
En 1974, un joven sordo, Rafael Eduardo Valverde, se impuso una tarea difícil: organizar una asociación capaz de atraer a muchachos carentes de audición, con el fin de que lucharan unidos por sus derechos mientras se organizaban actos culturales y deportivos.
Después de varios meses de lucha y papeleos en varios ministerios, nació la Asociación Deportiva Silenciosa de Costa Rica.
Esta ha sido reconocido por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, y está afiliada al Comité Interamericano de Deportes Silenciosos y al Comité Panamericano de Deportes Silenciosos.
“Uno de los objetivos que nos movieron a fundar la asociación fue el de demostrar que somos capaces de adaptarnos a la sociedad e integrarnos a ella. Con nuestra labor y nuestro trabajo diario damos respuesta a la incredulidad de la gente”, comunicó el joven Valverde.
Poco después de la fundación, empezaron a prepararse intensamente en diversas disciplinas deportivas, con el fin de participar en los primeros Juegos Deportivos Silenciosos Panamericanos.
Asistieron cuatro miembros de la asociación y uno de ellos, Gerardo Carrillo, ganó la medalla de oro en ajedrez.
“Actualmente estamos trabajando en la organización de una nueva entidad con fines educativos que se encargará de organizar cursos especiales para los socios adultos que nunca han tenido oportunidad de recibir lecciones en un centro especializado”, informó Valverde.
“Concebimos la educación y la cultura para sordos como parte del ejercicio más amplio de la libertad”, agregó.
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