
El médico, exministro de Salud, salubrista público, formador de profesionales de salud, escritor y premio Magón 2016, Juan Aramillo Antillón, falleció a sus 90 años.
El Hospital Calderón Guardia, donde fue jefe de Cirugía entre 1973 y 1998, confirmó la noticia en sus redes sociales.
Durante su vida, este vecino de Sabana fue médico, profesor universitario, formador e instructor de cirujanos, funcionario público, y autor de más de 40 libros sobre distintos temas. Ganó el premio Solón Núñez en 2010, otorgado a quienes destacan en la salud pública en Costa Rica. Y el premio Magón 2016, máximo galardón que otorga el Estado a costarricense por una vida de aportes a la ciencia y la cultura.
En entrevistas anteriores con La Nación, dijo que su título favorito era ser amigo de sus pacientes. Manifestaba que siempre procuró tomar en cuenta las angustias y sentimientos de las personas que atendía.

Impulsor de la salud pública que no quería ser médico
Cuando se anunció como ganador del Magón, La Nación le preguntó si la Medicina fue un sueño desde niño: “¡Nunca quise ser médico! ¡Dios guarde! ¡La profesión es durísima!”
“Yo quería ser arquitecto, pero en esos años en Costa Rica no existía la carrera de arquitectura. Busqué una beca para ir a Canadá, me fue muy bien en la parte gráfica, pero cuando llegué al inglés y al francés no me fue tan bien. Yo los entendía y los podía escribir, pero me costaba hablarlos”, relató en aquel entonces.
Sus padres lo enviaron entonces a estudiar Medicina a México. Le tomó tres años enamorarse de la carrera. El contacto con los pacientes terminó de convencerlo: “El estar cerca de la gente, comprender sus necesidades, saber que podía ayudarles, fue algo que no podía comparar con nada”.
Al regresar a Costa Rica comenzó a formarse en cirugía con el doctor Longino Soto Pacheco. Después fue el mismo Jaramillo el que formó a varias generaciones de médicos, cirujanos y especialistas en salud pública. Trabajó varios años en el Calderón Guardia y después fue de los primeros médicos del Hospital México. Al tiempo regresó al Calderón a capacitar a los nuevos cirujanos.
En pro de la salud pública

En 1982, Jaramillo asumió el reto de ser ministro de Salud en una época en que los recortes presupuestarios eran grandes. Se alió entonces con la CCSS y, en cada edificio que esta institución construía, el Ministerio ponía un puesto, y viceversa.
También impulsó la ley que financia los Cen-Cinai, para dar mayor apoyo a la nutrición, salud y formación de la primera infancia. Obligó a la inclusión de advertencias en las cajetillas de cigarrillos y licores, y desarrolló el primer formulario terapéutico nacional.
Sin embargo, uno de sus mayores retos fue la llegada del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) al país.
“En aquel entonces no se sabía nada del virus. En las noticias internacionales solo se hablaba de que estaba asociado a homosexuales. La gente en Costa Rica estaba temerosa. Personas no médicas habían hecho algunas publicaciones muy alarmistas sobre esta enfermedad. Recibíamos cartas de los ciudadanos pidiendo que los homosexuales no recibieran atención en salud, o que los encarceláramos por andar en la calle”, narró en 2017.
Agregó: “Pero después aparecieron mujeres infectadas, y ahí fue donde vimos que no era un asunto de si eran homosexuales, bisexuales, heterosexuales, era un asunto de que la gente no se cuidaba. Comenzamos a promover el condón, y me eché un pleito con las iglesias, que decían que era una inmundicia que yo hablara del preservativo”.
La escritura

Pese a tener 40 libros en su pluma, Jaramillo no se consideraba escritor, decía que era autodidacta y que la escritura era una forma de expresarse.
Hasta hace un par de semanas tenía una lista de distribución en correo electrónico donde enviaba reflexiones sobre la medicina, la salud y la sociedad.
Su vida fue reflejo de la reflexión que hizo cuando le fue otorgado el premio Magón.
“El campo de la ciencia es parte invaluable de la cultura y estas se complementan. Antes de cada escrito artístico estuvo la ciencia para crear el lenguaje y la escritura, y detrás de cada pintura, la ciencia aportó la materia prima; pero, a su vez, la cultura inspira a la creación científica”.
A Jaramillo le sobrevive su esposa Mabel Borges Muñoz, con quien tuvo cuatro hijos.
