Yeryis Salas. 19 octubre
Natalia Solano muestra el cuaderno donde lleva cuentas. De su salario de ¢900.000, le quedan libres unos ¢50.000 por mes. /Fotografía: John Durán
Natalia Solano muestra el cuaderno donde lleva cuentas. De su salario de ¢900.000, le quedan libres unos ¢50.000 por mes. /Fotografía: John Durán

Sin saber cómo, Natalia Solano, de 35 años y empleada de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), adquirió deudas que superaron los ¢40 millones.

Ella, quien trabaja allí desde hace 16 años, paga desde hace ocho años un crédito por su casa, obtenido con esta institución.

A eso se suman las secuelas por el uso indiscriminado de tarjetas, que la obligaron a sacar créditos que le acorralan su salario de ¢900.000, del cual solo le quedan libres cerca de ¢50.000.

"Hay quincenas en las que no puedo hacer un diario, compro lo necesario para que mi hijo esté bien. Papel higiénico, japón, shampoo, pero así que yo te diga que voy a comprar carne y demás, no", contó Solano, vecina de Alajuelita y madre de un niño de 8 años.

Relató que el problema se inició cuando su expareja utilizó las tarjetas de crédito al punto de que ya no podía pagarlas.

“En este país hay mucha usura con tarjetas de crédito, acá cobran lo que les la da gana. Y tras de eso yo me hice de otra tarjeta de Credomatic”.

Entre compras de artículos y arreglos en la casa, la pareja se vio obligada a obtener préstamos para solventar esas deudas.

Cuando se separaron, ella debió asumir esos compromisos con Scotiabank y Beto te Presta, aseguró.

Actualmente, debe ¢3,5 millones a estas entidades, además de ¢20 millones a la CCSS por la casa y ¢20 millones a la asociación solidarista de la institución.

"A mí la deuda de mi casa no me duele, lo que me duele es la de la Asociación, porque si usted me pregunta cómo llegué a eso, no sé".

“Uno se va enredando solo, cuando ve saca un préstamo para cubrir otra cosa pero eso no viene a solucionar absolutamente nada”, afirmó.

“Uno se va enredando solo, cuando ve saca un préstamo para cubrir otra cosa pero eso no viene a solucionar absolutamente nada”, afirmó Natalia Solano en su casa, en Alajuelita. /Fotografía: John Durán
“Uno se va enredando solo, cuando ve saca un préstamo para cubrir otra cosa pero eso no viene a solucionar absolutamente nada”, afirmó Natalia Solano en su casa, en Alajuelita. /Fotografía: John Durán

Para cortar gastos, tuvo que dejar de asistir al gimnasio, de ir a paseos y de pagarle a una empleada para que le limpiara la casa una vez por semana.

“Por ejemplo, si ya no me queda nada del salario, me voy donde mi mamá y alquilo la casa, en un caso extremo sería venderla”, apuntó.

Este último escenario lo evita a toda costa, pues espera que su vivienda sea la herencia que le quede a su hijo.

Solano espera que el proyecto del Gobierno para otorgar créditos blandos le ayude a aliviar su situación, y afirmó estar dispuesta a llevar el programa de educación financiera que establece la iniciativa.

En su lugar de trabajo, donde se desempeña como técnica en ciencias médicas de laboratorio, otras personas atraviesan problemas similares.

“Tengo una compañera en una situación parecida. Un día en el trabajo le dio una crisis, ella llegó agarrándose la cabeza y me decía ‘ya no aguanto más, me voy a morir, no me alcanza la plata’”.

Solano, no obstante, opta por mantener la calma y aprender de la adversidad.

“Dicen por ahí que no hay mejor maestro que unos bolsillos vacíos, y si esto tiene que pasar para yo aprender, pues lo vamos a pasar y vamos a aprender”.