
Minutos antes de acomodarse la banda presidencial en su hombro, Laura Fernández ondeó su puño derecho hacia arriba: su último gesto antes de convertirse en la presidenta de la República de Costa Rica. A su lado la imitaba, o viceversa, el mandatario saliente, Rodrigo Chaves.
Ambos jerarcas sonreían ante los miles de expectantes que ocuparon más de la mitad del Estadio Nacional durante el traspaso de poderes de este viernes 8 de mayo. Esparcidos en las graderías, portaban prendas turquesa y trajes enteros con los colores patrios, así como estampados que evocaban la piel de un jaguar.
“¡Sí se pudo, sí se pudo!” coreaban los simpatizantes del oficialismo al inicio del acto protocolario, el cual reunió a delegaciones internacionales como la del presidente de Israel, Isaac Herzog; el mandatario chileno, José Antonio Kast; y el rey de España, Felipe VI.
Bajo el sol abrasador de La Sabana, los dignatarios desfilaron frente a asistentes que se protegían con sombrillas; imagen que subrayó que al menos un tercio de las filas en gramilla estaban vacías. La situación se repitió en el sector sur, donde se observaban destellos de entusiastas, y solo las zonas cubiertas por sombra estaban llenas, aunque allí abundaban quejas de adultos mayores a los que les tomaba tiempo subir las gradas.
Trayecto similar fue el último que Chaves realizó como presidente de la República. Sobre la pista de atletismo, con la mano en alto y acompañado de una marching band que tocaba Violencia, caminó al lado de su esposa Signe Zeicate e Isabella, de 12 años, la hija de ambos.
La segunda mujer presidenta de Costa Rica
A eso del mediodía, Laura Fernández salió escoltada de su casa en Cartago con dirección al Estadio Nacional, vistiendo un set blanco ceñido en la cintura. Y, como ha acostumbrado desde que lanzó su candidatura presidencial por el Partido Pueblo Soberano (PPSO), llevó su cabello rubio recogido.

Tomada de la mano de su esposo, Jeffry Umaña, la mandataria desfiló al ritmo de la Canción dedicada a la Virgen de la Candelaria, patrona de su natal Esparza. La recibieron en la tarima el gobernante saliente y Yara Jiménez, la presidenta del Congreso, quien presidió la sesión solemne.
Tras juramentar a los vicepresidentes, Francisco Gamboa y Douglas Soto, así como a Fernández, la nueva presidenta no detuvo las lágrimas. Convertida en la mandataria número 50 de Costa Rica, aseguró que “encomendaría este nuevo gobierno a Dios”.
El respaldo de sus simpatizantes fue constante y firme, aunque ellos mismos nublaron con abucheos el inicio de su discurso, cuando saludó a la presidenta del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Eugenia Zamora, y a la contralora de la República, Marta Acosta. La misma reacción tenían cuando Claudia Dobles o José María Villalta entraban en pantalla, aunque fuesen segundos.
Las ovaciones no tardaron mucho en regresar, pues invitó al escenario al pastor evangélico Daniel Piedra y al sacerdote Sergio Valverde, quien figura habitualmente en actividades ligadas al oficialismo, para encabezar una oración por el periodo constitucional 2026-2030.

‘Qué Dios bendiga esta patria bendita’
Por alrededor de 30 minutos, Fernández sostuvo que Costa Rica se encuentra a las puertas de una “tercera república”, que no le teme al cambio y que reformará instituciones sin “destruir lo que funciona”.
“Lo que está en juego es el futuro de nuestra amada Costa Rica, en mí tendrán a una presidente que no va a aflojar y que apretará aún más para tener el país pujante, igualitario y lleno de oportunidades con el que soñamos todos nosotros y merecemos”, dijo.
El tono de sus palabras fue enérgico, a veces gritó, y no se reservó con los ademanes. La actitud agradó al público, que respondió ondeando las banderas tricolores que regalaban los miembros de la organización. Y en más de una ocasión, también alzaban esas gorras rojas que son más insignia de Donald Trump.
También aseguró que la “nueva forma” de ejercer la política consiste en ejecutar y rendir cuentas; sin tolerar la corrupción, el clientelismo ni el amiguismo. Entonces se encargó de juramentar a su equipo de trabajo, integrado en gran parte por jerarcas de la administración Chaves Robles que seguirán al frente de ministerios e instituciones públicas como parte de las apuestas a la continuidad.
Tras encabezar el primer Consejo de Gobierno y designar a Melisa Rugama como secretaria, procedió a firmar tres decretos ejecutivos; uno de ellos una medida para fijar en 360 días el año carcelario, que ya es señalado por expertos al ser posiblemente inconstitucional.

Fernández continuó delineando sus prioridades como la segunda mujer en ocupar la Presidencia de Costa Rica: garantizó que no atentará contra la división de poderes y advirtió que cada integrante de esos órganos deberá rendir cuentas por sus acciones. Entretanto, los espectadores seguían comprando pizza y churros en las graderías.
La Sabana, habituada a jornadas más caóticas, lució esta vez más vaciada. Y una vez que la voz de la presidenta dejó de escucharse en los parlantes, muchos asistentes abandonaron el estadio. Incluso Pilar Cisneros se apartó del estadio mientras todavía avanzaba la oración colectiva, según constató un equipo de La Nación.
Con la mano en el pecho
Semanas antes del traspaso de poderes, Laura Fernández firmó, con puño y letra, una invitación para el sector público. “Me entusiasma mucho que me acompañen en un día tan especial. En nuestras manos está el deber de construir una mejor Costa Rica”, escribió.
A ese llamado atendieron miles de funcionarios en su día de asueto, así como aquellos simpatizantes que viajaron desde los puntos más remotos del país para llenar el recinto josefino que no albergaba un traspaso de poderes desde la toma de posesión de Luis Guillermo Solís.
A lo mejor, ambos coincidieron en lo habitual de cualquier evento masivo en La Sabana: la venta de pañuelos, peluches de felinos y capas innecesarias.
Quienes compraban eran vecinos llegados de distintos puntos del país, en especial de Guanacaste, Puntarenas y Limón, así como decenas de estudiantes de colegios públicos que acudieron sin uniforme.
Quizá por las largas horas de viaje acumuladas, la mayoría de los asistentes abandonó el recinto antes de los conciertos programados para el cierre de la actividad. No llegaron a escuchar a Marfil tocando Represento ni a Tapón intentando animar al grupo etario que prefiere el bolero sobre el rap.
Otros no resistieron la duración del evento. La Cruz Roja atendió a 47 personas, varias afectadas por golpes de calor. Las altas temperaturas también provocaron reclamos por las extensas filas que debieron soportar para ingresar al estadio. Aun así, muchos terminaron conformes con las gaseosas, el té frío o el agua que se distribuían dentro y fuera del recinto, acompañados de una galleta o unas papas tostadas.
El traspaso de poderes de Rodrigo Chaves a Laura Fernández estuvo marcado por contrastes, con sus simpatizantes identificados de turquesa y algunos manifestantes bloqueando la ruta 32. Pero, tras la confrontación, quizás ambas partes puedan coincidir en lo que por décadas han recitado:
Noble patria, tu hermosa bandera
Expresión de tu vida nos da
Bajo el límpido azul de tu cielo
Blanca y pura descansa la paz
