
Luis Manuel Chacón Jiménez, una de las figuras que participó en la creación de la Sala Constitucional de Costa Rica, en 1989, acudió este jueves a sus 91 años al plantón en la Plaza de la Democracia. “Aquí lo que se quiere es el control de los tribunales; si el país cae en manos de un solo grupo manejando todos los hilos, caeremos en una dictadura”, aseveró el empresario y exdiputado.
Siendo el último negociador vivo del proceso de creación del Tribunal Constitucional, Chacón explicó las razones que lo motivaron a asistir a la concentración: “Cuando hay una situación donde la patria peligra, no se puede ser observador (...) Los dictadores siguen hasta la muerte como nos dice la historia”.
Hace 37 años, como jefe de fracción del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), Luis Manuel Chacón participó en la búsqueda de los 38 votos necesarios para aprobar la reforma constitucional que dio paso a la Sala. Era una cifra inalcanzable sin una negociación entre el entonces oficialista Partido Liberación Nacional (PLN), que tenía 29 diputados, y la bancada de oposición del PUSC, que disponía de 25.
Chacón Jiménez negoció con Luis Paulino Mora Mora, quien era ministro de Justicia y Gracia y representante del gobierno de Óscar Arias Sánchez.
El acuerdo amarró los 38 votos que permitieron la elección de los primeros siete magistrados, mediante la aprobación de la Ley N.° 7128. De seguido, el tribunal inició funciones el 26 de setiembre de 1989.

Hoy, con la Sala Constitucional en el centro de un choque frontal con el gobierno de Laura Fernández —tras un fallo que prorrogó de forma temporal el nombramiento de los magistrados suplentes ante el bloqueo legislativo para nombrar reemplazos, y la posterior querella penal por presunto prevaricato contra cuatro magistrados—, Chacón Jiménez decidió salir del retiro para acudir este 6 de agosto al plantón.
— Usted negoció con Luis Paulino Mora Mora la primera integración de la Sala IV. ¿qué buscaban proteger u obtener ambos partidos entonces?
-Creíamos que era muy saludable que la Sala no tuviera dueño, que fuera una mayoría que podía instalar esa Sala con sus magistrados sin que fuera simplemente de un partido. En aquellos tiempos teníamos tremendo miedo, pero se sacó adelante el proyecto y se colocó como barrera el que se necesitaran 38 votos.
“En ese momento, no recuerdo por qué, el gobierno de Arias no quería poner a Rodolfo Piza Escalante. Dijimos: ‘Perfecto, entonces no ponemos a Luis Paulino Mora’. De inmediato cambiaron de opinión y se hizo así el tribunal con esas dos grandes personalidades que le dieron brillo desde el inicio”.
— 37 años después, ¿reconoce en el conflicto actual la desconfianza que enfrentaron en 1989 o es un fenómeno distinto?
-Es totalmente diferente. Aquí lo que se quiere es el control de los tribunales; si el país cae en manos de un solo grupo manejando todos los hilos, caeremos en una dictadura. Las dictaduras llegan poco a poco, pero son como agarrar un tigre por la cola. Una vez instituido, si usted suelta el tigre, se lo come.
“Los dictadores siguen hasta la muerte como nos dice la historia. Esto no es un problema ideológico de dónde queremos ir, es un asunto del control del poder para hacer otras cosas. Cuando uno analiza una cosa como la Ciudad Gobierno, esta se hubiera hecho hace años, pero no se hizo porque se buscó hacerla sin control alguno de la Contraloría; ese fue el único detalle que la detuvo. No sé si era bueno o malo hacerla, pero la ambición es poder hacer lo que sea sin interferencia”.
— Cuando se diseñó la Ley N.° 7128, ¿se previó un escenario donde la Asamblea no votara la nómina de magistrados suplentes o qué pasaría si el Congreso no actuaba?
-Eso nunca ni lo soñamos; en ningún momento se pensó que el Congreso renunciara a sus deberes. Por eso creo que la resolución que tomó la Sala IV el 30 de julio es correcta: la Sala IV está constituida correctamente y cumplió sus trámites; es que no puede haber división de poderes donde uno se le imponga a otro. Por eso es legítima su decisión.
— Diputados oficialistas dicen que la lista debía tener 24 aspirantes y no 18. ¿Le parece un obstáculo técnico válido o una lectura política del reglamento?
-Si hubiera mandado los 24, luego dirían que fueron mal inscritos. Olvídese, aquí hay un deseo de apoderarse de los tribunales de justicia del país, y eso es perder la democracia. Soy muy arriesgado con mis opiniones, pero recuerde que soy ingeniero civil y no abogado; pero le digo lo siguiente: la justicia tiene la obligación de llevarse adelante, los jueces no pueden paralizarse por un interés espurio en lograr apoderarse de esos estrados.
“Creo que lo que hizo la Sala IV es representarse a sí misma, que es la primera de las necesidades que tiene un tribunal: no puede perecer, tiene que vivir, y aquí lo querían ahogar”.

— ¿Qué diferencia ve entre disentir de un fallo constitucional —algo legítimo en democracia— y acusar por prevaricato a los magistrados firmantes?
-Eso es un desconocimiento de la ley, creo que no tiene ni pies ni cabeza. Este gobierno parece basarse en la persecución; usted lo siente en el tratamiento a la prensa, en los esfuerzos que hacen para cerrarle las puertas a la gente para trabajar. Parece una persecución feroz a quien no obedece lo que ellos quieren. Nunca visto en este país y hemos llegado a eso.
“Creo que ha existido culpa de los partidos políticos, pero pese a ello es injustificado, y se ha exacerbado el odio, la división entre las personas, y este gobierno y el pasado, animan eso por mantener una efervescencia, porque sin ella no serían nada”.
—Con 91 años, ¿por qué quiso ir a un plantón en la calle?
-Mire, uno debe aprender que, cuando debe morirse, debe morirse, y que cuando hay una situación donde la patria peligra, no se puede ser observador. Nadie con conciencia puede dejar de manifestarse; si no lo hacemos hoy, podríamos perder el chance de hacerlo algún día más adelante.
— ¿Y qué diría a quienes no vivieron la negociación de 1989 y dan por sentada la existencia de la Sala IV?
-Que la democracia se defiende día a día; dichosamente hemos tenido pocas ocasiones en que esto se ha dado, una defensa. Pero tenemos que hacerlo a diario, con solo un día de perderla la perdemos para siempre. Exhorto a los jóvenes porque esto es para ellos. Yo ya jugué, pero mis nietos y bisnietos no. Quiero para ellos las posibilidades de surgir, de tener éxitos y fracasos como yo las tuve, en un país donde me sienta orgulloso de esa patria. Y les reitero que si la perdemos una vez, la perdemos por siempre.
“Siento una enorme desazón en estos momentos porque veo la cosa muy difícil.
“Podríamos llegar a un cierre del Congreso y que la rodeen las fuerzas de la policía; y no existe una oposición capaz de responder a una situación como esa. Es mejor tener esa visión hacia adelante de qué puede pasar. Con esta gente todo puede pasar. Me había prometido no meterme en esto a esta edad, pero cambié de opinión porque las señales son alarmantes”.
