El País

Catapultas de granos y tendederos: Café en Tarrazú (fotoensayo)

En casas de baldosa y lata –conectadas por mecates para tender ropa– se hospedan nicaragüenses que todos los años viajan a Tarrazú para la época alta de café. En diciembre, el fotógrafo Albert Marín convivió con los cogedores para retratar su espinosa brega.

Hay un televisor prendido en una de las colmenas unidas por tendederos a las que sus habitantes llaman “baches”, aunque no sean huecas. La luz de la pantalla se refleja en el brillo del rostro cansado de una familia de nicaragüenses que observa, atenta, el DVD quemado de una cinta mexicana. Aquí, en las noches, no existen las noticias, los programas ni las series de televisión...

El frío y la obligación de arrancar la jornada laboral a las 6 a. m. impedirá que esta sesión frente a la caja de colores y movimiento se extienda hasta tarde en la noche. Mañana habrá más café por recoger, y los “paisas” esperan ansiosos recibir sus ¢1.200 por cada cajuela recolectada.

La de Sergio Vargas es solo una de las muchas fincas en Tarrazú (en la Zona de los Santos) que reciben a decenas de nicas entre diciembre y febrero de cada año, listos para prestar sus manos para la época alta del café. Reconocido mundialmente por su café de altura, el cantón de Tarrazú tiene en el café a su producto de mayor importancia, con granos que a veces se han posicionado como los más caros del globo.

En la mañana, mientras los mayores de 15 se pierden en hileras de arbustos con frutos maduros, los niños de la comuna (hijos de algunos de los migrantes) juegan solos en medio de la montaña, sin supervisión alguna. Podrían lastimarse o escapar, pero en la noche volverán a estar frente al tele, con su familia, viendo alguna película mexicana que expele cualquier recuerdo de la vida bajo el sol y detrás del grano.

Tarrazú. Elvin José Guido (28) y Danelia Calero Borge (20) son esposos y vienen de Nueva Guinea de Nicaragua. Hace algunos años que vienen al país a recolectar café debido a la escazes de oportunidades de trabajo en su tierra natal. Ese día entre los dos recolectaron cuatro cajuelas por lo que recibieron el pago de ¢4.800.
Mientras en Estados Unidos, clientes han pagado más de ¢3.000 por una taza de café Geisha proveniente de Tarrazú, la pareja de Elvin Guido y Daniela Calero sonríe una noche de diciembre luego de juntar cuatro cajuelas entre ambos, para un salario compartido de ¢4.800. / FOTOGRAFÍA: ALBERT MARÍN

Tarrazú. Hijos de los recolectores de café deambulan fuera de los 'baches', como le dicen a las casas en las que viven durante los meses de temporada alta.
Hijos de los recolectores de café deambulan fuera de los "baches", como le dicen a las casas en las que viven durante los meses de temporada alta./ FOTOGRAFÍA: ALBERT MARÍN

Tarrazú. Cuatro trabajadores nicaraguenses que no brindaron su nombre suben un saco de tres cajuelas de café al cajón del camión que mide la cantidad de grano recolectado.
Cuatro trabajadores nicaraguenses que no brindaron su nombre suben un saco de tres cajuelas de café al cajón del camión que mide la cantidad de grano recolectado. / FOTOGRAFÍA: ALBERT MARÍN

Tarrazú. El fuerte aguacero que azotó el cafetal ese día obligó a los paisas a quitarse el calzado para entrar a las casas en las que viven durante la temporada alta de recolección de café.
El fuerte aguacero que azotó el cafetal ese día obligó a los paisas a quitarse el calzado para entrar a las casas en las que viven durante la temporada alta de recolección de café./ FOTOGRAFÍA: ALBERT MARÍN

Tarrazú. Evelyn Velásquez (der) y Evelyn Pastora, ambas de 5 años, aprovecharon los rayos de sol al caer la tarde para jugar en el patio lleno de barro ubicado al frente de sus casas.
Evelyn Velásquez y Evelyn Pastora, ambas de 5 años, aprovecharon los rayos de sol al caer la tarde para jugar en el patio lleno de barro ubicado al frente de sus casas./ FOTOGRAFÍA: ALBERT MARÍN

Tarrazú. En un patio central, los tendederos con la ropa empapada tras el aguacero sobre una tierra roja y resbaladiza anuncian la caída de la tarde y el fin de la brega de hoy.
En un patio central, los tendederos con la ropa empapada tras el aguacero sobre una tierra roja y resbaladiza anuncian la caída de la tarde y el fin de la brega de hoy./ FOTOGRAFÍA: ALBERT MARÍN

Tarrazú. Gilbert Ismael Velásquez (7) juega con sus juguetes sobre un saco de gangoche al lado del cafetal. A veces sus padres se internan en las plantaciones de café por horas y sus hijos se quedan solos a orillas del cafetal.
Gilbert Ismael Velásquez (7) juega con sus juguetes sobre un saco de gangoche al lado del cafetal. A veces sus padres se internan en las plantaciones de café por horas y sus hijos se quedan solos a orillas del cafetal. / FOTOGRAFÍA: ALBERT MARÍN

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