
El presidente de la República, Daniel Oduber Quirós, empieza su día a las 6:15 a. m., con dos cucharadas de aceite de bacalao, un yogur, jugo de naranja pequeño, y dos tazas de café.
Salió a leer al aire libre con un kimono de judoka. A su disposición, los periódicos La Nación y Excelsior de ese día. Tomó La Nación, lee los titulares, marcó lo que pareció interesante.
Saltó a la página internacional, luego a los deportes y sucesos, y en seguida lee el editorial. Lo mismo hace con Excelsior. Pasó al Miami Herald del día anterior y después regresó a lo que había marcado en los dos periódicos anteriores.
Apuntó algunas cosas. Miró el reloj y a las 7:30 a. m. comenzó sus ejercicios: sentadillas, flexiones y brincar suiza. Trotó varios minutos y tomó otro baño.
Manifestó que le gusta nadar y pescar. “Por eso dejo atrás a muchos que tienen menos de los 54 años que yo tengo”, dijo.
A las 8: 15 a. m. entró en contacto con el mundo exterior. En su escritorio encendió la estación de radio, momento en que sonó el teléfono. Luego llamó a un ministro para darle una orden.
Sonó el teléfono rojo. Es el general Anastasio Somoza. “Sí general. Está cancelada esa reunión. Bueno, hasta luego”, dijo el presidente.
Tras consultar los apuntes que hizo cuando leyó los periódicos, llamó a la Casa Presidencial y dio indicaciones al vicepresidente Carlos Manuel Castillo.
Sobre sus hábitos nocturnos, aseguró: “Fumo y bebo, unos tres o cuatro tragos, pero en ocasiones especiales nada más”.
La curiosidad: Curso para panaderos
Se anunció el cierre del curso de panificación y pastelería, el cual fue considerado todo un éxito.

