
El fenómeno El Niño dividió a Costa Rica en dos. A lo largo del Pacífico y en el Valle Central, se registran déficits de lluvias de hasta el -37%. Totalmente a la inversa, en el Caribe y gran parte de la zona norte más bien se contabilizan excesos de hasta el 42%.
La sequía golpea con fuerza Guanacaste, en el Pacífico norte, donde productores observan ríos con poco caudal, pastos que no se recuperan y pozos donde escasea el agua. Al otro lado del territorio, en Limón y Sarapiquí, las precipitaciones excesivas saturan los suelos complicando las actividades productivas.
Los efectos ya se sienten:
- Ganaderos ven reses morir o sufren para poder alimentarlas
- Agricultores encuentran plagas que dañan cosechas
- Pescadores notan que las especies comerciables se alejan más debido a la alta temperatura del océano y no pueden seguirlas
- 23 acueductos rurales aplican racionamientos de agua
El Instituto Meteorológico Nacional (IMN) declaró una sequía meteorológica para toda la vertiente del Pacífico, el Valle Central y la zona norte occidental, pero el panorama todavía puede cambiar. El Niño atraviesa una fase de intensidad muy fuerte, con temperaturas en el Pacífico ecuatorial que en agosto superaron las observadas en ese mismo mes de 1997 y 2015. Según el IMN, estas condiciones podrían mantenerse al menos hasta enero del 2027.
En unos lugares, el problema es conseguir suficiente agua. En otros, es trabajar una tierra saturada por las precipitaciones. La Nación habló con todos afectados para conocer sus perspectivas.
‘Estamos viviendo una crónica de una muerte anunciada’
En Guanacaste, setiembre suele ser sinónimo de lluvia. Es el momento en que los potreros deberían estar verdes, los ríos con mayor caudal y las fincas deberían acumular alimento para resistir los meses secos. Este año, el paisaje cambió.
José Chaves Ballestero, director ejecutivo de la Federación de Cámaras de Ganaderos de Guanacaste (FCGG), recuerda el 2015, otro año marcado por un fuerte episodio de El Niño. En el setiembre de aquel año todavía llovía en la provincia, pero el 2026 es diferente.
“Sabíamos que iba a ser muy duro, pero está siendo extremadamente fuerte la severidad del impacto, afirmó Chaves.

Después de una estación seca severa, las lluvias que llegaron en algunos momentos permitieron que creciera algo de pasto. Sin embargo, el ganado lo consumió antes de que las fincas lograran recuperarse.
Chaves agregó que hay quebradas secas, pozos con problemas y ríos cuyo caudal no corresponde con el esperado durante la época lluviosa. En algunos sectores de Guanacaste, la escasez ya afecta a los animales.
El representante ganadero mencionó muertes de reses en Carrillo, La Cruz, Bagaces, Liberia, Santa Cruz y Nicoya, que atribuyó principalmente a la falta de alimento.

Los productores necesitan guardar alimento para la estación seca, pero la producción de heno de medio año cayó entre 50% y 70%.
“Estamos viviendo una crónica de una muerte anunciada (..) Cuando tengo la alacena vacía en la casa y tengo que llevar comida de afuera, eso normalmente se hacía solo en verano, ahora se está teniendo que hacer en setiembre. El ganadero está teniendo que sacar recursos de su bolsa para poder llevar insumos o alimento para mantener su ganado”, relató Chaves.
Para otros productores, la solución fue reducir la cantidad de animales en sus fincas. Según el director, pequeños, medianos y grandes ganaderos vendieron hasta un 60% de sus reses y otros los vendieron todos para evitar que murieran por falta de alimento.
El deterioro de las condiciones también alcanzó la reproducción con abortos y muertes de vacas y crías durante la salida de la estación seca y parte de la época lluviosa.
Podría disminuir la producción de leche y carne
La preocupación ahora se concentra en lo que suceda entre diciembre y junio del 2027. El dirigente ganadero advirtió de que, si las fincas llegan a la estación seca sin recuperar sus reservas de agua y alimento, podrían aumentar las muertes de animales y disminuir la producción de carne y leche.
