José Andrés Céspedes. 4 abril
El médico de 65 años dice que su vida personal y la de su esposa, quien también trabaja en el hospital de Alajuela, han cambiado mucho. Tienen la preocupación no solo de contagiarse de covid-19, sino de llevar la enfermedad a las casas de sus familiares y amigos. Ellos saben que están muy expuestos por trabajar en el hospital y que lo más responsable es tomar precaución. Foto: Jorge Navarro
El médico de 65 años dice que su vida personal y la de su esposa, quien también trabaja en el hospital de Alajuela, han cambiado mucho. Tienen la preocupación no solo de contagiarse de covid-19, sino de llevar la enfermedad a las casas de sus familiares y amigos. Ellos saben que están muy expuestos por trabajar en el hospital y que lo más responsable es tomar precaución. Foto: Jorge Navarro

Roberto Guzmán Ovares es un médico de 65 años de edad y 41 años de experiencia. Más de la mitad de su vida (36 años) ha trabajado en el hospital de Alajuela como cardiólogo y ahora afronta un reto que en todos sus años como profesional nunca ha vivido: combatir un nuevo coronavirus en el epicentro de la enfermedad, pero sin poner en peligro su vida y la de su familia.

“Hace un mes no visito a mi madre de 98 años, ni a mis hijos y hermanos. Tampoco he podido ver a mi nieta que tiene tres años. Tengo una sobrina que presenta una dificultad para movilizarse y nosotros siempre la visitamos, pero tenemos todo este tiempo de no poder verla. Todo esto por el temor de llevar la enfermedad al resto de la familia”, relató.

Guzmán trabaja en el mismo centro hospitalario donde un médico de 54 años contagió a cinco personas con quienes tuvo contacto directo. Para el 11 de marzo, 165 trabajadores del hospital San Rafael de Alajuela permanecían como casos sospechosos de covid-19. En ese momento, ese doctor fue el origen de las primeras tres cuartas partes de los casos confirmados en el país.

“Cerca de donde él trabajaba se enfermaron varios médicos, pero también se han enfermado enfermeras, oficinistas, la secretaria del departamento donde él trabajaba, una trabajadora de aseo, una asistente de pacientes y hasta alguien que labora en la oficina de computo”, contó el funcionario.

Mucho cuidado

El médico de 65 años dice que su vida personal y la de su esposa, quien también trabaja en el hospital de Alajuela, han cambiado de forma drástica. Ellos saben que están muy expuestos por trabajar en el hospital y que lo más responsable es tomar precauciones con sus seres queridos y pacientes.

“Cada vez que tenemos que ver a algún paciente nosotros no sabemos con certeza si es o no es un portador de la enfermedad (covid-19). Obviamente, cuando alguien ingresa con sospechas de tener la enfermedad o cuando ya está confirmado, las medidas de protección que se toman son extremas”, señaló.

El profesional explicó que, aunque se tomen todas las medidas sanitarias adecuadas, el temor de contagiarse de covid-19 nunca desaparece por completo, ya que todas las personas que trabajan en el hospital en algún momento han estado en contacto con la enfermedad.

Guzmán relató que una de sus compañeras del departamento de Cardiología dio positivo al nuevo coronavirus, así como una técnica que les colabora en las diligencias. Comentó que las dos, afortunadamente, ya se recuperaron con éxito, pero su temor está latente porque pasó mucho tiempo con ellas en el trabajo.

Según él, algo positivo de la emergencia es que en el hospital han aprendido a dejar de lado el miedo individual para luchar por el bien común. En el caso de los médicos cuyo campo de trabajo no les permite ayudar en funciones clínicas, colaboran estudiando y presentando información científica sobre el nuevo virus debidamente seleccionada.

“Cuando alguien ha salido contagiado y lo tienen que incapacitar, la persona se lamenta de tener que irse del hospital pero dice que cuando esté bien regresa para seguir. Hoy me escribió una doctora compañera de trabajo y me dijo ‘doctor, ya salí bien, ya estoy negativa y apenas me autoricen vuelvo a trabajar con más ganas’", afirmó.

El médico también comentó que muchos profesionales del hospital han tenido que aprender a dar consultas telefónicas y telemedicina para que los enfermos crónicos no pierdan sus citas ni se queden sin tratamiento.

Asimismo, dijo que ha sido una motivación muy grande que empresas locales les obsequien alimentos y bebidas en las guardias nocturnas y que varios bomberos, policías y taxistas se acerquen al hospital para ovacionarlos. Además, consideró que el apoyo de las autoridades de salud del país ha sido indispensable.

“Desde la dirección y jefaturas hasta el empleado de aseo, desde el médico especialista, el farmacéutico o el microbiólogo hasta la persona que entrega correspondencia o reparte los alimentos, nos hemos unido para dar lo mejor por los enfermos. La CCSS y el Ministerio de Salud, así como las instituciones de emergencias y desastres, nos apoyan”.

Guzmán Ovares, quien se graduó de la carrera de medicina en la Universidad de Costa Rica en 1979, considera que Costa Rica va a ser uno de los países que mejor va a afrontar la pandemia, siempre y cuando se continúen con los protocolos sanitarios para evitar la propagación masiva del nuevo coronavirus.

El médico de 65 años es el profesional más longevo del hospital San Rafael de Alajuela, pero dijo sentirse “completamente comprometido para seguir luchando contra el covid-19”. Él recomendó a la población tomar esta emergencia con solidaridad, responsabilidad y mucha seriedad, con el fin de cuidar y unir más a Costa Rica.

“Espero que al final de la nota pueda poner esta frase que yo les digo a todos: ¡Que no se caiga el estandarte! ¡Que no se ensucie la bandera!”, finalizó.