntad para mantenerse cuerdo. Sin embargo, otros sucumben ante la presión.
“Ayer (20 de setiembre) un cubano reaccionó mal, hablaba de la familia y empezó a golpearse contra las paredes, se rompió toda la cabeza, tuvimos que ayudarlo y llamar a seguridad para que lo atendieran. Estuvimos como una hora esperando a que llegara un enfermero y se lo llevaran”, describió Mata.
Cuatro horas después, el cubano volvió con la cabeza vendada y habló con sus compañeros de reclusión.
“Dijo que tenía la cabeza mal de estar aquí, la gente hace cosas que no tiene que hacer, y aquí no hay psicólogos, aquí los psicólogos somos nosotros mismos que nos escuchamos y calmamos”, aseveró.
Minutos después, el isleño fue llevado a una celda aparte para evitar que se volviera a autoinflingir daño.

Don Jorge teme que los meses de reclusión, la mala alimentación, los castigos, los malos tratos, las enfermedades y el sentimiento de injusticia termine por trastornar a algunos de sus compañeros.
Muchos de los detenidos consideran que no hicieron nada para merecer semejante trato (aunque a ojos de Estados Unidos basta con ser indocumentados). Junto a Mata hay hombres trabajadores, con familias numerosas, que tenían tres décadas de vivir en ese país y daban empleo a decenas de personas más.
“De pronto les quitaron todo. Entonces la gente se quiere volver loca. A veces dicen cosas que no deberían... Dicen que cuando lleguen a sus países se van a desquitar, que van a enfrentarse con los gringos. Esto puede provocar una tragedia, porque la gente queda frustrada. Dicen que a cada norteamericano que vean le van a hacer daño, se van a desquitar”, explicó don Jorge con evidente tristeza en su rostro.
“Yo hablo con mi hijo de 16 años por mensajes, pero un padre no le va a contar estas cosas a sus hijos porque no quiero que se ponga triste. De aquí toda la gente sale traumada, de acá nadie va a salir bien”, concluyó el costarricense.