Golpe a los ciclos de siembra
La situación que describe Chaves no se limita a la ganadería. Guido Vargas, secretario general de la Unión de Pequeños Productores Agropecuarios Costarricenses (UPA Nacional), indicó que algunos agricultores no pudieron cumplir los ciclos de siembra previstos. Otros sí sembraron, pero la sequía, las altas temperaturas, las plagas y las enfermedades impidieron completar algunas cosechas o redujeron sus rendimientos.

El calor de El Niño también llega al mar: la pesca siente sus efectos
En las costas de Guanacaste, los efectos alcanzan a los pescadores artesanales por la baja disponibilidad de especies comerciales, una situación que se vuelve más compleja para las embarcaciones pequeñas que tienen menor capacidad para desplazarse lejos de la costa.
Martín Contreras, presidente de la Cámara de Pescadores de Guanacaste, explicó que especies comerciales como el pargo y la cabrilla tienden a alejarse de sus zonas habituales cuando aumenta la temperatura del agua. Seguirlas mar adentro no siempre resulta posible debido a las características de sus embarcaciones.
El impacto también alcanza el ingreso de las familias. Contreras relató que algunos pescadores buscaron otras fuentes de trabajo.
Cuando la lluvia no da tregua
En Sarapiquí, Guápiles y algunas zonas del Caribe, el problema comienza cuando la lluvia cae durante días y el suelo ya no tiene capacidad para recibir más agua. Los potreros se inundan, el pasto se deteriora y algunos productores deben buscar otras formas de alimentar al ganado. Allí, El Niño muestra una cara muy distinta a la que se observa en Guanacaste.
José Benavides, ganadero de la zona, aseguró que durante los últimos cuatro meses las precipitaciones resultaron particularmente intensas.
“Se ha muerto una cantidad que nunca se había visto de animales”, relató. Mencionó algunas reses murieron ahogadas y otras tienen problemas de alimentación. Incluso los llevaron a las calles para que buscaran qué comer ante la pérdida de pastos en las fincas por las inundaciones.
La abundancia de lluvia tampoco significa abundancia de alimento para el ganado. Con potreros afectados, los productores tuvieron que destinar dinero a comprar pacas para mantener a sus animales. Otros optaron por venderlos antes de tiempo o llevarlos a subastas porque ya no podían sostenerlos en sus propiedades.
“La gente sigue con su esperanza porque es su terreno, es su forma de vivir”, expresó el representante ganadero de Sarapiquí.
A unos kilómetros, en Guápiles de Pococí, Víctor Pérez Picón también conoce lo que significa intentar producir cuando hay exceso de agua. En Ganadería Río Costa Rica, su finca, las precipitaciones afectaron los potreros y obligaron a modificar el manejo del ganado.
El exceso de humedad modifica las condiciones diarias del ganado. Los animales pueden presentar problemas de piel y otras afectaciones de salud. Se exige más trabajo para drenar terrenos, mantener agua adecuada para el consumo y procurar espacios de resguardo.
Roberto Ledezma Zavala, ganadero de la zona de Fátima y comunidades cercanas a las llanuras del río San Juan, también afronta terrenos saturados. La acumulación de agua dificulta el tránsito y descanso del ganado. A esto se suman daños en puentes y caminos que complican el ingreso de suplementos desde otros lugares.
La situación llevó a algunos productores a vender parte de sus animales para sostener el resto del hato, según Ledezma. Con esos recursos compran concentrados y otros suplementos, cuyos precios también aumentaron ante una mayor demanda y mayores costos de transporte.
Paradójicamente, las fincas donde sobra agua también pueden terminar dependiendo de las regiones donde falta. Pérez explicó que productores del Caribe recurren a pacas de heno y otros suplementos que compran en el Pacífico. Si la sequía reduce la disponibilidad de esos productos, las consecuencias pueden trasladarse de una región a otra.
