
El inicio del curso lectivo va más allá de ir a la escuela o colegio todos los días. Este regreso a clases implica una logística que incluye diferentes ambientes de la vida familiar: organización de uniformes, rutinas mañaneras, hábitos de estudio, una buena nutrición en los diferentes momentos del día y una comunicación eficiente entre las familias y el centro educativo.
Conscientes de la importancia de estos temas, La Nación realizó el foro Regreso a Clases: Familia y Trabajo en Armonía, que se transmitió este 26 de febrero en su canal de YouTube.
En él participación de cuatro expertos en áreas decisivas para un buen rendimiento escolar:
Francisco Herrera Morales, máster en Nutrición Humana y Líder de Mercadeo en Salud y Estrategia de Nuevos Productos de Dos Pinos.
Johanna Sibaja Molina, especialista en psicología educativa de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Esteban Oviedo Castillo, gerente de Office Depot de La Uruca.
Luis Diego Vega Cruz, coordinador de la carrera de Pedagogía en primero y segundo ciclos de la División de Educación Básica de la Universidad Nacional (UNA).
Usted puede repasar el foro completo en el siguiente enlace:
Importancia de una buena alimentación
Antes de llegar al centro educativo, el niño debe tener una buena alimentación que le permita concentrarse y estar atento en todas las lecciones, así como meriendas que le permitan acompañar su día.
“La alimentación nos dará los nutrientes, los componentes necesarios para mantenerse concentrados y jugar en los recreos. La alimentación debe ser balanceada, con grupos de alimentos variados durante todo el día”, destacó Herrera.
El profesional resaltó la importancia del desayuno. Argumentó que los menores vienen de muchas horas de ayuno después de al menos ocho horas de sueño, por lo que requieren de esa primera comida del día para el buen rendimiento. Aunque el tamaño de las porciones varía según la edad del menor, en lo ideal debería tener el aporte de las frutas, proteínas como el huevo y los frijoles y un lácteo que pueda brindar el calcio necesario.
“La glucosa les dará la energía necesaria. El hierro, el zinc y los folatos en estos alimentos ayudan a una mejor concentración y mejor desarrollo del aprendizaje”, precisó Francisco Herrera, quien hizo referencia a estudios europeos.
Además, la proteína de los alimentos de origen animal y de las leguminosas ayuda al desarrollo de músculos y huesos para poder correr y hacer las actividades tan necesarias en el día a día de los niños y adolescentes.
Luis Diego Vega, por su parte, es consciente de la importancia de la alimentación, porque lo ve a diario en las aulas.
“Los niños pasan hasta seis horas en el aula. Nosotros como educadores buscamos que esté activo en su desarrollo cognitivo. Tenemos que estar pendientes de si tienen las herramientas. Y la nutrición es trascendental”, destacó.
En este sentido, Herrera destacó la importancia de las meriendas, pero también reconoció que esto puede ser un estrés mayor para los padres.
El nutricionista recomendó la llamada “regla de tres”. El mencionó que hay tres grupos de alimentos, y que debe haber al menos dos de ellos en cada merienda.
- Alimentos energéticos. Que brindan energía sostenida durante el día para poder correr y estudiar. Ahí están los carbohidratos, como cereales integrales, o pan integral.
- Alimentos protectores. Entran las vitaminas, minerales y antioxidantes presentes en frutas y vegetales o grasas saludables de las semillas.
- Alimentos constructores. Las proteínas de origen animal, como carnes, huevo, o lácteos o de origen vegetal, como las leguminosas. Ayudan a formar mejor el organismo.
En este sentido, Herrera dijo que es necesario variar constantemente los alimentos. Sibaja añadió que no debe aceptarse que un niño rechace de buenas a primeras un platillo que no ha probado anteriormente.
“Empezamos entonces a limitar las experiencias alimenticias. Aunque de pronto no hayan probado, ponerles cosas diferentes, los chiquillos mismos se van compartiendo”, destacó.
Rendimiento estudiantil
Vega destacó que es necesario que las familias se vean como parte de un equipo que conforman con los educadores y trabajen juntos.
Johanna Sibaja coincidió, y recalcó la necesidad de que las familias estén abiertas a la escucha de lo que les cuentan los niños y jóvenes.
“A veces necesitamos demostrar interés en qué vieron y en lo que están experimentando, porque si no veremos el espacio educativo como algo ajeno en el día a día, y no recibiremos más que un ‘bien’, cuando les preguntemos que cómo les fue en la escuela o en el colegio”, señaló.
Vega recalcó que las familias son transcendentales en el proceso educativo, porque cada docente tiene al menos 25 estudiantes con diferentes necesidades.
“Deben establecerse los encuentros educativos. Esas reuniones de padres de familia son muy necesarias. Es necesario esa vinculación. Así se sabe si hay problemas”, recalcó.
Rutinas en casa
Sibaja insistió en que estos procesos son transitorios y que las familias deben estar preparadas para algunas dificultades al inicio.
“No podemos pretender que ya a las 5 a. m. el chiquito se levante y tome su desayuno, si no saber que esto va a ir paulatinamente mejorándose”, indicó.
También es necesario tomar en cuenta las diferencias de edad y en el desarrollo de cada miembro del hogar, y esto será necesario desde las rutinas mañaneras y las de estudio.
En esas rutinas, también es necesario que cada estudiante haga su tarea: “Si los padres le hacen la tarea al niño, no se verán los puntos de apoyo que se requieren.
El espacio necesario con los materiales necesarios
De vuelta en casa, Esteban Oviedo recalcó la importancia de tener espacios destinados al estudio. De la misma forma que el niño tiene en su escuela un lugar con su escritorio, sus cuadernos y libros, también debe tener un espacio en el hogar donde pueda contar con sus cuadernos, sus libros, su silla y una buena iluminación.
“El refuerzo en la casa es necesario. Y cada vez hay más variedad de artículos que permiten a los niños mantenerse motivados”, expresó el profesional. Esto también es importante: tener materiales en el hogar, por si ocurren olvidos.
“Todos hemos oído un ‘se me quedó la cartuchera en la escuela’. Hay implementos para todo tipo de economías”, afirmó.
Sibaja es de la misma opinión: “hay espacios, hay tiempos, hay materiales que, si se asocian al estudio, hacen que al niño o la niña les sea más fácil, saber que va a estudiar y que ahí tienen todos los materiales necesarios. Si no se tiene ese espacio, se van a levantar varias veces a buscar un lápiz y eso va a dificultarse”.
