Juan Fernando Lara Salas. 29 junio
Fachada del edificio sede del ICE localizado en Sabana Norte / Fotografía: John Durán
Fachada del edificio sede del ICE localizado en Sabana Norte / Fotografía: John Durán

Un funcionario del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), de apellido Guerrero Bolaños, se libró de sanciones por acoso sexual al adelantar la jubilación y cobrar las prestaciones.

El proceso administrativo en su contra determinó que sí incurrió en hostigamiento sexual contra una empleada del área de limpieza en la Dirección Regional Central de Energía del ICE en el centro de Alajuela, por lo cual, se recomendó el despido sin responsabilidad patronal.

Sin embargo, cuando se emitió la sanción, Guerrero Bolaños ya estaba jubilado y había recibido el dinero por prestaciones luego de haber trabajado como técnico administrativo en el Área Financiera de esa dependencia alajuelense.

Así consta en el acto final emitido por el ICE en el expediente E-002-2019 del 12 de junio.

El caso lo presentó Marlen Méndez Hernández, trabajadora de servicios de limpieza de una empresa contratada por el ICE el 11 de enero de 2019 después de seis meses de soportar el acoso sexual; tal y como se demostró en el caso.

“Se considera proporcional la imposición de la medida disciplinaria del despido sin responsabilidad laboral por las conductas de hostigamiento sexual en que incurrió en perjuicio de la señora Marlen Méndez Hernández, deterioro a la imagen institucional y violación al deber de probidad”, declara el documento oficial del ICE.

No obstante, el texto aclara de inmediato que es “imposible la imposición y ejecución de esa sanción por haber presentado renuncia al ICE a partir del día 19 de marzo de 2019 para acogerse al disfrute de su pensión adelantada por vejez”.

Por lo tanto, el expediente pasó al archivo dejando constancia que el extrabajador incurrió en agresiones que habrían finalizado su contrato de trabajo sin responsabilidad patronal.

En el mismo Procedimiento Ordinario Disciplinario Especial por Hostigamiento o Acoso Sexual, otro funcionario, de apellidos Argüello Molina, sí fue suspendido por un mes sin goce de salario.

A él se le achacaron “conductas de acoso por razón de género, que le generaron a la señora Méndez Hernández un ambiente laboral hostil y ofensivo”.

La Nación consultó la tarde de este lunes al ICE si no era procedente retener el pago de prestaciones de Guerrero con base en el artículo 685 de la Reforma Procesal Laboral del 2017. Esa ley ordena la suspensión de la cesantía de empleados estatales con procesos disciplinarios pendientes.

La respuesta fue: “De acuerdo con la reiterada jurisprudencia administrativa y judicial, por respeto a los derechos constitucionales, en protección del derecho a la intimidad de las partes involucradas y siendo que el expediente administrativo se encuentra en trámite, no nos es posible referirnos a lo consultado”.

‘Me siento un poco indignada'

Marlen Méndez declaró a este diario este mismo lunes sentirse aliviada porque demostró las agresiones de las cuales fue víctima pero inconforme con las sanciones del ICE en este caso.

“Me siento contenta porque demostré que tenía la razón en todo cuanto dije en la demanda, sí me siento un poco indignada porque me parece que lo que resolvieron pues me da la impresión que la sanción debió ser más severa”, refirió.

El acto final dio por probado que Guerrero Bolaños acostumbrada toquetear a la trabajadora sin consentimiento alguno cuando coincidían en pasillos, pues la agarraba por la cintura para hacerle cosquillas.

El documento agrega: “en varias ocasiones intentó abrazar y besarla sin su consentimiento; algunas veces mientras ella iba saliendo de hacer la limpieza en el baño que se ubica cerca del final del pasillo al fondo de las oficinas y traía las manos cubiertas con guantes y sosteniendo con ellas el balde, la escoba y la pala; aprovechaba para intentar agarrarla y abrazarla y propinarle besos; ante lo cual ella reaccionaba colocando el balde y la escoba frente a ella para evitar el contacto; mientras tanto le decía ‘pare...' pero él seguia sin lograr besarla”.

El acoso llegó a tal punto que la trabajadora optó por empezar a utilizar ropa distinta para tapar más su cuerpo cuando le correspondía realizar la limpieza de la oficina del agresor.

El hombre, dice el acto final, incluso “le ofreció que le pidiera lo que ella quisiera a cambio de que ella tuviera algún tipo de relación íntima con él” o tenía la costumbre de “caminar detrás de doña Marlen y realizarle comentarios sobre su físico y su vestimenta cuando ella se había cambiado el uniforme de trabajo”.

“Esto me afectó bastante porque andaba a la defensiva, las insinuaciones y avances eran muchos y cuando yo le dije que no quería problemas, me amenazó con que perdería el trabajo. Un día no aguanté más porque el estrés era mucho, el acoso era demasiado y empecé a tomar medicamentos porque tuve fuertes dolores de cabeza”, declaró a La Nación.

La afectada incluso asegura que terminó siendo atendida en la Cruz Roja de Alajuela por un ataque de ansiedad debido al hostigamiento y porque empezaron a reclamarle haber interpuesto la denuncia.

“Complicidad silenciosa de muchos”

El propio ICE admite que ese hostigamiento adicional por denunciar también ocurrió.

De hecho, el documento da por cierto, por “incuestionable”, que una parte de los trabajadores de esa agencia en Alajuela y otros compañeros ajenos a ella se solidarizaron con los denunciados.

“Tanto por la aparente complicidad silenciosa de muchos de ellos que probablemente fueron testigos de los hechos denunciados, ya sea porque tuvieron la oportunidad de presenciarlos o escucharlos; así como por la generación de un ambiente laboral hostil en contra de la denunciante, una vez que se impuso y ejecutó la medida cautelar de reubicación en contra de los denunciados; lo que terminó de provocar en doña Marlen una afectación, no solo en su estado de salud físico pues tuvo que ser atendida de emergencia en esa misma locación por funcionarios de la Cruz Roja”, se lee en el documento.

El abogado Rodolfo Nassar Guier brindó a la denunciante su asistencia ad honorem en el proceso ya que, en su opinión, el caso era como un enfrentamiento entre David y Goliath contra una cultura institucional del ICE de muchas décadas.

“Esto es una situación a nivel de la cultura institucional de esa empresa que choca con el reconocimiento y dignidad a los cuales tiene derecho una mujer. Al final, acá hablamos de una asunto de respeto en un lugar donde, lamentablemente, abundan hombres y mujeres que ven a otras mujeres como si fueran objetos”, declaró Nassar Guier al ser consultado.