Apenas había despuntado el día cuando Carlos Sánchez Ulate ya había encendido la ducha para alistarse y llegar a votar de primero en la Escuela Los Ángeles, en San Rafael de Heredia. No lo detuvo el frío que azota este distrito montañoso (en el que actualmente votan 5.300 personas), ni mucho menos que el canto de los gallos fueran tan puntuales como él.
Abrir las urnas no es novedad para don Carlos, de 92 años, quien acostumbra liderar las filas el día de las elecciones. Por eso madrugó a las 3:30 a. m.; ya que no piensa ceder este ritual “de la vieja escuela”.
“Votar es un deber. Porque si no, ¿qué va a decir uno si las cosas no caminan bien?“, dijo antes de ingresar a una junta por decimoctava, pues acude a las urnas desde 1958.
Al igual que están llamados a hacerlo los 3,7 millones de costarricenses, este 1.º de febrero, don Carlos depositó su papeleta a las 6:06 a. m. y se retiró en una escuela cuyos pasillos todavía están vacíos, pero que cada vez recibe más ciudadanos comprometidos con ejercer el voto.
