Lucía Astorga. Hace 4 días
A diferencia de las otras tres fachadas, el costado sur no tiene un retiro, está sobre la acera de una de las más importantes arterias viales del país, lo que hace de esta la cara más vulnerable del Teatro Nacional. Foto: Rafael Pacheco
A diferencia de las otras tres fachadas, el costado sur no tiene un retiro, está sobre la acera de una de las más importantes arterias viales del país, lo que hace de esta la cara más vulnerable del Teatro Nacional. Foto: Rafael Pacheco

El Teatro Nacional nuevamente dejará ver su cara sur a partir de esta semana, tras concluir los trabajos de restauración de las rocas que cubren el edificio.

En los próximos días desaparecerá el andamio que se ubica sobre la acera, que colinda con la avenida segunda, así como las latas de cinc que envuelven la estructura metálica, dijo Andrea Aguilar, ingeniera encargada de mantenimiento.

Las autoridades del Teatro Nacional cubrieron el andamio con latas de cinc para protegerlo del hampa, así como para evitar que las personas pasen o duerman bajo la estructura metálica. Foto: Rafael Pacheco
Las autoridades del Teatro Nacional cubrieron el andamio con latas de cinc para protegerlo del hampa, así como para evitar que las personas pasen o duerman bajo la estructura metálica. Foto: Rafael Pacheco

La fachada sur es una de las áreas del inmueble que sufre más deterioro, de ahí que desde el 2016 se iniciara una intervención para solventar los problemas que venía acumulando, producto del impacto diario que genera la contaminación ambiental, las excretas de paloma, las vibraciones por el tránsito vehicular, los sismos y el paso del tiempo.

“Se ha tenido que hacer poco a poco, porque todo el trabajo es minucioso, entonces, hemos ido ejecutándolo por secciones y por grado de deterioro. Es decir, empezamos por las piedras que ya estaban a punto de desplomarse”, indicó la restauradora del Teatro Nacional, Carmen Marín.

La ingeniera Andrea Aguilar mostró a La Nación el resultado de los trabajos para restaurar el costado sur del edificio patrimonial. Foto: Rafael Pacheco
La ingeniera Andrea Aguilar mostró a La Nación el resultado de los trabajos para restaurar el costado sur del edificio patrimonial. Foto: Rafael Pacheco

El proyecto de restauración requirió una inversión inicial de ¢75 millones y luego se hizo una ampliación de ¢20 millones más.

Seguidamente se espera intervenir la fachada principal, para lo cual se está desarrollando un proyecto que aún debe ser presentado a la dirección del Teatro Nacional para su eventual aprobación.

“La idea es continuar con la fachada principal y luego seguir a las dos caras restantes del edificio”, manifestó Aguilar.

Aguas y palomas, una amenaza
En la imagen se puede apreciar el daño que presentaba la moldura de caveto, con grandes secciones completamente ausentes, lo que facilitaba la filtración de la lluvia. Foto: Cortesía Teatro Nacional
En la imagen se puede apreciar el daño que presentaba la moldura de caveto, con grandes secciones completamente ausentes, lo que facilitaba la filtración de la lluvia. Foto: Cortesía Teatro Nacional

Los trabajos incluyeron recuperar la forma original de la moldura de caveto, la cual se encuentra entre la canoa y la pared.

“Se hizo para evitar filtraciones y conservar la estética original del edificio. Se rellenó con mortero y varilla de acero inoxidable, porque si se le pone varilla corriente, esta se puede llegar a oxidar y dañar de nuevo el edificio”, explicó Aguilar.

Así luce ahora la moldura de caveto tras la intervención efectuada. Foto: Rafael Pacheco
Así luce ahora la moldura de caveto tras la intervención efectuada. Foto: Rafael Pacheco

La falta de relleno en muchas partes de la construcción representaba un riesgo para la parte interna de la estructura, “que es mucho más delicada que la parte externa”.

