
Caracas, Venezuela. El inicio de la ofensiva contra Irán y el bloqueo en el estrecho de Ormuz —por donde transita el 20 por ciento del crudo mundial— genera temor en los mercados. Para Venezuela, este escenario representa una moneda de dos caras: una oportunidad de ingresos extraordinarios y un riesgo logístico sistémico.
En las últimas 48 horas, el crudo Brent ha escalado hasta los 80 dólares, mientras que el WTI ronda los 84 dólares. Sin embargo, las proyecciones de JP Morgan y Citi indican que, de prolongarse el bloqueo, el barril superará la barrera de los 100 dólares e incluso podría alcanzar los 120 dólares.
El crudo venezolano (Merey 16), que suele venderse con descuento, vería una revalorización inmediata. Cada dólar que sube el precio del barril representa cientos de millones de dólares adicionales para el flujo de caja del Estado.

El economista y profesor universitario Hermes Pérez explica que un alza de 10 dólares por barril a lo largo de 2026 significaría “ingresos adicionales por exportaciones petroleras en torno a los 4.000 millones adicionales (...) Lo descrito es muy beneficioso para Venezuela”, escribió en su cuenta de X.
Sin embargo, esto también genera problemas para la mayoría del mundo no petrolero, recalca Pérez.
La Faja del Orinoco recupera valor estratégico
Con el Golfo Pérsico bajo fuego, las refinerías en Estados Unidos y Asia buscan crudo pesado que no tenga que cruzar zonas de guerra.
Los expertos en Venezuela creen que, al estar fuera del radio de conflicto, el crudo de la Faja del Orinoco recupera un valor estratégico que no tenía desde hace una década. Esto otorga al gobierno una posición de fuerza para negociar licencias más flexibles con Washington, que necesita desesperadamente estabilizar los precios internos antes de las elecciones de noviembre.
De hecho, la tarde de este martes Petróleos de Venezuela publicó un comunicado en el que informaba sobre nuevos contratos de suministro al mercado estadounidense.
Aunque no daba detalles de lo firmado, se indicaba en el documento que la estatal había “suscrito contratos de suministro con las empresas comercializadoras de petróleo y derivados destinados al mercado de los Estados Unidos, manteniendo así su histórica relación comercial para garantizar el suministro”.
También se lee en el texto que “Venezuela reitera su compromiso con la estabilidad del mercado energético internacional y se afirma como proveedor confiable, contribuyendo al equilibrio necesario para garantizar la seguridad energética global”.
De problema político a reserva de seguridad
Bajo la óptica de la actual Casa Blanca, Venezuela ya no es vista solo como un problema político regional, sino como una reserva de seguridad frente a Irán. En un escenario de guerra abierta con Irán, el mercado perdería millones de barriles diarios. Aunque la producción venezolana actual (cercana a los 900.000 bpd) es pequeña comparada con el Golfo Pérsico, su potencial de recuperación con inversión estadounidense es masivo.

Y de eso se ha asegurado EE. UU., que hace unas semanas envió a Caracas a su secretario de Energía, Chris Wright. Se reunió con Delcy Rodríguez y visitó campos petroleros.
El “ataque” o presión sobre el sistema anterior en Venezuela, que culminó con la captura de Maduro el pasado 3 de enero, puede interpretarse como una primera fase de un plan mayor: asegurar el flanco energético occidental antes de ir tras Irán.
Y es que, a diferencia del crudo iraní, el venezolano solo tiene que cruzar el Caribe para llegar a las refinerías de la Costa del Golfo en EE. UU., evitando puntos críticos como Ormuz o el mar Rojo.
Tanto Caracas como Washington parecen estar alineados en ese aspecto. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, sostuvo en una entrevista concedida el lunes a un periodista local que Venezuela ha sido históricamente el proveedor de petróleo más confiable para Estados Unidos.
Rodríguez defendió la cooperación bilateral, la cual ocurre en medio del alivio de sanciones y negociaciones energéticas entre Caracas y Washington.
“Venezuela siempre ha sido el proveedor más confiable de petróleo de los Estados Unidos de América”, dijo Rodríguez, añadiendo que hay “un inmenso interés de recuperar esos acuerdos de cooperación energética” y que ese proceso “va aceleradamente desarrollándose en el territorio nacional”.
