Política

Nogui Acosta, de pescador en Guanacaste a ministro de la disciplina fiscal

En la década de los 80, tuvo un bote de pesca y se había convertido en pequeño empresario, pero asumió el reto de sus padres de estudiar

Nogui Acosta pudo haberse quedado surfeando en las olas de Tamarindo, Santa Cruz, al lado de los turistas de Estados Unidos, quienes llevaban las tablas a su pueblo; o seguir pescando con su bote mar adentro, actividad que constituyó su fuente de ingresos durante una parte de su vida.

Sin embargo, en 1985, prefirió asumir el reto de ser responsable con sus padres, en los estudios, para superarse profesionalmente. “Uno es una promesa de los padres, de ser mejores que ellos”, valora Acosta. Así, sin haber tenido claridad sobre lo que quería estudiar, casi a sus 18 años, abandonó las tablas y la redes y emprendió el viaje a San José para cursar una carrera en la Universidad de Costa Rica (UCR).

Desde entonces, desarrolló una vida profesional que ha abarcado las finanzas, los seguros, el Congreso y el Gobierno. Su carrera fue salpicada, incluso, por un escándalo de pago de impuestos que lo obligó a renunciar al cargo de viceministro de Hacienda, en el 2019, una experiencia de la cual sacó enseñanzas, según dice.

Este 8 de mayo, a sus 54 años, este economista volverá a al Ministerio de Hacienda, esta vez en el cargo de ministro del gobierno de Rodrigo Chaves.

Así como tiró la línea de pescar en su juventud, ahora anuncia la línea de la disciplina fiscal: “Espero estar a la altura de las expectativas del presidente (Rodrigo Chaves) y del país. No será fácil. La gente cree que la estrechez fiscal ya pasó y no es así”.

La disciplina fiscal no debe ser negociable”, machaca el futuro jerarca, quien ha alabado los resultados de la regla fiscal de la que tantas instituciones buscan salirse.

Nogui Ramón Acosta Jaén nació en San José por los avatares de la vida, “pero soy guanacasteco por todos los costados”, aclara de inmediato. “Mi color de piel no es gratuito”, añade en alusión a su vida vinculada con el mar.

“Mis principales recuerdos de infancia son de Tamarindo donde vivía con mi familia. Como todos los chiquillos de la playa, me dedicaba a pescar; aprendí en algunos momento a surfear. Tuve un bote de pesca y me había convertido en pequeño empresario, un pescador independiente. Luego, cuando vino la oportunidad de estudiar me trasladé a San José e hice Economía en la Universidad de Costa Rica”, recordó el economista.

En su tiempo de pescador, en la década del 80, recuerda que lograba ganar hasta ¢100.000 en una semana. “Eso era toda la plata del mundo. A mí me tocaba trabajar porque tenía que ir a la universidad. Ocurrió un fenómeno que no tengo idea de sus razones, pero arribó tanto pescado a la costa que nosotros íbamos a pescar y realmente era impresionante la cantidad de dinero que usted ganaba”, comentó.

Los primeros cinco años de su infancia los vivió en Villarreal, un pueblo ubicado a cuatro kilómetros de Tamarindo. Luego sus padres se trasladaron a Tamarindo, para dedicarse al comercio.

Su padre, Ramón Nogui Acosta Antonini, solo estuvo tres años en la escuela. “Mi papá me dijo ‘yo estuve tres años en la escuela, todos en primero’”, cuenta con humor. Su madre, Luzmilda Jaén López, sí terminó la primaria y, luego, cuando la vida les cambió, se dedicaba a la cocina del restaurante que instalaron en Tamarindo.

“Ellos mejoraron su condición a raíz del crecimiento del turismo. La verdad que, para Guanacaste, el turismo se ha convertido en una baza para mejorar la condición de vida de las personas, pero aún falta por hacer cosas”, valora.

El gusto por la Economía lo descubrió ya estando en Estudios Generales en la UCR, a través de un curso de Introducción a la Economía impartido por el profesor Jorge Corrales.

“Un profesor extraordinario que, en su clase, me convenció que era lo que yo quería aprender. A partir de ahí, empecé el recorrido por las diferentes materias. Tuve profesores excepcionales como Petita Echandi, Rodolfo Jiménez, don Dennis Meléndez, don Fernando Naranjo; gente que me dejó enseñanzas muy importantes y me dio el ejemplo de desprendimiento con el país, la necesidad de asumir puestos de decisión y de devolver de lo que el país invierte en nosotros”, comenta.

Se graduó de licenciado en Economía con énfasis en Administración de Negocios y, tiempo después, obtuvo un Máster en Economía con énfasis en Economía Empresarial, en la misma casa de estudios.

Acosta asumirá la cartera en la que estuvo 16 meses como viceministro de Ingresos, al principio de la administración de Carlos Alvarado.

Su entonces jefa, Rocío Aguilar, recuerda: “Hombro a hombro llevamos adelante la reforma” fiscal del 2018.

