
Budapest, Hungría. El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, acusó a la Unión Europea este martes de “reprimir al pueblo húngaro” durante una visita a Budapest destinada a apoyar al primer ministro Viktor Orbán antes de los reñidos comicios legislativos del domingo.
Su visita se produce tras la del secretario de Estado, Marco Rubio, a mediados de febrero, cuando deseó “éxito” a su aliado húngaro, que enfrenta en las próximas elecciones su mayor desafío en sus 16 años en el poder.
“Quería enviar una señal a todo el mundo, especialmente a los burócratas de Bruselas, que han hecho todo lo que han podido para reprimir al pueblo de Hungría porque no les gusta el líder que, de hecho, se ha plantado por el pueblo de Hungría”, declaró JD Vance en Budapest durante una rueda de prensa.
“No le diré a los húngaros cómo votar”, agregó, y pidió que Bruselas haga lo mismo.
El vicepresidente, de 41 años, viajó junto a su esposa, Usha Vance. Dentro del gabinete de Trump, es uno de los más férreos defensores de los partidos de ultraderecha en Europa.
Antes de viajar, había dicho que en el encuentro con Orbán se tratarían “varios asuntos sobre la relación de Estados Unidos y Hungría”, así como sobre Europa, Ucrania y otros temas.
Orbán se enfrenta el domingo a unas elecciones parlamentarias que serán claves para su permanencia al frente del país, luego de 16 años en el cargo. Trump ha dicho que el húngaro es “un líder fuerte y poderoso”.
Las encuestas de institutos independientes pronostican una victoria aplastante para el partido Tisza del conservador proeuropeo Peter Magyar, que en menos de dos años ha logrado construir un movimiento de oposición capaz de cuestionar la hegemonía del dirigente húngaro.
Las instituciones progubernamentales, por su parte, dan como ganadora a la coalición Fidesz-KDNP de Orbán, de 62 años.

Viktor Orbán contra las cuerdas
Hungría celebra el domingo unas elecciones legislativas que tendrán un insólito seguimiento a nivel internacional: por primera vez desde su llegada al poder en 2010, el primer ministro nacionalista, Viktor Orbán, no parte como favorito.
Aunque el país que gobierna sea pequeño (9,5 millones de habitantes), Orbán es una referencia en la ultraderecha internacional, tanto dentro como fuera de Europa.
Se ha dado a conocer como un firme opositor a la inmigración, a los derechos LGBTQ y al continuo apoyo de los occidentales a Ucrania en su guerra contra Rusia; asuntos por los que este crítico con la UE, afín a China y Rusia, se ha enfrentado en varias ocasiones con Bruselas.
En el extranjero, el nacionalista de 62 años sigue contando con apoyos como los de la administración estadounidense de Donald Trump o dirigentes latinoamericanos como el argentino Javier Milei y el chileno José Antonio Kast.
A Milei lo recibió en marzo en Budapest y con Kast se entrevistó en febrero, antes de que asumiera la presidencia de Chile.
Orbán arremetió reiteradamente contra Ucrania durante la campaña, y sigue bloqueando un préstamo europeo a Kiev de 90.000 millones de euros, lo que el jefe del gobierno alemán, Friedrich Merz, calificó de “acto flagrante de deslealtad”.
El argumento de Budapest viene del lado de la energía: el país dejó de recibir petróleo ruso a través de un oleoducto que atraviesa la vecina Ucrania, y que resultó dañado por los bombardeos de Moscú. El gobierno húngaro acusa al ucraniano de estar tardando adrede en repararlo.

En los últimos cuatro años, la popularidad de Orbán se ha deteriorado por el estancamiento económico y una serie de escándalos.
La novedad de esta campaña es que no logró dictar los temas de debate, ante una oposición “muy eficaz que ha obligado al complaciente partido gobernante y a su líder a competir y a defenderse”, destaca en una conversación con AFP el analista político Peter Farkas Zarug.
Peter Magyar, un exaliado de Orbán que ambiciona una amplia mayoría parlamentaria, promete en caso de victoria “un cambio de sistema”: luchar contra la corrupción, mejorar los servicios públicos, rescatar la calidad democrática de las instituciones.
Para ello, el político opositor de 45 años eligió como lema la consigna histórica de los revolucionarios húngaros: “Ahora o nunca”.
