José Andrés Céspedes. 17 febrero
Paola Pérez Reyes estudia Planificación Urbana en Wuhan, China.
Paola Pérez Reyes estudia Planificación Urbana en Wuhan, China.

La costarricense Paola Reyes Pérez vive atrapada en la ciudad china donde comenzó la epidemia del nuevo coronavirus y, aunque espera ser rescatada por el Gobierno de Costa Rica, su esperanza se ve disminuida por los comentarios de odio que lanzan los costarricenses en redes sociales sobre su posible retorno al país.

“Todos los ticos desean que ella se muera allá o vea qué hace allá antes de venir a Costa Rica, porque diay, así somos los ticos de solidarios con nuestros compatriotas”.

Con esas palabras Emma Lydia Pérez, madre de Paola, describe los comentarios que hacen los costarricenses en redes sociales cada vez que aparece una noticia sobre la situación de su hija, quien está libre del coronavirus.

Reyes, de 34 años, llegó a Wuhan, China, hace dos años para cursar una maestría en Planificación Urbana, en la Escuela de Ingeniería Civil. Cuando le faltaban unos meses para graduarse, esta vecina de Coronado, San José, se topó con la emergencia del nuevo coronavirus.

Ella iba a ser rescatada por el Gobierno de Costa Rica hace más de un mes, pero el transporte nunca llegó. Ante esto, la costarricense ha tenido que sobrevivir por sus propios medios en las residencias de la universidad, pero los comentarios que ha visto en redes sociales sobre su supuesta llegada a Costa Rica le han afectado, afirmó su mamá.

“Las muchachas que están allá, incluida mi hija, no ven redes sociales por los comentarios que se hacen de la noticia aquí en Costa Rica. Yo creo que Dios no quiere que ellas vengan aquí porque los ticos ven que aterriza el avión donde vienen y son capaces de prender fuego para que ellas no bajen de ahí”, comentó.

La madre declaró este lunes a La Nación que su hija está bien de salud, pero que ve lejana la posibilidad de que sea rescatada. La embajada costarricense en Pekín actuó con lentitud y hasta ahora no ha logrado sacarla, mientras que ciudadanos de otras nacionalidades sí han sido auxiliados por sus delegaciones.

“Ella hace lo que hace todo el mundo, estar ahí encerrada. Sobrevivir con lo que tiene, nada más. Cada 10 días les permiten salir y los monitorean, tienen un lapso para salir, comprar algo y volver. Luego entre amigos se reúnen y se comparten lo que hay ahí. Si uno necesita tal cosa el otro le da y así”, explicó Pérez.

Agregó que la mayor preocupación que tiene es que su hija se contagie, ya que padece de asma y eso podría afectarle mucho. Aún así, señala que no se encuentra molesta con el Gobierno costarricense, ya que “ha hecho lo posible”.

“Yo con el Gobierno no tengo ninguna molestia, la molestia mía es con los mismos compatriotas míos. Espero que nunca nadie esté en una situación como esta, es alarmante, no sabe usted lo preocupante. Yo también estoy con ayuda porque sino en este momento no estaría hablando con usted, estaría hecha una bomba de lágrimas. Yo tengo una amiga que es psicóloga y ella también nos está ayudando en ese sentido”.

Añadió que le prohibió a su hija ver los comentarios que ponen los costarricenses en las noticias donde la mencionan, ya que son bastante despectivos.

“Yo le prohibí a ella que viera los comentarios en Facebook porque es desesperante. Es como que usted estuviera en un incendio en un décimo piso y la gente abajo diga ‘no, dejen que se queme esa, de por sí ya se quemó todo el resto', es algo ilógico, la gente no la quiere. En síntesis esa es mi molestia, mi dolor, de ver cómo somos nosotros aquí”.