
Nunca es tarde para alcanzar un sueño, podrían pensar los más positivos y bienintencionados, aunque como en todo, siempre hay dos caras de la moneda y están las personas que dicen que, a ciertas edades, nada va a lograr alguien que empiece a estudiar porque “ya no hay oportunidad de sacar una carrera”. A don Erasmo Arguedas Solano, de 90 años, y su esposa Fátima García Reyes, de 51, esos comentarios no los detienen y hoy van juntos a la escuela y al colegio.
“Hace poco me llevé una decepción, una persona me dijo que no podía creer que don Erasmo y yo estudiemos porque qué íbamos a lograr estando tan mayores, que a esta edad una profesión no la voy a agarrar. A esa persona le dije que no me interesan sus críticas”, confió Fátima, una nicaragüense que hace algunos años se propuso completar la primaria y que se siente muy realizada porque ya pasó al colegio: este 2026 cursa sétimo año.
Don Erasmo y doña Fátima estudian en el Cindea de Miramar, en Puntarenas. Van a clases de lunes a viernes en horario nocturno: de 6 p. m. a 10 p. m. Usualmente van caminando, pero cuando don Erasmo se cansa tratan de tomar un taxi.
La ilusión de ella por aprender y progresar en el estudio hizo que motivara a su esposo a estudiar. Así fue como a finales del año pasado, don Erasmo se unió a las clases y este año cursa sexto grado a los 90 años: en uno meses obtendrá su título de primaria, algo que emociona mucho a la pareja. Otra de las motivaciones del señor es pasar al colegio y así estar cerca de su esposa.
“Después de mis 15 (años), estoy volviendo a la escuela. Son 90 años los que tengo. Me siento tranquilo, contento, feliz, en paz, bendecido, con vida y salud. Solo Dios lo permite, no padezco de nada y vivo tranquilo. Lo que me gusta más es que lo tratan bien a uno y poder aprender de lo que no sé”, agregó el hombre, quien es el mayor de toda la escuela y el colegio, aparte de un alumno sobresaliente.
Fátima García resaltó que el año anterior la nota más baja de don Erasmo fue un 88 y que, en Matemáticas, sacó 95.
“Le va mejor que a mí”, mencionó doña Fátima. En su caso, y luego de que los docentes lo detectaran, ella ha recibiendo acompañamiento y adecuación en su proceso educativo. Nada limita sus aspiraciones.
La estudiante cree que su esposo, con quien suma 29 años de matrimonio, sí fue a la escuela antes, aunque no hay un título que lo confirme. Para ella, es muy gratificante que él esté estudiando porque, además de adquirir nuevos conocimientos, no lo deja solo en casa.

La vida escolar y tres sueños
Como don Erasmo y doña Fátima están en niveles diferentes, no reciben clases juntos. Entonces, aprovechan los recreos para ir a un parquecito cercano y allí compartir una merienda. Él asiste a clases utilizando su tradicional sombrero.
La colegiala dice que la mayoría de docentes los apoyan y que han lidiado con compañeros muy jóvenes que no son tan respetuosos, que se ríen mucho e inquietan a su esposo, aunque nada ha hecho que la pareja piense en dejar de ir a los salones de clase. Participan en todas las actividades e incluso fueron parte de una caminata organizada por el centro educativo.
“Aun estando en mis últimos días me gusta aprender. Me gusta aprender de lo sano y bueno para uno conocer muchas cosas”, dice don Erasmo, quien quiere seguir estudiando y si se le da la oportunidad terminar el colegio y estudiar una carrera.
Todavía no sabe qué estudiaría en la universidad, pero piensa que sería bueno elegir un área de estudio “que le favorezca”.
Doña Fátima va conquistando metas poco a poco. Ahora, su plan es esforzarse mucho para lograr su título de noveno año. Cuando eso pase, luchará por alcanzar el bachillerato en Educación Media y cuando se gradúe del colegio, no descarta la educación superior. Ella tiene muy claro que quiere estudiar Derecho.
“Lo que me gustaría ser es abogada, defensora de los adultos mayores y de la gente que no tiene cómo sobrevivir en este mundo, personas que son atormentadas y que sufren crueldades”, musitó García.
Además de sus metas educativas, la pareja también anhela tener una casa propia; aunque don Erasmo trabajó desde muy joven, explica doña Fátima, él nunca pudo cotizar porque, en apariencia, sus jefes no hacían los aportes patronales y cuando él quiso ordenar todo, le dijeron que el monto adeudado era muy grande y él pensó que no podía asumirlo.
“Hace tiempo soñamos con esa casita”, contaron.
Por ahora, continúan buscando posibilidades para poder conseguir la vivienda y a la vez se dedican al estudio, acción que tiene muy orgullosos a todos sus familiares. La pareja no tiene hijos en común; don Erasmo tiene cinco.
A doña Fátima la motiva, sobre todo, su mamá, una adulta mayor de 66 años.
“Mi mamá me tuvo de 15 años”, recordó. De inmediato agregó: “Ella siempre me dice que siga adelante, que el estudio es muy importante”.
Doña Fátima planea hacerlo, siempre, tomada de la mano de su esposo, con quien comparte la ilusión de ir a clases. Este sentimiento también busca transmitirlo a otros adultos mayores, a quienes motiva a intentarlo porque es lindo “soñar con una profesión” y sentir que con esfuerzo se pueden materializar sueños que antes parecían distantes.
“A la persona que me dijo que el estudio no era para mí por mi edad, y que ella no estudiaba inglés porque eso era para los jóvenes, yo le dije que no me conformo, que mi meta no está estancada. Yo no me conformé y ahora tengo mi diploma y don Erasmo pronto tendrá el de él”, aseguró doña Fátima.
Un ejemplo
Vivian Fuentes, orientadora del Cindea de Miramar, resaltó que el esfuerzo de esta pareja es un ejemplo y una fuente de admiración por las ganas de aprender y de siempre estar juntos.
