
“Juliana” (nombre ficticio para esta publicación) tiene un diagnóstico de discapacidad visual severa y está en remisión de un proceso de cáncer y también tiene problemas pulmonares. Asegura que su familia le dio la espalda y vive sola, porque sus padres ya fallecieron y sus hermanos no le hablan.
Durante los últimos años, esta josefina ha recibido una pensión del Régimen No Contributivo (RNC) de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), pero dada su condición de discapacidad y abandono también recibe subsidios del Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (Conapdis) para alimentación y pago de alquiler de un lugar para vivir.
De esta última recibía ¢240.000 que le permitían pagar un lugar donde vivir, que ya conocía y que estaba adaptado a sus necesidades.
Sin embargo, cuando el 6 de enero recibió su subsidio se percató de que era solo la cuarta parte: ¢60.000. Preguntó si era un error, y le dijeron que eso le correspondería de ahora en adelante. “Con esto que recibí no puedo pagar ni una cuartería”, expresó.
Su casero, afirmó, es una buena persona que no la echará a la calle, pero sabe que él también necesita ese dinero para subsistir.
Ese mismo día recibió otra noticia que le dio un poco de alivio, pero no remedia la situación: recibirá el subsidio hasta mayo, para tener tiempo de buscar otro sitio para vivir.
“Es lo mismo, porque no hay lugar donde pueda irme por ¢60.000 ¿debajo de cuál puente voy a meterme?“, se preguntó.
“Yo no tengo dónde irme, están dejando desamparados a los más vulnerables de todos”, subrayó.
El caso de Juliana no es el único. Muchas personas recibirán ese subsidio de ¢60.000 para cubrir sus necesidades de vivienda, pero algunos enfrentan situaciones peores.
La Nación conversó con una mujer de 44 años, vecina de Coronado, no vidente, con varias enfermedades y en condición de abandono, que recibía mensualmente ¢390.000 por concepto de alquiler de vivienda, alimentación, servicios públicos y medicamentos. El pasado 23 de diciembre la llamaron para decirle que marzo no recibirá más dinero del todo.
“Me dijeron ‘su última ayuda será el 15 de marzo’. Dijeron que yo estoy en condición vulnerabilidad sino de pobreza, ¿cómo no voy a estar en pobreza, si ni trabajar puedo? Yo solo recibo una pensión de ¢100.000 de la Caja (Costarricense de Seguro Social, CCSS), pero eso no le da a nadie para vivir", destacó la mujer.

‘Con ¢5.000 ni siquiera pago los pases’
El Conapdis hay otros subsidios que también están en vilo.
La Nación también conversó con un hombre de 55 años, vecino de San Carlos que perdió la vista hace ocho años como consecuencia de su diabetes. Esta enfermedad también lo hizo perder el talón, por lo que se encuentra en silla de ruedas.
Él tenía un subsidio que le permitía estudiar en el Instituto Hellen Keller, en San José. Allí aprendía a desenvolverse con su discapacidad y a adquirir un oficio.
Para ello, recibía ¢50.000 mensuales. Con este cambio, recibirá ¢5.000 mensuales, solo el 10% de lo que antes recibía.
“Con eso ni siquiera pago los pases, mucho menos un refresco. Será dejar de estudiar, no me va a alcanzar, no tengo cómo ir, por más que lo necesito mucho”, dijo.
Otra joven, de 33 años, también con ceguera y una enfermedad digestiva grave, seguirá recibiendo los ¢26.000 mensuales para pagar medicamentos que no obtiene en la seguridad social, pero se le avisó que no podrá optar por el subsidio para alimentos que estaba tramitando.
“Por mi enfermedad no puedo comer cualquier cosa, pero me dijeron que como vivo con mi mamá no se me puede dar. Mi mamá también está en pobreza y no puede hacerle frente a todas mis necesidades, por eso yo busqué el subsidio para mí”, dijo.
Conapdis responde: ‘tenemos más de 400 personas en lista de espera’
La Nación conversó con Bilbia González Ulate, directora ejecutiva del Conapdis.
Ella explicó que el programa Pobreza y Discapacidad tiene dos ejes: promoción y protección. En este sentido, las transferencias monetarias de programas sociales, los de Conapdis es de los que otorgan los montos más elevados, por el tipo de poblaciones en situación de vulnerabilidad que atienden.
Desde el año pasado se hizo una valoración pormenorizada para identificar cuáles eran los rubros dentro del programa que podían estar yendo más allá de las posibilidades de las posibilidades del Conapdis para atender la población. También se validó si los beneficiarios recibían apoyos de otras instituciones para evitar duplicidad.
“Los programas selectivos sociales no se constituyen un derecho perpetuo. Tienen como fin último dar una colaboración en la inclusión, en la estabilidad de las personas, para reinsertarse en la vida laboral o académica o que corresponda. Hay algunos casos en donde el beneficio será permanente, pero ya esos son muy pocos, y es ahí donde debemos tener una mejor administración para dar una mejor cobertura para los casos que no tienen otra opción”, destacó.
El objetivo con la readecuación es aumentar la cantidad de personas beneficiarias de estos programas y hacer más equitativo el uso de fondos públicos en la población con discapacidad, ya que se tienen al menos 400 personas en condiciones de discapacidad, pobreza y abandono que no han podido acceder a ningún beneficio.
“Se ha hecho una intervención de análisis efectivo de la distribución del recurso. Era necesario priorizar en los estándares o en los rangos de condición socioeconómica, para garantizar una distribución equitativa, con un mayor valor de justicia social. También era necesaria ampliar la cobertura”, expresó.
En los cambios también entró a regir la canasta derivada de la discapacidad, que suma a los beneficiarios del Estado una distribución equitativa.
González indicó que uno de los rubros que tuvo análisis para readecuación más significativa es el correspondiente al eje de vivienda en el programa de protección. Afirmó que hay personas que también reciben ayudas de otras instituciones para sufragar su vivienda o que tienen una pensión.
“No es que Conapdis tenga la obligación ineludible de cancelar el total de una solución de vivienda, además en el precio que la persona defina. Es lo que socialmente se pueda dar para apoyar la situación”, destacó.
Además, la directora recordó que este programa es para personas en abandono, pero en los últimos años han sacado a beneficiarios a los que se demostró tener una red familiar funcional que había sido evasiva de sus obligaciones con la persona con discapacidad.
¿Qué sucederá con los beneficiarios?
La directora recalcó que ninguna readecuación es inmediata; todas las readecuaciones entran a regir en abril, en el primer trimestre regirá el mismo monto.
El Conapdis ayudará ahora a un redireccionamiento a otras instituciones para valorar si pueden atenderlos, como el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS).
“El objetivo ahora es redireccionar a las instancias que deban atender estos rubros. El programa de Conapdis enfrenta solo necesidades derivadas de la discapacidad, y aquí hemos estado valorando otros aspectos como si la persona está en condición de abandono, pobreza o pobreza extrema”, destacó.
Las personas también pueden interponer un recurso de revocatoria con apelación al subsidio para una revaloración.