“Por esta moldura se mete el agua de la lluvia que baja por la canoas, se filtra por la grieta, dañando estructuralmente la pared y también pudiendo afectar los estucos y mármol que tenemos en la parte interna”, advirtió la experta.

Púas y una malla metálica fueron colocadas en varias secciones para evitar que las palomas aniden ahí, ya que sus excretas generan un importante daño a la estructura. Foto: Rafael Pacheco
Púas y una malla metálica fueron colocadas en varias secciones para evitar que las palomas aniden ahí, ya que sus excretas generan un importante daño a la estructura. Foto: Rafael Pacheco

Se colocaron púas en la moldura superior de los frontones de las rocas y también una malla de metal expandido dentro de los triángulos que forman el frontón, para evitar que las palomas se posen sobre estas secciones.

Daño riesgoso
Los frontones triangulares de las ventanas del costado sur tenían un importante desprendimiento en sus esquinas. Foto: Cortesía Teatro Nacional
Los frontones triangulares de las ventanas del costado sur tenían un importante desprendimiento en sus esquinas. Foto: Cortesía Teatro Nacional

La fachada sur cuenta con nueve ventanas, dos de ellas son en forma de arco y las otras triangulares. En estas últimas se cambiaron los frontones que estaban más dañados, tratando de intervenir lo menos posible.

Sin embargo, el deterioro producto de la meteorización de la roca, ya estaba generando que varias partes de la roca se desprendieran, afectando la estética, pero más importante: la seguridad de los peatones.

Los trabajos efectuados en las ventanas triangulares permitieron completar los frontones y evitar el riesgo de que se siga desintegrando. Foto: Rafael Pacheco
Los trabajos efectuados en las ventanas triangulares permitieron completar los frontones y evitar el riesgo de que se siga desintegrando. Foto: Rafael Pacheco

Otro elemento que se atendió fue la sisa entre las rocas, cuya presencia era prácticamente nula, propiciando la filtración del agua.

Los pilares de las ventanas también fueron reparados; las molduras y rocas más deterioradas se cambiaron, aquellas que estaban en mejores condiciones se restauraron.

Respeto al pasado
Las piedras fueron trabajadas a mano para conservar la forma original del edificio. Foto: Rafael Pacheco
Las piedras fueron trabajadas a mano para conservar la forma original del edificio. Foto: Rafael Pacheco

Todas las rocas se trabajaron a mano para darle la forma original que tenía el Teatro, usando la misma metodología con la que se construyó el edificio, inaugurado en 1897.

Esta labor recayó en un contratista llamado Jonathan Krieg, un estadounidense radicado en Costa Rica, quien se especializó en el Reino Unido sobre este tipo de intervenciones.

Las sisas de las paredes también fueron atendidas, ya que las grietas permitían la filtración del agua. Foto: Rafael Pacheco
Las sisas de las paredes también fueron atendidas, ya que las grietas permitían la filtración del agua. Foto: Rafael Pacheco

Encontrar las rocas de mejollón indicadas para esta labor también resultó una tarea difícil, según explicó la ingeniera Aguilar. “(...) tenían que ser de un color similar, que fueran del mismo tipo y tuvieran la dureza, porque a pesar de que estén en el tajo, pueden ser muy antiguas y venir deterioradas”.

Otra de las muestras de respeto al pasado se observa claramente en las paredes del costado sur.

En las paredes se observan unas líneas que fueron dejadas adrede como recordatorio de la forma original en que se trabajaban los repellos. Foto: Rafael Pacheco
En las paredes se observan unas líneas que fueron dejadas adrede como recordatorio de la forma original en que se trabajaban los repellos. Foto: Rafael Pacheco

“Morteros y repellos, se trabajaban por tareas (...) entre las secciones que eran atendidas por los operarios, quedaba una línea, tratamos de mantener las mismas líneas para conservar la fachada igual a cuando se inauguró”, explicó la ingeniera.