Asadas entre dos extremos: demasiada agua o fuentes que pierden caudal
El comportamiento irregular de las lluvias también mantiene en alerta a los acueductos comunales, que dependen de nacientes, pozos y captaciones para llevar agua a miles de hogares. En algunas regiones preocupa la reducción de los caudales. En otras, los aguaceros intensos pueden provocar erosión, deslizamientos y daños en la infraestructura.
En Bahía Ballena, Osa, la preocupación de la Asada no se limita a la disminución de las lluvias. Periodos con poca lluvia pueden dar paso a aguaceros que concentran en pocas horas el agua que normalmente caería durante varios días, explicó Carlos Ríos, administrador.
Esas lluvias intensas pueden causar erosión, deslizamientos y caída de árboles, con riesgo de afectar captaciones y tuberías ubicadas en zonas montañosas.
Emel Rodríguez Paniagua, vicepresidente de la Confederación Nacional de Federaciones, Ligas y Uniones de acueductos comunales (Conaflu), explicó que los acueductos comunales enfrentan condiciones muy diferentes según la región del país.
En sectores con exceso de precipitaciones, como Sarapiquí, las crecidas pueden dañar las captaciones de agua. Rodríguez explicó que estos sistemas suelen recuperarse después de que disminuye el nivel de los ríos y se reparan los daños. El escenario resulta distinto cuando una comunidad depende de un pozo o una naciente que pierde su caudal.
Guanacaste representa ese otro extremo. Según Rodríguez, 23 acueductos comunales ya aplicaban racionamientos y algunas comunidades tenían pozos secos. En esos lugares, el suministro comenzó a depender de cisternas, ayudas y distribución de agua.
La adaptación también representa un desafío económico para los acueductos comunales. El vicepresidente de Conaflu explicó que la perforación de pozos y la instalación de tanques requieren inversiones elevadas.
La inversión resulta especialmente difícil para las Asadas pequeñas. Ríos mencionó que construir tanques constituye uno de los componentes más caros de un acueducto. Además del tanque, necesitan adquirir un terreno amplio y ubicado estratégicamente para distribuir el agua por gravedad.
AyA y ESPH se preparan para los meses de menor lluvia
El Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) ya identifica efectos en sus fuentes de agua, cuyos caudales se encuentran por debajo de los niveles habituales para esta época del año.
El AyA obtiene el recurso de fuentes superficiales, subsuperficiales y subterráneas. La institución confirmó que algunas registran disminuciones.
Ante El Niño, el AyA señaló que dispone de 33 acciones estratégicas contempladas dentro de la estrategia nacional para enfrentar el fenómeno. La institución también indicó que aumentar el almacenamiento en tanques no constituye por sí solo una solución ante una eventual emergencia y que las medidas deben abarcar distintos frentes.

En Heredia, la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) también mantiene un monitoreo de sus fuentes y acueductos. La compañía activó una alerta verde y conformó un equipo multidisciplinario para seguir el comportamiento de El Niño y preparar medidas de contingencia.
Su sistema tiene una característica que puede darle margen de maniobra: la diversificación de las fuentes de abastecimiento.
José Quesada García, encargado del proceso de continuidad de negocio de la ESPH, explicó que la empresa opera los acueductos de Heredia, San Isidro y San Rafael. Cuando disminuye el aporte de una captación superficial, el sistema permite realizar maniobras y recurrir a pozos para compensar parte del faltante.
Por ahora, la ESPH considera que los efectos son controlables desde el punto de vista operativo.
Quesada explicó que frente a El Niño el desafío no consiste únicamente en disponer de tanques más grandes, sino en mantener suficiente caudal para abastecerlos y responder a la demanda de cada zona.
El consumo también puede aumentar durante los periodos secos y de altas temperaturas. En el caso del agua, las personas pueden bañarse más veces al día y utilizar una mayor cantidad del recurso. En electricidad, el uso más frecuente de aires acondicionados y otros dispositivos puede elevar el consumo y reflejarse en la factura.