“Tiene un excelente conocimiento del entorno político, experiencia de años en la Asamblea Legislativa, confiable, estratégico y con capacidad de construir soluciones. A esto le agrego sus grandes cualidades personales”, añade la exministra, hoy jerarca de la Superintendencia de Pensiones (Supén), en donde Acosta también trabajó como su asesor.

El futuro jerarca de Hacienda renunció el cargo de viceministro en setiembre del 2019. En esa ocasión, trascendió que un negocio familiar, un bar-restaurante ubicado en Tamarindo, le debía ¢10 millones al Ministerio de Hacienda por concepto de impuesto al valor agregado (IVA), y ¢15 millones a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), por cuotas obrero patronales.

De ese problema, aprendió que “una responsabilidad es para siempre, que mi responsabilidad era asumir el papel que tenía dentro de esa junta directiva, de ser vigilante, de preguntar y esperar transparencia de las personas con las que formaba parte en esa junta. Creo que fue una oportunidad para aprender, para entender y, sobre todo, para evaluar el compromiso que significa decir que sí a ese tipo de participaciones”,

Su principal tarea será continuar la ruta de sanidad fiscal que inició a principios del gobierno de Alvarado, labor dirigida por la entonces titular de la cartera, Rocío Aguilar. La misión pasa por la difícil tarea de mejorar los ingresos, impulsar eficiencias en el gasto público y reducir el déficit fiscal y la deuda pública.

“Hay que tener un balance, de eso estamos claros; sin embargo, la disciplina fiscal no debe ser negociable”, advierte en conversación con La Nación.

“Ni siquiera hay que ser ministro para saber lo que la gente nos está pidiendo. Es que cobremos bien los impuestos, ataquemos la evasión, facilitemos el proceso de pagar impuesto y me parece que los planes ya están ahí. Lo que se necesita es un ejecutor y eso fue lo que don Rodrigo (Chaves) me recalcó: ‘Que el Ministerio de Hacienda cumpla con su papel, que es recaudar los impuestos de una manera expedita, sencilla, que la gente sienta ganas de pagar y que‚ además, sea mano dura con aquellos que no pagan’”, recuerda.

La tarea pasa, también, por revisar las exoneraciones. “Me parece que no es el tema de aumentar impuestos, sino hacer la cancha más pareja. En ese sentido el Estado tiene la responsabilidad de hacer una evaluación continua de las exoneraciones: si cumplen un rol, si tienen impacto efectivo”, justifica.

En la parte del gasto, Chaves le pidió pidió que sea “muy celoso con el tema de la regla fiscal, porque me parece que es el elemento básico sobre lo cual ha descansado la contención del gasto”, añadió.

Su retorno al Gobierno lo decidió un día antes de su presentación oficial como ministro designado: “En primera instancia, él (Rodrigo Chaves) me ofreció un puesto. Lo dudé. Honestamente, le dije que no. Él me pidió que no descartara la posibilidad de participar”.

Días atrás, el presidente electo lo había llamado para sugerirle que sometiera su currículo a concurso por un puesto en el Gobierno. Tres días después, estaba en una entrevista con el presidente electo en la que intercambiaron opiniones desde temas de vivienda, hasta la parte fiscal y económica.

“Realmente, me ofreció una participación en el Gobierno más que un puesto en específico. La razón de rechazar la primera invitación pasó por varios temas. La primera es que es un sacrificio para la familia. Formar parte de un Gobierno y ser una figura pública tiene un costo familiar y personal. El segundo tema era salarial. Después de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, un puesto que tiene 12 años de estar congelado el salario base, tiene un impacto desde el punto de vista económico. Eso también es un tema de sacrificio.

“Yo estaba como asesor en la Superintendencia de Pensiones, un puesto relativamente tranquilo. Digo tranquilo en el sentido de que mi labor no era tan mediática como ser ministro. Estábamos trabajando proyectos interesantes”, relata.

El jueves pasado (28 de abril), un día antes del último anuncio del gabinete, Chaves lo llamó de nuevo y le ofreció ser ministro de Hacienda.

“Y aquí hay dos cosas que puedo decir. La primera es que uno le puede decir que no al país una vez, pero no dos. Ahí conversé con mi familia y tomamos la decisión de que íbamos a apoyar al Gobierno, que íbamos a hacer nuestro mejor esfuerzo. No solo desde el punto de vista profesional, sino también desde el punto de vista personal y familiar.

“Hoy la ruta de consolidación fiscal es tal vez la forma más importante de poder asegurarle a los costarricenses que le cumplimos con los servicios, que le cumplimos con los beneficios y que podemos asegurarles a los costarricenses que van a tener el Estado benefactor que hemos venido construyendo a lo largo de los años”, subraya.

Josué Bravo

Josué Bravo

Periodista en la sección Política, con 16 años de experiencia como corresponsal del Diario La Prensa de Nicaragua en temas políticos, diplomáticos, judiciales y migratorios.

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