Salud

Anestesiólogo narra momentos vividos antes de intubar a pacientes con covid-19

A este profesional le corresponde asistir a los pacientes que no pueden respirar de otra forma y estar cerca de ellos durante la videollamada que les permiten hacer a sus familias

En 17 años de trabajo como anestesiólogo, Luis Alonso Sánchez ha acompañado a muchos pacientes graves en procesos muy complicados. Sin embargo, asegura que, por cantidad y por gravedad, nada se compara a lo que ha visto con covid-19, especialmente en las últimas semanas.

El proceso más doloroso de su trabajo en el Hospital Max Peralta, en Cartago, es el momento de la intubación, procedimiento al que se acude cuando el paciente está en una condición tan crítica que ya no tiene otra forma de respirar, si no se realiza, no hay forma de que sobreviva.

“Para que un paciente se intube quiere decir que ya hay una cascada inflamatoria que se volvió incontrolable”, agregó.

Consiste en colocar una sonda a través de la tráquea hasta su conexión con los pulmones para proteger la vía aérea y mejorar el flujo de aire. Se les proporciona oxígeno con una mezcla de gas fresco para que el paciente sobreviva.

“El paciente por sí solo no puede lograr una buena oxigenación de los tejidos porque hay un daño en el tejido pulmonar. Necesita modos ventilatorios que son proporcionados por los ventiladores automáticos y así poder ‘reclutar’ la mayor cantidad de alvéolos, que son la unidad más pequeña del pulmón para que trabaje”, explicó Sánchez.

Intubar es una tarea cada vez más frecuente, y también es cada vez más frecuente en personas jóvenes. Sin embargo, cuando ya requieren intubación, implica que la probabilidad de que fallezcan es “muy alta”. Ante esa realidad, es que se les permite hacer una videollamada para que se despidan de sus familiares.

“La gente siente que se acerca a un proceso crucial de sus vidas en donde saben que el riesgo de morir es alto. Entonces uno está ahí, preparando los medicamentos que debe colocar y la persona se está despidiendo de los más allegados. Se nos hace un nudo en la garganta. Nosotros en ese traje, pareciera que no pasa nada, pero por más profesionales en salud, somos humanos y deseamos que esto no hubiera pasado”, confesó.

Dos días después de esta entrevista, Sánchez relató a La Nación otro caso que lo impactó, pues se trataba de una paciente de 23 años, de 170 kilos de peso. Ella se encontraba en posición prono (bocabajo, para permitir una mejor respiración) y tenía una cánula de alto flujo que le ayudaba a respirar, pero no era suficiente.

“Cuando la colocamos bocarriba para proceder a la intubación... usted no sabe la angustia de ella por no volver a ver a su mamá. Había miedo en sus ojos. La súplica por ayuda. No se pudo despedir de su familia porque al colocarla bocarriba su situación ventilatoria empeoró drásticamente”, relató.

“Todo lo que uno ve de covid que no respeta edad, clase social, color, nada. Ahí en esas camas críticas los paciente están un poco a la suerte de su respuesta inmune y de como respondan a las terapias posintubación”, agregó.

Lucha contra desinformación

Los pacientes que requieren ese procedimiento tan invasivo son una minoría marginal, pero cada vez más creciente y una de las razones por las que ocurre es la desinformación que disuade a muchas personas de vacunarse. El que haya personas, que incluso estudiaron Medicina, diseminando información falsa sobre las vacunas pasa una factura alta.

“Yo casi no veo pacientes adultos mayores. En su mayoría son personas de 40 a 55 años que por alguna razón no se han vacunado”, destacó.

En estos pacientes, hay otro obstáculo. Al ser personas más jóvenes y cuyo sistema inmunitario resiste más, su estancia hospitalaria es más larga y esto complica la saturación. Y, además, en el caso de quienes mueren, la agonía es más larga, duran más tiempo en fallecer que un adulto mayor.

Según el anestesiólogo en esas estancias prolongadas, los mismos pacientes piden a los médicos que hablen con sus familiares para que se vacunen.

“Algunos dicen ‘yo no me quise vacunar, ahora veo el error. Díganle a mi hijo, que está gordito, que no haga lo que yo hice y se vacune”, recordó.

Sin embargo, esos mensajes no siempre calan.

“Uno sale de esas unidades algo desmoralizado. Uno cree que la gente va a reaccionar, que se van a vacunar, que van a adquirir conciencia, pero lo cierto es que, hasta que no lo viven en carne propia por una situación personal o de alguien cercano, no toman medidas ni siguen protocolos”.

Realizar cirugías es más difícil

Su trabajo fuera de atender la pandemia también lo lleva al quirófano a acompañar diferentes procedimientos, los que también se han visto afectados en las últimas semanas.

Pueden darse casos de pacientes covid que están leves, pero que, por alguna razón, requieren una cirugía de emergencia. En estos casos, el proceso en quirófano lleva protocolos más rigurosos para evitar que el virus se disemine.

Además, la saturación hospitalaria golpea las diferentes cirugías. En el Max Peralta, es normal tener 14 o 15 pacientes con covid-19 con ventilación mecánica.

“Se nos acaban los ventiladores, porque también son necesarios en otras salas del hospital. Nos quedamos sin ventiladores, y cuando llegaba el paciente politraumatizado o baleado no teníamos un ventilador para él”, manifestó.

Sánchez recuerda que la semana pasada llegó un paciente covid-19 con apendicitis y requería una intervención de emergencia. Esta se hizo, pero ya los salones de covid estaban llenos y no tenían dónde llevarlo para su recuperación.

Trabajar sin insumos

Este anestesiólogo no resultó afectado por el brote que se dio hace unas semanas en las salas de operaciones del Max Peralta; estaba de vacaciones cuando se dieron los contagios.

Sin embargo, Sánchez aseveró que sus compañeros no tenían los insumos mínimos para trabajar de forma protegida, pues no tenían suficientes equipos de protección N95. Además, a diferencia de otros hospitales, no se les hacía la prueba PCR a los pacientes que llegaban para una cirugía, solo se les hacía un cuestionario de síntomas y de contactos.

“Eso llevó a que estuviéramos operando pacientes positivos sin saberlo. Había pacientes asintomáticos y nosotros no nos estábamos cuidando de la mejor manera”, señaló.

Afortunadamente, ninguno de los funcionarios requirió internamiento y al menos provocó que el centro médico mejorara las medidas de seguridad.

“Ahí es donde uno ve que las vacunas funcionan. Varios de ellos tenían condiciones que los predisponían a complicarse y ninguno lo hizo. Por eso es necesario que todos nos vacunemos”, concluyó.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.