
En una plazoleta a medio llenar y frente a la presidenta de la República, Laura Fernández Delgado, y varias autoridades del Gobierno, el obispo de Ciudad Quesada, monseñor José Manuel Garita, hizo un llamado a atender los problemas que aquejan a nuestro país, durante la eucaristía en honor a la Virgen de los Ángeles.
En su mensaje de este domingo 2 de agosto, Garita destacó la importancia de “discernir con sabiduría los signos de los tiempos que estamos viviendo”, para aportar a la realidad de nuestra sociedad, y pidió “iluminación” para quienes tienen cargos públicos.
“Nuestra nación vive momentos que reclaman la responsabilidad de todos. Costa Rica continúa experimentando desafíos que no podemos ignorar; la violencia sigue sembrando dolor en muchos hogares, la criminalidad hiere profundamente el tejido social, el narcotráfico continúa destruyéndonos, la corrupción sigue causando daño, injusticia y escándalo”, advirtió el sacerdote.

Garita recordó que aún numerosas familias viven con incertidumbre y la pobreza golpea a muchas personas que carecen de oportunidades dignas. Esta situación, dijo, provoca soledad, indiferencia, ansiedad y desesperanza.
“El futuro de Costa Rica no podrá construirse sino desde la armonía, el entendimiento y la búsqueda honesta de intereses y metas comunes que garanticen el bienestar integral de todos”, añadió.
En su llamado final y sin mención específica al Gobierno, Garita resaltó la necesidad de abrir espacios de diálogo, cultivar respeto y buscar el bien común “para sacar adelante a Costa Rica en medio de los desafíos, preocupaciones y urgencias que nos afectan a todos”.
“Nuestro país necesita hombres y mujeres capaces de escucharse y de respetarse incluso cuando piensan distinto (...) gobernantes y servidores públicos que ejerzan con honestidad, altura y espíritu de servicio”, añadió durante la eucaristía, en la que las sombrillas se utilizaron primero por la lluvia y luego para protegerse del sol, antes de dar paso a los abrigos que varios asistentes volvieron a utilizar conforme avanzó la mañana.
Fernández, quien llegó a las 8:57 a. m., ocupó junto a su esposo Jeffry Umaña y el vicepresidente Douglas Soto un espacio en el altar del templete ubicado en la plazoleta de la Basílica. Ni a la entrada a Cartago, ni a su salida, atendió a la prensa.
Sin embargo, a su llegada fue recibida con aplausos por parte de algunos de los presentes, quienes la saludaban mientras caminaba junto a su esposo y al sacerdote Miguel Adrián Rivera. Ella respondió con una sonrisa y saludó a los asistentes. Al retirarse, volvió a despedirse de los fieles con el mismo gesto.
A la misa la acompañaron algunos miembros de su gabinete, entre ellos el ministro de Seguridad, Gerald Campos, la ministra de Economía, María del Milagro Solórzano, el ministro de Salud, Alexánder Sánchez, la ministra de Ambiente, Mónica Navarro, y el viceministro de Justicia, Nils Ching.
Además, asistieron la presidenta de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Mónica Taylor; el presidente del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), Marco Acuña; la presidenta del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), Lourdes Sáurez; y la presidenta de la Junta de Protección Social (JPS), Paola Nájera.
En la eucaristía también se encontraban la presidenta del Congreso y diputada oficialista, Yara Jiménez y la diputada de Liberación Nacional, Janice Sandí, y el alcalde de Cartago, Mario Redondo.
Con la homilía de este 2 de agosto, en honor a la Patrona de Costa Rica, cierra una semana de mensajes lanzados por la Iglesia católica hacia las autoridades de gobierno.
El pasado 25 de julio, durante las celebraciones de la Anexión del Partido de Nicoya, el sacerdote Jeison Víquez Acuña, de la diócesis de Tilarán-Liberia, instó a la presidenta de la República, Laura Fernández, a no aumentar los impuestos que se cobran sobre los productos de la canasta básica y también le recordó que la libertad de pensamiento es un tesoro que Costa Rica debe cuidar.
“Educar no consiste en decirles a nuestros jóvenes qué deben pensar. Educar significa enseñarles a pensar, a preguntar, a discernir, a dialogar con quien piensa diferente y a participar responsablemente en la construcción de la sociedad. Una democracia no debe temer a ciudadanos que piensan, sino debe temer más bien el día en que sus ciudadanos dejen de hacerlo“, dijo el sacerdote.
Por su parte, el obispo Manuel Eugenio Salazar Mora, de la diócesis de Tilarán-Liberia, se pronunció en contra de las dictaduras el pasado jueves 30 de julio durante una homilía ofrecida en la basílica de los Ángeles.
Después de afirmar que el país está polarizado, el sacerdote defendió el derecho de la Iglesia católica a pronunciarse sobre los problemas nacionales y lanzó cuestionamientos a diversos sectores y sobre diferentes temáticas.
“No a las dictaduras ni de izquierda ni de derecha”, aseveró el obispo, justo antes de llamar a defender la democracia con una oración.
Este domingo, con la presidenta de la República sentada a un lado, monseñor Garita reiteró que, a lo largo de la historia, Nuestra Señora de los Ángeles ha sido “factor indiscutible de identidad y unidad nacional. Cuando el país ha vivido momentos difíciles, el pueblo ha vuelto sus ojos hacia la madre. Ella nos recuerda que somos una sola familia”, aseveró.

