Juan Diego Córdoba González. 1 diciembre, 2019
La familia Grijalba Sandí se enfrenta al desempleo y la pobreza extrema con el apoyo de Puente al Desarrollo. En unos meses quedarán sin la transferencia económica, pero afirman que estarán preparados para ese momento. Fotografía: Jorge Castillo
La familia Grijalba Sandí se enfrenta al desempleo y la pobreza extrema con el apoyo de Puente al Desarrollo. En unos meses quedarán sin la transferencia económica, pero afirman que estarán preparados para ese momento. Fotografía: Jorge Castillo

En este hogar apenas comen con ¢75.000 mensuales. Con ese dinero que les transfiere el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), también deben pagar los recibos de agua y luz, así como comprar los pañales y la leche de su bebé de año y medio.

Las situaciones económicas de la familia de Celia Sandí, en el barrio Bella Vista de Jericó, en Desamparados, empeoraron cuando su esposo, William Grijalba, de 57 años, fue despedido como chofer de un supermercado.

Desde entonces, la familia depende completamente del Estado para comer y costear cualquier cosa que necesiten. También tienen el compromiso de cuidar del padre de Celia, un adulto mayor que no tiene pensión.

“Compramos lo básico: arroz y frijoles. Una bolsita de arroz vale ¢1.135 y para cinco personas no dura nada. Una sopita vale ¢300, entonces son cositas que uno va comprando como puede, porque hay muchas cosas que no se pueden... difícilmente podemos comprar carne”, señaló la mujer de 37 años.

Pese a la dura realidad de este hogar, ubicado en la alta montaña de Desamparados, Celia no pierde la fe de poder salir adelante.

Desde hace casi dos años están en el programa Puente al Desarrollo y desde ahí, su familia empezó a cambiar de mentalidad y ahora lucha para cambiar su situación.

Sus hijos Wilhelm de 17 años y Yalenchka de 14 estudian en el Colegio Técnico de San Juan del Sur, ambos con becas de Avancemos que les da ¢30.000 mensuales para costear pasajes, libros y materiales educativos.

“Voy para bachillerato para poder entrar al Organismo de Investigación Judicial (OIJ), esa es mi meta, estudiar y ser criminóloga para poder ayudar a mi familia en algún momento”. Celia Sandí

Ella también estudia Computación en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), mientras su bebé, Ezequiel, se queda en la Red de Cuido.

Esas ayudas sociales le permitieron a Celia, culminar el noveno año y concluir técnicos medios en criminalística, asesoría jurídica, además del de computación, que espera concluir pronto junto al bachillerato.

La mujer de 37 años afirma que las grandes dificultades económicas que vive su familia, no borran los planes y los sueños que tienen para salir de la pobreza.

"Voy para bachillerato para poder entrar al Organismo de Investigación Judicial (OIJ), esa es mi meta, estudiar y ser criminóloga para poder ayudar a mi familia en algún momento.

“Yo tengo metas grandes, algunas a largo plazo, pero las tengo. No he renunciado, tal vez ellos vinieron (los cogestores del IMAS) a decirme ‘no renuncie a sus sueños, todavía hay opciones para que usted pueda surgir’ y eso es lo que he hecho... fomentarme, tener una misión y una visión de vida para salir adelante”, afirmó Celia.

William Grijalba (izquierda), Celia Sandí (centro), Yajaira Tames del IMAS (gris), Ezequiel (niño) y Yalenchka (joven) participan de un seguimiento de la institución a su situación económica. Fotografía: Jorge Castillo
William Grijalba (izquierda), Celia Sandí (centro), Yajaira Tames del IMAS (gris), Ezequiel (niño) y Yalenchka (joven) participan de un seguimiento de la institución a su situación económica. Fotografía: Jorge Castillo

La cogestora del IMAS que atiende a este hogar desemparadeño, Yajaira Tames, explicó que la familia saldrá de la estrategia en marzo próximo.

En ese momento, dejarán de recibir la transferencia monetaria, pero conservarían las otras ayudas para que no empeoren su situación económica.

“Una vez que ellos concluyan con el proceso de Puente al Desarrollo, ellos puedan seguir con los beneficios de Avancemos, Crecemos y Red de Cuido, siempre y cuando se mantenga en una línea de pobreza extrema o básica”, señaló Tames.

Ese momento no atormenta a esta familia. Esperan estar preparados para enfrentar su futuro.

“No me da miedo porque yo tengo la capacidad... tengo las herramientas para poder enfrentarme al mundo. Digamos, yo sé que puedo seguir con el apoyo de la Red de Cuido, ya no tendré el dinero, pero sí la capacidad de poder encontrar y hacer un buen trabajo para salir adelante, entonces no... no tengo miedo, me siento muy segura de lo que hemos hecho en los últimos años”, afirmó Celia Sandí.

Ezequiel de año y medio se queda en el centro educativo Burbujitas del Saber, en Desamparados, mientras su madre asiste al programa de Computación en el INA. Fotografía: Jorge Castillo.
Ezequiel de año y medio se queda en el centro educativo Burbujitas del Saber, en Desamparados, mientras su madre asiste al programa de Computación en el INA. Fotografía: Jorge Castillo.