Salud

Manuel Saborío, director de Tamizaje: ‘No muchos lugares en el mundo hacen lo que hace Costa Rica’

El país aspira a detectar más enfermedades por medio de la prueba de sangre en el talón; en la actualidad se diagnostican 29.

Manuel Saborío Rocafort, director del Programa Nacional de Tamizaje, destaca que Costa Rica es líder a nivel mundial a la hora de buscar y diagnosticar enfermedades entre bebés.

Desde 1990, el país decidió invertir en un robusto proyecto para tomar muestras de sangre de estos menores, con el objetivo de determinar si padecen trastornos, ofrecer tratamientos y evitar incapacidades para el resto de sus vidas.

Más de 1.000 personas dieron positivo desde su fundación y así lograron mejorar su calidad de vida.

– ¿Por qué nace el Programa Nacional de Tamizaje?

– El Programa Nacional de Tamizaje se creó formalmente el 31 de marzo de 1990, porque el 23 de marzo de ese año se firmó y se publicó, en el diario oficial La Gaceta, el decreto ejecutivo que creaba el Programa Nacional de Aprendizaje.

– ¿Cómo se creó este programa?

– Surgió de dos situaciones en particular. Una fue que a nivel mundial, desde la década de los sesenta, el doctor, Robert Guthrie (desarrollador de la prueba de tamizaje), encontró la manera de poder tener una muestra que no requería de mucha complejidad para su transporte, su manipulación y su análisis. Esa muestra fue la de análisis de sangre seca en papel de filtro. Él logró demostrar que con esa muestra podía investigar ciertos analitos que se acumulaban en el cuerpo y provocaban ciertas enfermedades.

“El doctor Guthrie lo hizo porque tenía dos sobrinos con fenilcetonuria (un trastorno hereditario que causa la acumulación de un tipo aminoácido en la sangre); esa era su motivación. Entonces, el doctor Carlos De Céspedes, en Costa Rica, en la década de los ochenta, hizo dos cosas: comenzó a buscar, en entidades, personas con retardo mental, que tuvieran algunas enfermedades que pudiesen ser detectadas a través del tamizaje. Luego, aplicó un plan piloto en Turrialba para medir la efectividad y la logística de la prueba.

“Una vez que se hizo eso, se generó la información suficiente para decirle al Gobierno que era un proyecto que valía la pena para evitar discapacidad intelectual y la muerte”.

– ¿Qué otros aspectos favorecieron la creación de este programa?

– Lo que le comenté, se juntó con otra situación en particular. En ese momento, el que era ministro de Salud, era pediatra, el doctor Edgar Mohs. Entonces, no fue muy difícil convencerlo, se juntaron todas las condiciones para que se diera.

– En la actualidad, el Programa Nacional de Tamizaje tiene una cobertura superior al 98% ¿Cuáles son los retos a futuro?

– Está orientado básicamente a dos áreas, que son las que veo a corto o mediano plazo. Lo primero es que hay nuevas enfermedades que pueden ser detectadas por el programa de tamizaje.

“La otra cosa es ampliar, porque el mundo se está moviendo hacia la parte molecular, la plataforma que tenemos y poder diagnosticar una serie de enfermedades en adultos, no de manera temprana, pero sí que permita estudiar grupos de riesgo para ciertas condiciones. Se haría usando una tecnología que sea más secuenciación de nueva generación, estudiaríamos un grupo de 80 enfermedades.

– ¿Qué argumentos hay para afirmar que el Programa Nacional de Tamizaje en Costa Rica es líder a nivel mundial?

– Puede sonar como muy normal eso de que detectamos 29 enfermedades, pero: ¿quién más hace esto en el continente? Solo algunos programas privados.

“En América Latina, por ejemplo, lo hacen programas privados en Yucatán, México, y en Petróleos Mexicanos, pero ahí lo hacen para los hijos de los 14.000 empleados. En Uruguay intentan imitar lo que nosotros hacemos, pero nadie más.

“En España, algunas comunidades lo hacen, Austria lo hace, Italia también lo hace en algunas regiones, Japón, Australia y Nueva Zelanda, no hay muchos lugares en el mundo que hagan tamizaje como lo hace Costa Rica”.

– ¿Por qué Costa Rica decidió invertir en tamizaje?

– Una vez que este programa, en especial durante los primeros 10 años, demostró su utilidad en la prevención del retardo mental, la discapacidad y las muertes en recién nacidos, comenzamos a buscar qué tecnologías se podían aplicar en forma masiva para poder ampliar el número de enfermedades detectadas.

“Entonces, lo fuimos haciendo de forma escalonada, ampliamos de tres a cinco enfermedades y así fuimos. Luego, con el uso de tecnologías, se requería el mismo aparato y el mismo reactivo y pudimos incluir ocho o nueve enfermedades más.

“Fue muy fácil convencer a las autoridades de que agregar una enfermedad más no iba a significar una erogación de recursos mayores de lo que ya estábamos haciendo. Nada más era explotar al máximo la tecnología que teníamos disponible y que nos permitieran, por supuesto, una vez seleccionada una enfermedad, garantizar el tratamiento”.

Diego Bosque

Diego Bosque

Periodista en la sección Sociedad y Servicios de La Nación. Graduado de Periodismo en la Universidad Latina. Escribe sobre infraestructura y transportes.